La increíble historia del goleador que lleva a All Boys en la piel

El 26 de marzo de 2016, en Floresta y después de 15 años, se jugó el “Superclásico del ascenso”. Darío Stefanatto (32) recuerda que hizo la promesa ni bien se sorteó el fixture: si jugaba, y ganaban, se haría su primer tatuaje. Hacía más de un año y medio que una de sus rodillas lo tenía a mal traer, y ya había consultado con trece médicos, ocho kinesiólogos, cinco osteópatas y dos brujas. Pero antes, para entender mejor qué significaba ese partido para él, hay que ir al pasado. Su abuelo había llegado a Mercedes al 1900 (Floresta), antes que el estadio Islas Malvinas. Darío nació en 1985, en esa casa del abuelo, y a los 3 años se puso la camiseta de All Boys por primera vez. En el club, jugó en baby fútbol, juveniles e Inferiores. Su vida pasaba adentro de All Boys. Cuando no iba a fútbol, acompañaba a su papá, que era directivo. Muchos empleados que aun hoy trabajan en el club, lo tuvieron en brazos. Hasta los 24 años vivió en esa casa, ubicada a 30 pasos de la cancha.Dario Stefanatto, jugador de All Boys. (Foto: Guillermo Rodriguez Adami).Debutó como jugador profesional en 2005 y se quedó hasta 2010, cuando pasó a Estudiantes de La Plata. Un año y medio después, regresó. Y se quedará una temporada más. La última de su carrera. Los hinchas de All Boys, cuando lo cruzan, no le dicen que es un fenómeno, ni que tiene el despliegue de Mascherano o la técnica de Ortigoza o de Redondo. Le dicen un halago atípico: “Sos todo lo que hubiéramos querido ser”. ​Es que antes de verlo adentro de un campo de juego, lo habían visto en la tribuna. Desde chiquitito. De local y de visitante. Aquella tarde de marzo de 2016 All Boys le ganó 5 a 2 a Nueva Chicago (mañana vuelven a jugar en Mataderos). Los fanáticos recuerdan que Darío la rompió, y no entienden cómo pudo haber jugado así al arrastrar semejante inactividad. Darío cumplió su promesa. Se tatuó la frase: “Mi éxito en la vida no lo mido por lo que logré, sino por los obstáculos que superé”, en referencia a su lesión.A principios de mayo pasado, la situación era similar: Chicago venía segundo y All Boys peleaba la permanencia. Hacía más de diez partidos que no ganaba de local. Darío no venía jugando, pero volvió a hacer una promesa. El partido fue el 6 de mayo, en Floresta. Jugó de titular, se lució y All Boys volvió a ganar el superclásico de la segunda categoríaìa. Fue 2 a 0. Esa vez, cumplió con un “Sentido de pertenencia” tatuado en su brazo. Terminó el diseño corporal agregándole un “Floresta” y una camiseta con el número 5.”No hay nada más lindo que sentirte parte de algo”, dice. Y sigue: “Es el sentimiento más hermoso que puede tener una persona. Soy un enamorado de la identidad. Y el que no se identifica con un barrio o un club se está perdiendo de algo hermoso. A mí me encanta que me relacionen con All Boys; que se sepa que mi familia es del barrio y que yo nací acá y que acá me quiero morir. Mi vida y la vida del club van en paralelo. Me formó como persona, y desde los 3 años que juego en el club. A los más pibes les digo que por más que no sean hinchas del equipo para el que juegan, sentirse identificado da un plus. La identificación con el club ayuda a que se forme un buen grupo”. Darío habla con Clarín en una heladería de Floresta. El comercio es de su papá, y tiene esas características de los bares de antes: acá la gente se encuentra sin avisarse que va a venir. Hay clientes que pasan a desayunar, antes de irse a trabajar. Y otros que vienen a tomar un café después del trabajo, antes de volver a casa. Y como grupo de amigos tienen una característica que no todos tienen: tus amigos son, también, tus compañeros de tribuna. Durante la semana se charla sobre fútbol y el fin de semana el encuentro es en la cancha. El que no es de All Boys es del barrio, que es casi lo mismo. Y en este barrio todavía quedan muestras de lo que es el sentido de pertenencia; el ambiente se repite en sus distintas esquinas. La primera vez que lo buscaron a Darío fue en 2009, después de lograr el ascenso a la B Nacional. Los interesados eran Banfield, Newell’s