Escuelas primarias: de qué forma y en qué medida abordar la actualidad en el aula

¡Te digo que se suicidó!, le gritó Santiago. Y Camila le contesta que cómo un hombre que estaba con lo de la AMIA hacía años se iba a matar de repente. Entonces me meto y les digo que lo de Nisman y las chicas de la trata no tiene nada que ver con Maldonado”.La nena que habla tiene once años y se llama Jazmín. Evoca la escena de esa mañana junto a las aulas de sexto grado en su escuela pública porteña. Uno los imagina y no hay caso: son los hijos de la grieta. Igual, las abuelas insisten con eso de que “los chicos de ahora vienen más vivos que antes”. Seguro tienen razón.Serán las redes sociales y la saturación de los medios. Pero lo cierto es que surgió un debate caliente que enfrenta a los protagonistas de la educación argentina: ¿En qué medida (y de qué manera) es razonable que llegue a las aulas esa maraña de acontecimientos, datos y relatos que constituyen esto tan complejo que llamamos realidad? “En la escuela primaria debe haber acuerdos públicos de lo que se habla. No veo mal que en la ronda matutina los chicos recuperen lo que escucharon, lo que ven. Pero la escuela no debe perder el libre pensamiento, y debe dar dos o tres miradas sobre un mismo tema. Igual, lo de Maldonado creo que fue más fuerte para los padres que para los chicos”. Las palabras son de Gustavo Iaies, experto en educación, docente y director de la Escuela de Gestión Educativa del instituto universitario ESEADE. Seguí leyendo ¿Puede el Big Data salvar vidas? Por Silvina Heguy A 70 años del voto femenino, por qué se estancó la llegada de las mujeres al Congreso y al poder Por Irene Hartmann Para seguirlo, mejor repasar algunos hechos. El 1 de septiembre, cuando se cumplía un mes de la desaparición del joven Santiago Maldonado en Chubut (causa caratulada como “desaparición forzada”), el gremio docente Ctera hizo circular en las escuelas un cuadernillo titulado Santiago Maldonado detenido desaparecido – orientaciones didácticas para el aula. Sin muchos grises, este material despertó adhesiones fervorosas y rechazos absolutos. Mirá también La polémica sobre las tomas en los secundariosAutoevaluación en escuelas primarias (Diego Díaz).Clarín estableció contacto con familias y autoridades escolares del ámbito porteño y de la provincia de Buenos Aires, y se comprobó que mientras en muchas primarias de gestión privada el tema pasó inadvertido, en las de gestión pública los escenarios fueron variados. En muchos establecimientos llegó a discutirse, pero no siempre dentro del aula. Y se oyen casos de escuelas religiosas donde se realizó una oración “por Maldonado” en la ceremonia de turno. Seguí leyendo Nanosatélites en órbita: el nuevo concepto de los buenos negocios Por Luciano Mucelli Segunda Guerra Mundial: los archivos desclasificados de Cancillería argentina Por Irene Hartmann Entre los puntos de vista de los consultados surgen visiones de “conformidad” sobre el tratamiento del tema frente a los chicos y unas cuantas caras de ofuscamiento, dado que la actividad prevista (“que no iba a hacer una bajada de línea sino estimular la práctica del lenguaje y la argumentación desde la lectura de diarios”, explicó una idónea autoridad escolar a esta cronista) debió cancelarse, tras el reclamo de madres y padres que se adelantaron y pronosticaron una situación de “adoctrinamiento”.”No se iba a hacer una bajada de línea sino estimular la práctica del lenguaje y la argumentación desde la lectura de diarios”Una autoevaluación en una escuela en la provincia de Buenos Aires (Diego Díaz).No puede generalizarse, pero en consultas hechas a familias de escuelas primarias públicas de las provincias de Santa Fe, Tucumán, Entre Ríos, Corrientes y Río Negro el tema no tuvo llegada al ámbito escolar.Si se rastrea -como si fuera una serie- la retórica que sale de la grieta (siempre en los extremos), la verdad es que no se dijo nada nuevo. Donde unos estaban atentos a la “bajada