El cerco amenaza a Cristina

Pocas veces una detención, como la de Julio De Vido, combina al mismo tiempo tanto simbolismo y significado político. El ex ministro de Planificación quedó como gigantografía de la corrupción de la década pasada. También como el engranaje decisivo de una maquinaria que concentró desde el poder el manejo de fondos del Estado. Una necesidad objetiva para el verticalismo extremo de Néstor y Cristina Kirchner.El ex presidente predicó siempre que las expectativas políticas, la administración de la caja y la obra pública resultan cruciales para perdurar en la cima. Cristina pudo ser la responsable del primer pecado capital. Se encargó de moler, poco a poco, esas expectativas. En sólo dos años, entre el 2011 y el 2013, pasó del arrollador 54% de los votos a ser derrotada por Sergio Massa en la elección legislativa en Buenos Aires. La debacle llegó en el 2015 cuando Daniel Scioli fue insuficiente para frenar el ascenso de Mauricio Macri. Allí perdió el control de aquella caja. El resto vino por añadidura.¿Que sucedió?. El desgranamiento kirchnerista dentro y fuera del Congreso. La paulatina autonomía de gobernadores e intendentes peronistas que dejaron de estar disciplinados por dineros públicos. Los estallidos de la corrupción oculta, como el revoleo de los bolsos de José López con millones de dólares dentro de un convento. Gestos característicos de desesperación cuando un régimen agoniza. Ahora se sumó la nueva derrota electoral en las legislativas del domingo pasado. También el aislamiento de Cristina reflejado en una postal contrastada. La de aquella multitud que la acompañó a Comodoro Py en abril de 2016 cuando por primera vez se presentó a declarar ante el juez Claudio Bonadío con la del racimo que la siguió, en el mismo lugar, el jueves pasado. Todas señales de que la fuerza hegemónica más implacable que conoció la Argentina desde 1983 ingresó en la fase final de su existencia.Esa percepción también quedó registrada por las circunstancias que rodearon el final de De Vido. El hombre que administró U$S145 mil millones de dólares. Que mientras estuvo en el poder ganó todas sus batallas. Varias de ellas resonantes. Luego de obtener las legislativas del 2005 Kirchner decidió prescindir de Roberto Lavagna por dos razones: quería tener en forma personal el timón de la economía; no aguantaba los planteos reiterados del ex ministro en contra de De Vido, en especial por la cartelización de la obra pública. En 2007, cuando aún era jefe de Gabinete, Alberto Fernández, le aconsejó a Cristina depurar su gabinete para el segundo mandato. Uno de los hombres indicados para cumplir con ese propósito era el ex ministro de Planificación. La ex presidenta desechó el consejo.Aquel hombre todopoderoso fue defendido de mala gana en julio, antes de las PASO. Entonces Cambiemos planteó su desafuero por “inhabilidad moral”. El kirchnerismo juntó 95 votos para bloquear los dos tercios necesarios para la sanción. Pero lo hizo como si se tratara de un anónimo. Nadie se animó a mencionarlo. La semana pasada fue todavía peor. Los diputados del Frente para la Victoria (FPV) se fragmentaron. Seis de ellos votaron a favor del desafuero. Héctor Recalde estuvo a punto de extraviar la conducción que conservó con la estrategia de ausentarse del recinto. Pero quedaron heridas. Axel Kicillof ensayó una negociación con los integrantes de La Cámpora que optaron por otra actuación. Varios de ellos (Máximo Kirchner y Eduardo de Pedro) estuvieron aguantando en Comodoro Py a Andrés Larroque, que declaró en la causa por el Memorándum de Entendimiento con Irán a raíz del atentado en la AMIA. Máximo despachó al ex titular de economía con referencias poco edificantes hacia De Vido.El desafuero terminó aglutinando 176 votos. Con aportes de diputados peronistas que cumplieron órdenes de sus gobernadores.Sergio Uñac, de San Juan, Juan Manzur, de Tucumán, Carlos Verna, de La Pampa, los hermanos Rodríguez Saá (Adolfo y Alberto, de San Luis, optaron por despegarse de cualquier sospecha. También el radical K, Gerardo Zamora, y Hugo Passalacqua de Misiones.La enumeración no alcanzaría para calibrar la dimensión de la crisis. Uñac, reciente vencedor en su provincia, debió doblegar la resistencia de José Luis Gioja. El diputado es el presidente del PJ nacional secundado por Scioli. Había sido clave en julio junto al formoseño Gildo Infrans, que se mantuvo en sus trece, para cosechar aquellos 95 votos que frenaron temporariamente el castigo a De Vido.Carlos Stornelli es el fiscal de las dos causas por las cuales se pidió el desafuero y la detención del ex ministro de Planificación. Una es por sobreprecios en la compra de gas licuado que sustancia Claudio Bonadío. La otra por supuesta malversación de fondos