El teatro como una forma de creer

Una obra no comienza de cero. Cada vez que un artista pinta, actúa, escribe o compone una canción operan sobre él una red de signos y significados que determinan su creación, incluso aquellas que parecen las más inconscientes. “Cada exposición contiene el resumen de otra”, escribió Nicolás Bourriaud en su libro Postproducción y elaboró en él una de las teorías sobre el arte contemporáneo más vigentes en la actualidad.Los ejemplos abundan y el que sucede los fines de semana en una capilla del Centro Cultural Recoleta es explícito y contundente. El director Lisandro Rodríguez estrenó allí Dios, una obra que tiene como punto de partida lo que sucedió en 2004 en ese mismo lugar cuando el artista plástico León Ferrari presentó su retrospectiva y fue víctima de ataques y censuras por grupos religiosos y políticos que calificaron de “blasfemia” la muestra. En aquel momento, Ferrari exhibió cerca de 400 piezas, entre ellas famosas esculturas como un Cristo crucificado a un bombardero estadounidense. En aquel contexto, fue el cardenal Jorge Bergoglio (desde 2013, papa) el referente oficial de la Iglesia que cuestionó la muestra y a las autoridades que permitían su exhibición.Desde este lugar, 13 años después, cobra sentido lo que presenta Lisandro Rodríguez. Su obra recrea una misa y sobre el escenario comienzan a desplegarse cuadros, esculturas y se arma en vivo una figura del Papa, como si fuera un santuario o una exposición, que el público puede recorrer arriba del escenario. El contenido está cargado del peso simbólico de los objetos y de la historia. Las primeras palabras que se escuchan son el comunicado textual que publicó Bergoglio en 2004 sobre la muestra de Ferrari. Luego habrá una ceremonia, un coro cantará las canciones más populares de la fe cristiana y un cura, interpretado por Horacio Banega, dará su homilía y leerá fragmentos de la Biblia, párrafos que refieren a un pensamiento misógino, machista y violento. En este espectáculo no hay acción dramática, lo que sucede es un despliegue de sentido de manera performática.Dios es una obra que, para las artes plásticas, puede ubicarse en el concepto de site-specific, es decir, un trabajo artístico diseñado para una locación en particular. Es imposible pensar esta puesta fuera del contexto simbólico que tiene el espacio, tanto como institución pública que programa obras con fondos del Estado –un aspecto que Rodríguez hace explícito, ya que publica en el programa de mano el dinero que ganó en un concurso público para producir el espectáculo– y el pasado histórico.La referencia al mundo visual es incluso más amplia: la puesta es profundamente multidisciplinaria. Uno de los responsables de crear las esculturas, abrir cajas y montar los objetos en plena representación es el reconocido escenógrafo Norberto Laino, los actores interactúan con el público y representan los rituales de la misa, la iluminación diseñada por Matías Sendón expone a espectadores de la misma manera que lo hace con la escena, como si todos formaran parte de lo mismo. Los signos del artificio teatral son exhibidos.En su teoría sobre la postproducción, Bourriaud sostiene que la obra ya no es el resultado de un proceso, sino un portal que navega en una red de signos y se apropia y habita otras obras del patrimonio mundial. Todos estos elementos dialogan de forma explícita en Dios, que establece relaciones con el contexto político, la violencia de género y las muertes producidas por abortos. Dice Rodríguez: “Son temas de los que no se habla. Ni la Iglesia, ni el Estado ni los medios. La Iglesia es una corporación que opera en las conciencias de Occidente. Para mí el mundo es esto. Soy un escéptico que busca un guiño con el otro. Hacer teatro es mi forma de creer”.

Fuente