de línea” otros veían “censura plena”.En tal sentido, desde el Ministerio de Educación de la Nación, Mercedes Miguel, a cargo de la Secretaría de Innovación y Calidad Educativa de la Nación, evalúa que “la gestión anterior tenía un concepto de ‘bajada de línea’ muy potente en las políticas, documentos, encuentros federales y acciones de formación docente. Los espacios estaban politizados. Pero no vinimos a juzgar el pasado sino a cambiar la realidad de la educación. Confiamos en los docentes, en los equipos provinciales y en los ministros y ministras de sus sistemas”.Coincide con Iaies: “Antes era más fuerte eso de la ‘escuela militante’. Hay que tener cuidado: la escuela está para enseñar y garantizar que los pibes aprendan; para que hablen de lo que pasa en el mundo sin que los adultos metan temas por la ventana”.Escuelas primarias bonaerenses (Diego Díaz)De ventanas, pero en un sentido opuesto también habló con Clarín Graciela Morgade, decana de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) y doctora en Ciencias de la Educación: “Entre otros temas me dedico a educación sexual. Tenemos mucha experiencia en esto que voy a enunciar metafóricamente: cuando la realidad no entra por la puerta entra por la ventana. La puerta son los contenidos establecidos en el plan de estudios formal. La ventana es la experiencia de los chicos y chicas”.También opina en este sentido Norberto Ares, director adjunto de Primaria de la ciudad de Buenos Aires, un puesto que representa el último escalafón de la carrera docente. En su punto de vista, “los chicos traen los temas a clase. Un docente no puede estar frente al pizarrón diciendo ‘no, no te lo explico’, ¡y más cuando son chicos de sexto o séptimo grado! Están colocando a los chicos en un lugar erróneo, cuando en realidad son ellos los que preguntan”.Un afiche que pregunta “Dónde está Santiago Maldonado” en la puerta de la escuela Nro 13 de Colegiales (Fernando de la Orden).”Un docente no puede estar frente al pizarrón diciendo ‘no, no te lo explico’”Ares señala que “también hay que tener en cuenta que el diseño curricular, hoy, tiene un bloque dedicado a las dictaduras y las democracias, o sea que son temas que ya están en el aula. Y la democracia se ha trabajado tanto a partir de los derechos, que obviamente los chicos se sienten cómodos hablando de lo que pasa, si viven agresiones, por dar un ejemplo. Así que bienvenido que vengan a la escuela diciendo ‘me pasa esto’”.Morgade subraya “el derecho de los niños y niñas a la información”: “La escuela debe ponerle palabras a situaciones donde no hay conocimiento, pero sí incertidumbre y angustia. Por ejemplo, los episodios de violencia de género vinculados al ‘ni una menos’. Es increíble, pero quien tenga chicos de 8 o 9 años sabe que se pueden tener conversaciones muy profundas. Ellos dicen querer saber. Yo me pregunto todo el tiempo dónde está Santiago Maldonado y creo que la escuela es un lugar donde compartir la ansiedad, qué se sabe y qué no. Con calma, claro, para conversar como un espacio de reflexión”.Buena parte de los problemas de la educación primaria argentina parece residir en una notable falta de consenso entre los grandes expertos. Casi todos coinciden en esbozar un diagnóstico negativo, pero sobre el cómo hay muy pocos acuerdos.Esta imagen circuló en Twitter alrededor del debate escolar sobre Santiago Maldonado.Por su parte, la historiadora y formadora docente Ema Cibotti se distancia del punto de vista de Morgade: “Creo que en la escuela hay que hablar desde una currícula más segura y protegida. Por muy objetivo que se sea en la presentación, el docente tal vez se sienta angustiado y se le vuelva muy difícil la situación pedagógica. No es lo mismo que el chico vea a la mamá angustiada que a la maestra. Si el tema está muy abierto, no lo llevaría a la primaria. Como dicen los psicólogos, hay que hablar si los chicos preguntan”.Con este concepto se alinea Mónica Dillón, directora provincial de Educación