públicos en el Yacimiento Carbonífero de Río Turbio (YCRT). Existen 120 denuncias más dando vuelta y el ex ministro carga con 5 procesamientos. En aquella última, De Vido está hasta las manos por haber incurrido de manera recurrente en una práctica excepcional: las contrataciones y adquisiciones de modo directo, sin licitación. Apelando a caminos sinuosos y sorprendentes. En 2012, por caso, Planificación autorizó la compra de maquinaria para Rio Turbio a las empresas polacas Bumar-Labedy y Kopex. Esta firma había quedado relegada en la licitación previa. Esa licitación fue anulada para permitir la maniobra. De Vido justificó la adquisición instrumentando un decreto vigente de la época de la dictadura destinado a incentivar la cooperación entre los Estados de la Argentina y Polonia. Fueron en total 53 millones de euros. La investigación descubrió otros atajos que constituyeron un modus operandi del ex ministro de Planificación para disponer arbitrariamente de los fondos públicos. El desvío a través de las universidades, en el caso de YCRT por medio de la Tecnológica Nacional (UTN).El avance judicial y parlamentario contra De Vido podría desatar una onda expansiva mayor a la supuesta. El sistema kirchnerista resultó perforado en su proa. Nadie estaría seguro. La duda puede empezar a envolver a la propia Cristina. ¿Podría correr riesgo su asunción en diciembre como senadora?. Nadie ha solicitado ni su detención ni su desafuero. Tiene tres procesamientos que en los próximos días podrían llegar a cuatro. La política, por lo menos, estaría dispuesta a hacerla​ sufrir.La batería podrá ser disparada desde la paridad de género. Elisa Carrió, Margarita Stolbizer y Graciela Ocaña desempolvan memorias de la ex presidenta. En 2001, cuando era senadora, se opuso con una recordada carta a la asunción de Raúl Romero Feris como senador electo por Corrientes. Adujo: “Incorporar a un ciudadano con múltiples procesos, todo ellos con motivo del ejercicio de la función pública y ya uno de ellos con condena –si bien no está firme– agregaría un escándalo difícil de superar y heriría de muerte las posibilidades de reconciliar esta institución con la sociedad”.La tabla de salvación para Cristina puede ser por ahora aquella mención a una condena. Ella todavía no posee ninguna. Está además la postura histórica del Senado que nunca hizo lugar a un desafuero sin la existencia de una condena firme. El principio lo comparte incluso la vanguardia del PRO. Se trata de un trámite engorroso y largo. Lo describen los 22 años de la causa que determinó 7 años de prisión para Carlos Menem. Su pedido de desafuero nunca fue considerado. Recién en las semanas venideras tendría sentencia firme. Quizás eso le impida asumir un nuevo período como senador que logró por La Rioja.Habría otros datos para tener en cuenta. Miguel Angel Pichetto, el jefe del bloque peronista, estuvo en aquella provincia para apoyar a Menem. La postura del senador rionegrino será crucial para, llegado el caso, proteger o no a Cristina. Con ella mantiene una mala relación política y personal. Pero antepondría a eso algunas de sus creencias: que siempre se debe preservar hasta el límite la investidura de los ex presidentes.La fase final del kirchnerismo y la crisis peronista son las mejores noticias que dispone el Gobierno después de los comicios. La escena se ha ordenado casi de modo providencial. Además de la victoria, el centro de gravedad de la escena pública sigue pasando por la corrupción. Un escándalo con fuerte arraigo social que disimula otras debilidades. La inflación permanece como un incordio de la economía. Las únicas respuestas oficiales surgen de las recetas del Banco Central. Macri insistió en sus reuniones de la victoria con la necesidad de reducir el déficit fiscal. En la propuesta están de acuerdo todos. El dilema radica en cómo hacerlo sin afectar una actividad económica que, por sectores, está comenzando a despertar.El Gobierno también empezó a salir del pantano que significa la tragedia de Santiago Maldonado. Quizás ha pagado un desgaste que pudo haber evitado con una reacción más diestra. También con un trabajo preventivo en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (OEA) y en la ONU. Pero logró capear el temporal permitiendo, con no pocos contratiempos, que la investigación progresara. Aunque no está dicha todavía la última palabra, quedó al descubierto el desprejuicio de gran parte de la oposición y organismos de derechos humanos que pretendieron convertir la muerte del joven artesano en una redituable bandera de campaña.Esa intención, como otras que suelen sobrevolar a la sociedad, no develarían sólo un equívoco político. Quizás también un atributo patológico.

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