Despedida a una periodista incisiva y rebelde

El miércoles pasado murió la periodista Sylvina Walger a los 71 años. Falleció en el hospital Ramos Mejía a causa de un cáncer de pulmón contra el cual luchó los últimos 15 años. Trabajó en múltiples publicaciones pero será recordada por su libro “Pizza con champagne”, el best seller que fue una de las mejores descripciones de la cultura menemista y de los años 90.Walger fue una periodista incisiva, culta, rebelde y contestaria. Socióloga, egresada de la Universidad de Buenos Aires, hablaba un francés exquisito y tenía ductilidad para escribir tanto historias del corazón, como su recordada crónica de la duquesa de Alba y su libro sobre Susana Giménez, como grandes reportajes a intelectuales de la estatura de Alain Touraine o Roland Barthes. Siempre, con un humor ácido.Sylvina Walger, su último libro fue sobre Cristina Kirchner.Era hija de María Luisa Anastasi de Walger, que fue, cuando la designaron en 1957, la primera jueza civil de la Argentina. La relación con su madre marcó a Sylvina. Su padre, León, un próspero empresario le garantizó una infancia y juventud con las costumbres de la clase alta que ella describió, En esos años vivió en Palermo Chico y se educó en el colegio La Asunción.Perteneció a la generación de los años 70 y fue miembro de la organización Montonera, aunque nunca participó de ninguna acción armada, según aseguraba. Y luego criticó con dureza el accionar de la guerrilla.Era amiga de “Sardinita” Galimberti, como llamaba con desparpajo a Rodolfo Galimberti. Y en 1976 partió al exilio en Madrid. Allá se volcó al periodismo como una manera de “olvidar esos años de horror y locura”, contaría después. Era coqueta. Y amaba discutir con los jóvenes.Su último libro fue sobre Cristina Kirchner, “una caprichosa obsesionada con el poder”, la describió. La premiaron en España en 2012 y allí sintetizó sobre el kirchnerismo: “En Argentina hay una autocracia populista y autoritaria”.En los últimos meses, huérfana y sin ahorros, Sylvina pasó sus días en una residencia para ancianos del Pami. Sus compañeros se deleitaban con sus anécdotas y fueron su soporte durante los días que pasó internada.

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