Todos tenemos una historia para filmar

La filmografía de Michel Gondry es inestable, cambiante, como si el hombre no parara de moverse y probar nuevas historias, relatos, recursos.Parece difícil imaginar que Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004), El avispón verde (2011) o Microbe & Gasoline (2015) estén firmadas por el mismo director. Así y todo, se notan algunas líneas de fuerza que, tenues, atraviesan y sostienen sus películas: la artificiosidad de la puesta en escena (a veces), la tristeza de sus historias (casi siempre), la inserción de fragmentos animados (cada tanto), la centralidad de la fantasía (bastante seguido). Pero hay algo más: el cine de Gondry se interesa con frecuencia por la creación como acto expresivo, liberador, que conecta a los personajes con los demás, que les permite realizarse.Fábrica de imágenes. En tres horas, se crea una película en grupo.Tal vez por eso La usina de películas amateurs (originalmente L’Usine de films amateurs) fue un proyecto secreto del director durante años. Con casi una década de existencia, la muestra que visitó ciudades como París, San Pablo, Moscú, Rotterdam, Tokio y Casablanca, entre otras, estará desde el 4 de noviembre hasta el 30 de diciembre en la Usina del Arte (con previa inscripción, que comienza esta semana).La experiencia consiste en un taller que pone al alcance de un grupo de visitantes los medios para escribir, planificar y filmar una película. El proceso es grupal, todos deben contribuir y, al final de la jornada (de tres horas de duración), todos ven lo que filmaron. Los realizadores ofrecen los materiales necesarios para el rodaje, además de una cierta cantidad de sets de filmación más o menos típicos para el uso de los visitantes.Sets. Hay más de quince paisajes diferentes.Cada grupo es guiado por un coordinador y hay una regla de oro: la película tiene que filmarse de principio a fin sin la opción de editar o posproducir. Es decir, los cortes deben hacerse directamente en el dispositivo de registro, sin la posibilidad de borrar lo filmado ni hacer otra toma. Esa restricción arroja pequeñas producciones inesperadas, de una libertad infrecuente.Esta lógica del amateurismo se evidencia en varios de sus filmes. Por lo general, las de Gondry son creaciones personales hechas a partir de materiales precarios, residuos o piezas dispares que permiten proyectar otros universos y otras vidas posibles. Ese aire de ensamblador, de bricoleur, que adoptan con diferentes grados de énfasis los personajes del director es también el procedimiento que organiza algunas de sus películas como La espuma de los días (2013) o Soñando despierto (2006). En especial esta última, que toma como punto de vista la psiquis algo trastornada de su protagonista y presenta una estructura hecha de retazos donde conviven la parodia de géneros televisivos, los momentos oníricos, las remisiones a la comedia romántica, un registro de a ratos despojado y una serie de acontecimientos que funde el mundo de los personajes con el de su imaginación.Libertad. La única restricción es no borrar lo filmado.Esta estética de la fantasía puede encontrarse, aunque más débilmente, en otras películas. Eterno resplandor… narra los intentos desesperados de un personaje por proteger el recuerdo de la mujer que ama, que trató de borrar y ahora, arrepentido, trata de resguardar en algún rincón distante de su cerebro, como si las memorias fueran algo que pueden hacerse y deshacerse a gusto. Los jóvenes protagonistas de Microbe & Gasoline se inventan un viaje inverosímil con tal de escapar de la realidad de la escuela, la familia y otros sinsabores de un pueblito de provincia. El avispón verde es un chico rico que resiste el mandato laboral paterno y se autofabrica una aventura personal para darle algún sentido a su vida: ser un superhéroe.Sin embargo, es Rebobinados el filme de Gondry que mejor resume esa búsqueda artesanal: dos amigos trabajan en un videoclub, por error uno de ellos desmagnetiza todos los casetes del local y los deja al borde la ruina. La solución es tan ridícula como romántica: a pedido de sus clientes, el dúo filma nuevas versiones de las películas. La empresa es una celebración del amateurismo, la filmación artesanal y las home movies. Y parece, a su vez, funcionar como comentario nostálgico de un tipo de cine que el mainstream no podría albergar.Debe haber otros espacios donde sea viable un cine espontáneo, confeccionado por inexpertos, por el gusto, por el solo placer de hacerlo. Algo así debió haber pensado Gondry cuando, justamente en el estreno de Rebobinados en 2008, se le ocurrió ofrecerles a los asistentes la posibilidad de replicar materialmente la experiencia de los protagonistas. Eso es hoy La usina de películas amateurs.En una entrevista previa a su visita al país, Gondry habla aquí del carácter utópico del proyecto.–Antes de llegar a Buenos Aires, La usina de películas amateurs pasó por muchas ciudades del mundo. ¿Cómo surgió la idea y cómo fue su experiencia hasta el momento?