El misterio de las bandas tributo

Algunas bandas tributo son un fenómeno de público y de persistencia. Aunque para mí no dejan de ser un misterio.Haciendo un somero repaso, en la Argentina podemos encontrar muchas y muy buenas en cuanto a sonido y puesta en escena. No digo en cuanto a composiciones, porque como buenos “tributos” se dedican a tocar canciones que fueron escritas por otros músicos, todos ellos estrellas internacionales y muy exitosos. Enumeremos las más conocidas, ya que claramente hay muchas otras: The Beats, Danger Four y Nube 9 hacen temas de Los Beatles (aunque sólo las dos primeras se vistan como los genios de Liverpool y el grupo de Fernando Blanco elija en cambio tocar con “ropa de calle”); Genetics, que hace música de Genesis; The End que encara el repertorio de Pink Floyd: Dr. Queen y Dios Salve a la Reina, que bucean en las composiciones de Queen, la banda liderada por Freddie Mercury; Mestizo, que se dedica a la obra de U2. Entre los tributos a bandas argentina sobresale Sobredosis de Soda (obviamente por Soda Stereo), que incluso ya compartió algunos festivales con otros grupos masivos del rock de acá y con repertorio original. Todo esto sin contar los innumerables “homenajes” a Joaquín Sabina y Ricardo Arjona que, con mayor o menor presupuesto y puesta en escena, pululan por diversos escenarios del país, pero con epicentro en el barrio de San Telmo.The Beats, émulos de Los Beatles.Cuando me refiero a fenómeno de público, se puede dar el ejemplo de Salve a la Reina. El grupo rosarino que integran Pablo Padín (de notable parecido físico y registro vocal al de Mercury), Francisco Calgaro, Matías Albornoz y Ezequiel Tibaldo lleva casi 20 años haciendo el repertorio de Queen. Lo fueron encarando de formas diversas, ya sea a través de un disco determinado o un show con canciones variadas. Siempre respetando los vestuarios de época y los instrumentos utilizados por los músicos originales. Ganadores alguna vez de un concurso en el célebre local The Cavern de Londres, eso les abrió las puertas del mundo. Han girado por los Estados Unidos, Inglaterra y Rusia, compartiendo incluso festivales con artistas de la talla de Aerosmith, Europe o The Cult. En octubre pasado hicieron varias fechas en España, destacándose una actuación en el estadio del Espanyol de Barcelona, cuando en el entretiempo del partido entre el local y el Levante hicieron en vivo Rapsodia Bohemia para 25.000 personas. Hoy y mañana, sin ir más lejos, se presentarán en el Teatro Gran Rex, en dos funciones con entradas agotadas.Las preguntas que me hago ante el éxito de bandas como esta me surgen por dos lados. El primero, el del músico. ¿Qué siente alguien que sabe cantar o tocar muy bien un instrumento y sólo dedica su tiempo a reproducir la música de otro? Más en casos como en el de Salve a la Reina, en el que la apariencia física también resulta muy importante. ¿Padín, por ejemplo, en algún punto se siente una reencarnación de Freddie Mercury? ¿Puede ser que si se afeitara el bigote -igualito al del cantante de Queen- la magia desaparezca? ¿Podría ser que alguna vez la banda se dedicara a componer su propia música?Consultado, el cantante respondió que sólo se siente Mercury cuando está arriba del escenario, interpretando a un personaje. Y que si bien analizaron escribir su propia música, el público les pide -necesita- que hagan las canciones de Queen.Y acá vamos al segundo punto, el público. ¿Por qué alguien querría ver un espectáculo “similar a”? ¿Por qué armar una puesta que nos resucite a los Beatles, o nos muestre a los émulos de U2 (sobre todo cuando los originales siguen de gira por el planeta y cada tanto llegan a la Argentina)?Explicaciones pueden sobrar: que nunca vieron a Los Beatles y esta es una buena oportunidad de recrear cómo sonaban en vivo (por más que los que suenen en vivo no sean Los Beatles); que Pink Floyd está separado, que U2 no viene tan seguido como uno quisiera (y que ver a la banda tributo es sensiblemente más económico)… Argumentos para participar de un artificio, un engaño consentido entre artistas y espectadores, que en el fondo no es otra cosa de lo que se tratan la mayoría de los espectáculos (una representación, un “hacemos como que”).En lo personal, prefiero ver grupos originales, con repertorio propio. Y a los grandes que ya no están, escucharlos y/o verlos en los formatos que han dejado. Ese es mi pequeño tributo a mis bandas favoritas.

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