y el Olimpiakos de Grecia, que le ofrecía siete veces más que el sueldo de All Boys. Pero Darío eligió quedarse. Seis meses después, el interesado fue Estudiantes de La Plata, que venía de perder la final en Japón contra el Barcelona de Messi. Darío tenía 24 años y no quería irse. Estaba convencido de que All Boys ascendería a Primera en ese semestre y sentía que no se lo podía perder. Mirá también Jonathan Calleri volvió a marcar en España En Floresta es vox populi: el club lo quería vender y Darío no se quería ir. El representante del grupo empresario que estaba por comprar su pase no podía entender la postura del jugador. -¡Vas a jugar con Verón!, ¿entendés lo que es eso?-le decía su papá a los gritos, para convencerlo. Mirá también Querido Ascenso: Nacho González debuta como DT en Argentina Darío encaró a los referentes del plantel y les pidió ayuda. Todos le decían lo mismo: no podían ni querían cortarle la carrera. Estudiantes, en ese momento, estaba a la altura de Boca o River. La leyenda dice que el día del cierre de pases, Darío apagó su celular y se acostó a dormir la siesta. Lloró hasta dormirse. Su papá lo despertó a los gritos. Los directivos de All Boys y de Estudiantes lo estaban llamando para que fuera a firmar. Lo subió al auto y lo llevó a estampar el contrato. Durante el viaje siguió llorando. Firmó sobre la hora…Dario Stefanatto, jugador de All Boys. (Foto: Guillermo Rodriguez Adami). El 23 de mayo de 2010, en Rosario y por la Promoción, All Boys ascendería a Primera División. Darío no estuvo en el campo pero sí en la platea, en el hotel y en el micro con los jugadores. “Fue un papelón salir en las fotos siendo jugador profesional de Estudiantes… Pero sentía que tenía que estar ahí. Al llegar a Estudiantes les había aclarado que era fanático de All Boys. Creo que el futbolero me entendió”. Por aquellos días las recriminaciones de Darío a su papá eran diarias. “Me hiciste ir del club y mirá: me estoy perdiendo el sueño de mi vida”, le decía cada mañana. Mirá también Cinco mexicanos, un taxista de Chicago y una increíble noche en Mataderos En el contrato le habían ofrecido una casa en La Plata, pero prefirió seguir viviendo en lo de sus viejos. A los seis meses eligió su primer departamento. En el barrio, ¡dónde si no! A cuatro cuadras de la cancha. Se quedó en Floresta pudiendo mudarse a Puerto Madero o a algún country. Y ahora, que vive en la que cree que será la “casa de su vida”, está a ocho cuadras de All Boys: -El amor por el barrio y por All Boys son distintos. Yo quiero más al club, pero el club no sería lo mismo sin Floresta. Van de la mano. Por eso, por ejemplo, soy recontra defensor de la vuelta de San Lorenzo a Boedo. Acá, en Floresta, hay pibes que se identifican más con su esquina y con el barrio que con el club. Lo que nos pasa es difícil de explicar, pero creo que mucha gente siente lo mismo por su barrio y su equipo. Hasta los hinchas de Chicago. Y hay que ver quién forma a quién: si las personas a los barrios o los barrios a las personas.A comienzos de esta temporada recibió ofertas de otros tres clubes del Ascenso. Siguió en All Boys, y no por priorizar lo económico. Era All Boys o retirarse: -Mi sueño era jugar un partido en All Boys y trabajar toda mi vida de profe de Educación física. Desde ese día, jugar en mi club representa un logro deportivo y emocional, y no tanto profesional. Nunca prioricé lo económico. Tal vez sólo en Estudiantes. En las divisiones inferiores yo no jugaba. Estaba colgado. Estando en otro club hubiera abandonado el fútbol. Pero las ganas de vestir mi camiseta me dio fuerzas para seguir, y llegué. Ahora, lo mismo: si sigo un año más es para despedirme en All Boys. No me interesa otro club.-¿Qué te dicen tus amigos? -A mi grupo de amigos de la vida los conocí en el club. Algunos hacían otros deportes. Somos quince. Con ellos iba a la cancha, siempre al mismo lugar. Y para ellos no es “Darío llegó, es llegó uno de nosotros”. Es como cuando salimos a bailar y uno se lleva a la chica más linda del boliche. No gana uno, ¡ganamos todos!

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