–La idea del proyecto me vino a la mente muchas veces. Siempre quise experimentar con un colectivo creativo. Cuando empecé a trabajar en cine, me pareció que este medio era perfecto para aplicar mis conceptos. Hacer películas es algo que mucha gente sueña, entonces encontré la motivación perfecta para que la gente trabajara junta y siguiendo una serie de reglas. En cada ciudad a la que llevamos La Usina… los visitantes compartían el mismo entusiasmo y se mostraban creativos constantemente, sin importar su background.–¿Cómo es el proceso de producción con el que se organiza la filmación?–Sería difícil entrar en detalles, pero basicamente la fábrica provee más o menos quince o veinte pequeños sets de filmación: desde un dormitorio, una calle, un bar, el interior de un auto o un tren, hasta pasillos, una oficina, un cementerio. Los visitantes vienen en grupos y escriben juntos una historia corta. Todos tienen que colaborar con sus ideas. Eventualmente, de esta divertida sesión sale un relato que será filmado en los distintos sets. El rodaje se realiza en el orden de la historia: no hay edición ni posproducción y los realizadores pueden ver su pieza al final. La “aventura” dura tres horas y la gente se va entretenida, orgullosa y con nuevos amigos.–El hecho de realizar el evento en Buenos Aires y dentro de la órbita de la Usina del Arte, ¿supone algún cambio específico?–Cada ciudad que visitamos influye en los sets porque éstos no son construidos por nosotros sino por personas que viven allí, profesionales o no. Las diferencias culturales también tienen un impacto en las historias pero, para ser honesto, mi meta tiene que ver más con destacar las características compartidas de la gente de distintos países antes que las diferencias.–¿Cómo suelen reaccionar las personas ante sus propias creaciones?–Se divierten. Cada error, cada éxito, es un pretexto para reír. Durante tres horas, la gente pierde sus inhibiciones y se organiza porque no hay una supervisión y hasta obtienen una sensación de orgullo.–De alguna forma, La Usina… lleva al público la experiencia de los protagonistas de Rebobinados, pero también de otras películas suyas, como Soñando despierto, en la que los personajes fabrican objetos y relatos con lo que tienen al alcance de la mano. ¿Cómo fue el paso de la ficción a un proyecto concreto por fuera de la pantalla?–Creo que la idea de la usina estuvo conmigo desde antes de empezar a hacer películas, pero siempre pensé que era una utopía y nunca funcionaría fuera de mi cabeza. Cuando comencé a escribir Rebobinados, decidí que una película podía ser el pretexto para construir un mundo en que la utopía pudiera funcionar. Cuando empezamos a filmar, observando el entusiasmo de los actores no profesionales al momento de rodar las películas “solicitadas”, me pareció que la idea podría resultar exitosa en la vida real. De todas formas, me costó numerosos intentos conseguir que todo despegara.–Detour (2017), su último corto, fue filmado con un iPhone 7. ¿Cree que es posible que este tipo de producciones se traslade al cine mainstream (después de todo, Tangerine, de Sean Baker, también se filmó con un celular)?–Me parece que la tecnología tiene que mejorar un poco más, pero ciertamente estamos yendo en esta dirección.–El motivo de la producción casera, ya sea de películas u otra clase de objetos, es una constante en su filmografía. ¿Qué es lo que le interesa de esto?–No creo que eso sea siempre así. Hice películas de una manera más tradicional. Pero tal vez eso está ahí porque trato de revivir la alegría que sentía construyendo cosas cuando era chico. Mi imaginación llenaba el vacío entre mis producciones y el mundo real.–¿Cree que los métodos caseros, del estilo de “Hágalo Usted Mismo”, ofrecen posibilidades estéticas diferentes que las de una película de gran presupuesto?–Sí, por supuesto. De un lado, tu audiencia puede sentirse decepcionada al ver acciones, eventos y explosiones menos espectaculares. Pero del otro, siente que está participando de un proceso. Incluso si ven la películas sentados en la sala oscura, después quieren volver a sus casas lo más rápido y tratar de contar su propia historia con lo que tienen a mano, porque se dan cuenta de que eso es posible.–A diferencia del cine comercial, el videoclip fue para muchos realizadores un espacio de libertad y experimentación estética. ¿Le parece que este tipo de realizaciones amateurs puede ser una vía alternativa de producción en el terreno del videoclip?–Es posible. Pero no estoy tratando de dar lecciones ni consejos con esta fábrica de películas caseras. Es más que nada mostrar que diez personas tienen la suficiente energía y recursos para entretener a diez personas. Y que todos, especialmente la gente que no está involucrada en profesiones creativas, es creativa y tiene muchas cosas para decir.FICHALa usina de películas amateurs, un proyecto de Michel Gondry Lugar: Usina del Arte (Agustín R. Caffarena 1) Horario: mar. a juev. de 14 a 19, vier. de 12 a 21, sáb., dom. y feriados de 10 a 21 ​Inscripciones en www.buenosaires.gob.ar/usinadelarte

Fuente