Primaria de la provincia de Buenos Aires. Repasa que “desde acá no se mandó nada para trabajar el tema Maldonado, pero en algunas escuelas se impuso y recibimos llamados de padres quejándose. Hay que ser cuidadosos, pero tampoco estoy de acuerdo con que no se hable. Si los chicos lo llevan al aula es porque alguna inquietud tienen. Un espacio de análisis es importante”.”Si el tema está muy abierto, no lo llevaría a la primaria. Como dicen los psicólogos, hay que hablar si los chicos preguntan”Peor sería no tener ese espacio. Esa circunstancia se puede apreciar a sus anchas en Santa Cruz, donde los chicos no empezaron las clases hasta agosto pasado y todavía padecen un esquema de cursada oscilante, dados los frecuentes paros de los docentes en reclamo del pago de salarios, siempre atrasados o abonados en cuotas.Pedro Cormak, secretario general de la Asociación Docente de Santa Cruz compartió con Clarín lo más elemental (y por eso increíble) de esa pérdida: “Vivimos con angustia las implicancias del conflicto en el proceso de aprendizaje. Extrañamos las aulas, su día a día, lo que nos vuelve trabajadores de la Educación. Los chicos son testigos del vaciamiento de la escuela pública. ¿Podemos pensar en la ciudad o la provincia de Buenos Aires con más de cien días sin clases? No. Pero a nivel nacional se mantiene una intervención marginal”..”¿Podemos pensar en la ciudad o la provincia de Buenos Aires con más de cien días sin clases? No. Pero a nivel nacional se mantiene una intervención marginal”Hace veinte años que Alejandro Papadopulos es director de escuelas en Capital. Ahora dirige el Colegio Integral Nuevos Ayres, “privado pero con orientación progre”, según calificó un padre que manda a sus hijos ahí. En una charla con este medio, Papadopulos propuso preguntarse “por qué la lógica para discutir los temas de actualidad tiene que ser la grieta”.Para él, hay un territorio “común” de la sociedad que está perdido: “Lo individual está sobre lo colectivo. Lo común de la escuela es una construcción, no viene dado. Por común me refiero a lazos, reglas, confianza, pensamientos. Entre la vida particular de las familias (sus ideales de hijo e hija, sus modos, representaciones, sensibilidades, ideologías) y lo público, que es la escuela, hay una tensión irreductible que no se puede transitar si no se produce un común”.“Algo que opera con fuerza es que el Estado dejó de ser garante de ese bien común llamado Educación, especialmente en la ciudad de Buenos Aires, donde el 50% de la matrícula es de gestión privada. No mandás a tus hijos a la escuela de la esquina, buscás una ‘buena’, lo que supone que madres y padres son llamados al lugar del ‘saber’. Se pone de relieve que cualquiera ‘sabe’ sobre la escuela”.En la oleada del “todos saben”, el saber de los docentes parece haber quedado desacreditado. Como explica Iaies, “hay menos acuerdo entre padres y maestros. Se rompió una alianza. Los maestros sienten que no les tienen confianza y los padres se quejan de que los alumnos no aprenden lo suficiente. Los chicos, en el medio”.En clase de inglés (Gerardo DellOro).“El pacto pedagógico escuela-familia-comunidad está roto desde hace años. Pero se terminó de romper definitivamente en los años 90, cuando se llevó adelante la transferencia de jurisdicción de la escuela para dejarla sin recursos”, explica Ema Cibotti”, y agrega: “El Estado se sacó a las escuelas de encima con el mensaje ‘arréglense como puedan’, y ahí, a pesar de que hubo mucha capacitación, empezó un divorcio total: cómo implementar a nivel práctico la reforma educativa que se imponía”.”El saber de los docentes parece haber quedado desacreditado”Para Cibotti, el diagnóstico de la educación es claro:“Así empezó a verse una suerte de orfandad. Porque si el directivo no tiene recursos, el maestro tampoco. Al final, lo que les quitaron fue la autoridad para cumplir su rol. Y así se erosionó el sistema educativo”.

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