Elecciones, educación y un debate necesario

En tiempos electorales se hace difícil debatir en profundidad los temas que en verdad importan. Tal es el caso de la educación. Sin embargo, es precisamente en estos tiempos que tenemos que plantear nuestras preocupaciones más profundas para que el electorado pueda tomar decisiones más allá del marketing, los spots llamativos y emocionales.Están sucediendo cosas graves en el área educativa. Además de las falencias que todos conocemos (sueldos, deficiencias en infraestructura, vacantes, inconsistencia en la formación docente, etcétera). Por ejemplo, en el nivel secundario se está incubando la llamada secundaria del futuro, que podría conllevar un retroceso enorme en la calidad de la educación, bajo la difusa excusa de la innovación pedagógica.Dos años atrás, comenzó a implementarse la Nueva Escuela Secundaria (NES), con el objetivo de provocar un cambio de rumbo “modernizador” en el nivel medio. Los cambios fueron decididos por el Ministerio. Las instituciones, los docentes, los alumnos y las familias hicieron su parte en aquel momento. Redefinieron sus proyectos, se capacitaron, se reorganizaron las orientaciones; en una palabra, tanto en el ámbito público como el privado las instituciones tuvieron que recrearse.A pesar de todo ello, cuando aún no contamos con una promoción de alumnos formados en la NES, cuando no conocemos una evaluación seria de su impacto, cuando no evaluamos sus virtudes o sus defectos, cuando aún hay escuelas que no tienen ni siquiera aprobadas sus propuestas pedagógicas, cuando no se han llevado a cabo las reformas de infraestructura para la demanda espacial de la nueva configuración curricular; la aparente irrupción de una “secundaria del futuro” viene a dar un paso más en la confusión que envuelve a la formación media.En el discurso oficial se repite que se deben imitar los modelos de los países que demuestran estándares elevados en las evaluaciones internacionales. Sin embargo, la primera premisa que debemos atender, si queremos realmente encarar una transformación seria de la educación, es que no se puede trasplantar una experiencia exitosa prescindiendo de su contexto histórico, cultural, social, económico y político.Desde dicha perspectiva, por ejemplo, es significativo que en el borrador del Plan Maestro para la educación, presentado en el marco del conflicto por paritarias al inicio del ciclo lectivo por el Presidente de la Nación se indique: “Es una prioridad imperiosa el trabajo en un nuevo modelo de escuela secundaria (…) que tenga la información y datos estadísticos como base de toda política educativa”Esta sentencia nos muestra con claridad la esencia de una visión muy corta respecto de qué es lo que debe definir una política educativa. Pretender que la información y los datos pueden ser la base para la definición de un modelo educativo es, por decirlo con suavidad, insuficiente. Es confundir el diagnóstico con el proyecto. Es precisamente ese proyecto integral lo que tenemos como deuda. Ese es el debate que está pendiente.Nuestra ciudad no cuenta ni siquiera con una ley de educación que le dé un sentido a la trayectoria escolar de nuestros niños y jóvenes a través de los diferentes niveles de enseñanza. Por el contrario, el PRO se ha negado sistemáticamente a discutir una ley de educación para la Ciudad. No es la superposición de parches o experimentos lo que necesitamos. Es hora de discutir en serio.

El autor es legislador porteño. Presidente del bloque Mejor Ciudad. Integra el interbloque Evolución.

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