Comunicate como una budista: 4 elementos para una conversación positiva

Roces, malentendidos un “sí” que en realidad escondía un “no”, poca receptividad en el otro o charlas amables que van subiendo el tono, son situaciones típicas y que muchas veces tienen como único motivo de fondo errores en la comunicación.Para salir de estos enredos y que realmente se interprete el contenido y el modo de nuestro mensaje, la coach personal e instructora de mindfulness, Cynthia Kane detalla en su libro “Comunícate como un budista”, publicado por Editorial Urano, los cuatro pasos fundamentales de una comunicación efectiva. Mirá también Los 5 ladrones de la felicidad 1. EscuchatePrestarle atención a las palabras que usás cuando te hablás a ti mismo y te comunicás con los demás, es el primer paso para mejorar la comunicación. Si deseás ser sincero y querés usar un lenguaje provechoso, empezá por detectar tus palabras y las emociones que hay detrás de ellas. Aunque la comunicación sea cosa de dos o de más personas, empezá por vos. Es cierto, no podés controlar lo que dice el otro, pero sí podés fijarte en lo que vos expresás y cómo afecta lo que decís a todos los implicados. Mirá también Celos enfermizos: estas son algunas herramientas para superarlos 2. Escuchá a los demásQuizás hayas vivido esta situación. Suena el teléfono. Atendés. Y del otro lado de la línea oís a un hombre o a una mujer preguntándote si querés renovar una suscripción, cambiar tu plan de telefonía o sacar una tarjeta de crédito. ¿Cuántas veces creés que le dejaron exponer su discurso hasta el final? ¿Y en cuántas de esas conversaciones las dos partes quedron satisfechas? Me atrevería a decir que, en general, son muy pocas. ¿Por qué? Porque en cuanto reconocemos a un vendedor al otro lado de la línea, nos cerramos. No importa lo que esté diciendo, lo único que queremos es concluir la llamada cuanto antes. Entonces, lo interrumpimos o le hablamos a la vez en un tono más alto, creyendo que nuestras necesidades y nuestro tiempo son más importantes.Aunque tal vez ese sea un ejemplo más controvertido, este tipo de comunicación se da a diario en situaciones muy distintas. Conscientes o no, tratamos a muchas personas, la mayoría de las veces a las más cercanas, como vendedores. Pensá en la última vez que dejaste de escuchar a alguien. Quizás creíste que ya sabías lo que te iba a decir y dejaste de escucharlo, aunque asintieras para fingir que seguías la conversación.Esta clase de conducta crea un ambiente que fomenta las reacciones automáticas, en lugar de respuestas afines a los elementos de la recta palabra. Tu meta es crear el ambiente propicio para unas palabras afectuosas, sinceras y provechosas y aprender a escuchar al otro es un paso importante. ¿Cómo lograrlo?- Mantenete presente.- Observá las cosas desde el punto de vista del otro.- Aprendé a aceptar la verdad.- Preguntate si hay algo que puedas aportar. Mirá también Las 10 emociones que te hacen infeliz 3. Hablá de manera consciente, concisa y clara Las palabras son la herramienta principal de expresión y la elección de ellas implica una gran responsabilidad. Se pueden usar para crear armonía o sufrimiento. Cuando hablás irreflexivamente te acostumbrás con facilidad a mentir, exagerar, a manejarte con chismes y a usar un lenguaje poco provechoso. Pero cuando eres dueño de tus palabras, te das cuenta de la gran responsabilidad que traen aparejadas y entendés que tu forma de hablarte y de comunicarte puede aliviar el sufrimiento ajeno e influir positivamente en el otro. Tu meta debería ser encontrar las palabras que creen una sensación de calma y de buena voluntad. Además, te asegurás expresarlas con destreza para que tu interlocutor te oiga y entienda mejor. Algunos tips que ayudan a lograrlo.- Bajar el ritmo de la conversación (la cadencia, la respiración y las preguntas).- Elimina los datos que no se ajusten a la recta palabra y que no mejore la conversación.- Buscá expresarte sabiendo cuál es tu objetivo y tu deseo.- Andá al grano: decí lo que querés decir y pedí lo que necesitás. 4. Utilizá el lenguaje del silencioMonopolizado muchas veces para marcar un disgusto o enojo, las pausas en la conversación tienen, en realidad, aplicaciones mucho más provechosas. La clave es asociarlo con la compasión, la empatía y la bondad. También aplicarlo para darle un espacio al otro y favorecer el diálogo. Observar cómo lo usás en tus conversaciones será fundamental para este cambio. Mirá también Mudras: ¿qué son y para qué sirven? Mirá también Tareas diarias para tener una relación de pareja sana

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