“¿Las madres pueden hacer que me echen del colegio?”: el miedo de un chico con Asperger

“La verdad, me siento decepcionado por esta triste noticia. Para algunos que no sabían de mí, sufro también de Asperger y me siento decepcionado por esto”. Quien habla es Martín, un chico de 16 años que vive en Ituzaingó y se solidarizó con el caso que escandalizó al país. En su cuenta de Instagram se refirió al nene con síndrome de Asperger que cambiaron de curso en el Instituto “San Antonio” de Merlo y las madres de los compañeros festejaron vía WhatsApp.Posteo en Facebook de un chico con síndrome de asperger.”Creo que perdí mi fe en la humanidad” fue la frase más movilizante del posteo de Martín. “Sólo sé que es una falta de respeto y una gran decepción para la comunidad”, continuó el chico, que concluyó el mensaje con emojis de llanto y el hashtag #noaladiscriminacion.En diálogo con Clarín, el adolescente dio más detalles. “Me enojé porque lo que hicieron fue una falta de respeto”, dijo Martín. “A mí en el colegio no me hicieron ningún daño, pero a este nene sí. En el colegio no le hicieron una buena educación, no lo ayudaron”, agregó. Mirá también Las madres del chat “son un reflejo de época, no un caso aislado”Ante la consulta de por qué dijo que “perdió la fe en la humanidad”, respondió que “pensé que le darían una oportunidad, pero ahora pienso que toda esa gente no tiene los pies sobre la tierra”. Y remató: “Lo que hicieron las señoras no me parece lo correcto. Están discriminando. Si una de ellas está embarazada y tiene un hijo con Asperger o con síndrome de Down, ¿qué va a hacer?”, consultó sobre las madres que festejaron en WhatsApp. Su mamá Karina Acosta, tuvo una mezcla de tristeza y admiración. “Leer esto me puso muy triste”, escribió en Facebook. “Un día un médico me dijo que mi hijo iba ser incapaz de mirarme, de responderme, de sentir empatía por el otro. Este fin de semana me tocó hablarle, explicarle cómo funciona el mundo. Al final lo consolé y me dijo: ‘¿Y si le decís a esa mamá que traiga al niño a mi colegio?'”, contó.Martín muestra sus habilidades para el dibujo.”Hasta los médicos se equivocan. Ser aspi es mucho más que un diagnóstico. Ellos pueden sentir a veces más empatía que la que sintieron esas madres que celebraron ante el cambio de curso del niño. Tremendo”, agregó la mujer.Karina contó a Clarín que su hijo publicó el mensaje por su cuenta porque usa las redes sociales, como cualquier otro chico, aunque su perfil de Instagram está cerrado al público. “Él me preguntaba: ‘¿Las madres pueden hacer que me echen del colegio?´ Yo le dije que no, que se quede tranquilo. Después me mostró lo que escribió. Me quedé impactada. Estuvo toda la tarde deprimido, le costó entender que no es el caso de él, que no es su situación. Ellos suelen tener empatía”, continuó.”Tengo las mismas actitudes que cualquier chico”, dice Martín, fanático del rock y los recitales.Martín cursa el 4° año en la Nueva Escuela Evangélica Ricardo Zanino, en Ituzaingó. Es el único alumno con una condición especial de su clase. “Siempre le adaptaron todo a él. Si cambiaban de lugar una silla, él ya no puede entrar. Si la maestra no viene, no entiende por qué”, explica la madre. Al principio tenía personal no docente terapéutico que lo acompañaba, pero con el tiempo lo fue dejando. Ahora va a una maestra integradora una vez por semana. Mirá también El colegio de Merlo ofreció una solución “a medias” para el chico con AspergerConsultada sobre si sufrieron discriminación, Karina responde que “hemos vivido situaciones”. Por ejemplo, es difícil viajar en colectivo: a Martín lo miran mal porque dice “me quiero sentar, me quiero sentar, me quiero sentar” o porque al mostrarle el carnet de discapacidad al colectivero “te pone cara, porque el nene no camina raro, ni le chorrea la baba”. Y la culpa siempre se la echan a los padres: “Creen que los nenes no tienen límites”, sostiene.Frente del Colegio San Antonio en San Antonio de Padua, donde un chico con síndrome de Asperger fue cambiado de curso (Luciano Thieberger).En la escuela también tuvo problemas. “En 5° grado un nene le pegaba a mi hijo, y mi hijo sabía que no tenía que pegar. Además, cuando entran chicos nuevos vivimos conflictos porque no entienden la situación. El trabajo fino de los padres es explicarle que los compañeros se van a reír, por ejemplo, de su tartamudez”, explica Karina. Y asegura: “Mi hijo tiene la conciencia de que es diferente, sabe de su condición. Y hace todo por encajar en el grupo”. Mirá también Seis de cada 10 chicos con discapacidad aún estudian en escuelas especialesSobre lo ocurrido en Merlo, Karina se enfurece por “la celebración de las madres”. Dice que en esa escuela “falló todo el sistema” y que “falta que las instituciones se adapten, que aprendan”. Ella también sufre la falta de solidaridad. A Martín las mamás de los compañeros no lo invitaban a sus casas, porque les abría la heladera, les decía que el lugar olía mal, o veía a una mujer y gritaba: “¡Tiene bigote!”. “Estos chicos son muy sinceros”, argumenta. Como cierre, da un consejo válido para cualquiera que tenga hijos en edad escolar: “A los chicos hay que hablarles desde chicos. Tienen que saber que hay otros que son diferentes”.

Fuente