La familia que te toca

Lo cierto es que venimos al mundo y “caemos” en una familia, la que nos toca. No la elegimos. Por supuesto que puede ser que, en el mejor de los casos, esos padres sí hayan elegido y deseado tenernos. Pero sabemos: a veces no la novela no comienza así, pero luego, finalmente, nos eligen y aman.Lo cierto es que llegamos a esa tribu y puede ocurrir que nuestros padres sean personas apagadas, sin pasiones, con poca capacidad de disfrutar de la vida, de reír, de gozar del hecho de existir en el mundo.Y sí: eso produce huellas que nos marcan. Y cuando se viene de hogares así a veces la vida adulta se pone difícil, y nos cuesta disfrutar y salir de eso que respiramos cuando éramos niños. Por supuesto que nos puede tocar un hogar vital y con bueno modelos, en definitiva la vida tiene algo de azar, de suerte, y luego uno hace lo que puede con lo que le toca vivir.Pero bueno, cuando lo que nos toca es algo no muy bueno en el territorio de la familia que nos recibe, eso tiene consecuencias en la vida adulta, todas remediables, pero a veces la vida se hace más cuesta arriba. Y sobre todo al momento de intentar armar algo diferente en el mundo del amor: los modelos primarios que observamos y vivimos, el ambiente respirado en la primera infancia, a veces no condiciona.Justamente el arte es poder trabajar ese pasado, y crear: para armar un buen amor tenemos que crear algo diferente a lo vivido, y eso es mucho trabajo personal. Solo así vamos a sentir que pudimos armar un camino propio, ese es el gran desafío de la vida, dar vuelta nuestra historia en algunos aspectos y tomar otros también, claro.

Por Gervasio Díaz Castelli

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