Un año dominado por las izquierdas

Si la angustia fue el principal alimento del deporte en 2017, la magia de Lionel Messi y la vigencia de Emanuel Ginóbili son dignas de celebrar y de arrancar aplausos, pero arrastran consigo un denominador común con un tinte angustiante para los argentinos: la sensación de que se los debe disfrutar porque detrás suyo no quedará mucho. Al menos en el corto plazo.Es parte de una lógica, claro: talentos de semejante envergadura no se fabrican en serie, sino que aparecen salteados, más aun en un país carente de proyectos y de estructura como la Argentina. El fútbol lo confirma: el mejor Messi se empezó a saborear dos décadas después de haber visto al mejor Diego Maradona. Lionel Messi le pega de zurda en uno de los goles que convirtió en Quito frente a Ecuador. (AFP)Pero de angustia se habla y, en ese contexto, la permanencia de Messi y de Ginóbili en sus equipos, de los mejores del mundo cada uno en lo suyo, tuvieron momentos de alta tensión hasta que llegó la confirmación. Mirá también Messi le sigue dando esperanzas a la SelecciónLeo recién firmó la actualización de su contrato con Barcelona el 25 de noviembre, cuatro meses después de que el club filtrara la información. En el medio hubo incertidumbre sobre la permanencia de la Pulga: la persecución judicial que su familia dice sufrir en España y la crisis política en Cataluña no parecían darle el mejor ámbito para la serenidad que el futbolista necesita cuando está fuera del fútbol. Mirá también Lionel Messi cerró el 2017 como máximo goleador del mundoManu, en tanto, tuvo una transición de tres meses en la que no hubo muchas certezas sobre su permanencia en San Antonio Spurs. El 22 de mayo fue ovacionado en el AT&T Center cuando, para muchos, pareció que el entrenador Gregg Popovich lo sacaba del partido frente a Golden State Warriors para que el público, su público, le diera la ovación final como tributo a una carrera brillante en la NBA. Y el 24 de agosto el propio Ginóbili confirmaba que “el pibe de 40” seguía jugando. Y de qué manera. Mirá también Manu Ginóbili, el último Jedi, camino al Salón de la FamaLa diferencia entre uno y otro, además de la edad (diez años los separan), es que a Messi los argentinos futboleros le pueden seguir prendiendo velas. A Ginóbili ya no, porque la Selección es definitivamente parte de su pasado, como en la mayoría de la Generación Dorada, a excepción del capitán Luis Scola. Mirá también Pepe Sánchez: “Lo que hace Manu trasciende el asombro”Y ahí se establece otra diferencia: Manu estuvo bien rodeado por un funcionamiento colectivo, tanto en San Antonio como en la Selección, donde integró la camada más brillante (por talento e inteligencia) que concibió el deporte argentino de elite en toda su historia.A Messi, el fútbol argentino todavía le debe un buen equipo, como sí lo tuvo en Barcelona.De todos modos, justamente no ha sido el Barça, en las últimas dos temporadas, la mejor muestra de excelencia. Por el contrario: venía de un año con buenos momentos gracias a la furia goleadora de la MSN, el tridente Messi-Suárez-Neymar, que se vio desarticulado este año con la decisión del brasileño de independizarse de Leo y buscar otros rumbos para tratar de ser el mejor del mundo. Mirá también Messi y Ginóbili, los únicos domadores en el año de la angustia deportivaCraso error. Porque el mundo se rendía a los pies de Messi cuando Neymar jugaba con él. Y el mismo mundo se sigue entregando al mismo Messi con Neymar en el Paris Saint-Germain.Si Cristiano Ronaldo acaparó todos los premios individuales en los últimos dos años (The Best de la FIFA y el Balón de Oro de France Football) fue precisamente porque integró equipos que lo mejoraron, como el Portugal campeón de la Euro 2016 y el Real Madrid monarca europeo y mundial en 2016 y 2017.Justo lo que le faltó a Messi, el responsable de haberle evitado a la Argentina el papelón de no clasificarse a la Copa del Mundo, con los tres goles que anotó en Quito frente a Ecuador, en el cierre de las Eliminatorias.Ronaldo acumula los trofeos; Messi acapara los elogios del planeta entero. El último mano a mano entre ambos lo certifica: en la víspera de Nochebuena, hubo un paseo de Leo en el Santiago Bernabéu contra una llamativa palidez de su némesis, de quien se recordará una pifia estrafalaria cuando tuvo la oportunidad de romper el cero en el clásico. Y una hora más tarde, el argentino daba una asistencia con un solo botín en sus pies. De las angustias y de los zurdos pareció ser este año. Un 2017 por izquierda, si se permite la vinculación con el pago de sobornos, con la putrefacción que sigue emergiendo en el juicio por el FIFAGate.Dos ex dirigentes sudamericanos, Juan Angel Napout y José María Marín, acaban de ser condenados en un proceso en Nueva York que tuvo dos grandes protagonistas, ambos argentinos: el arrepentido (admitió haber pagado decenas de millones de dólares en coimas y espera condena) Alejandro Burzaco, quien con su declaración testimonial le puso luz al tejido corrupto del fútbol; y Julio Grondona, el extinto jefe de una organización con enclave mafioso, que aparece en cada uno de los movimientos oscuros de la FIFA, la Conmebol y la AFA.Si Grondona viviera, se le debería preguntar por qué a Messi aún se le debe una estructura que lo cobije en la Selección. Claro que esa pregunta seguramente se la hubieran tenido que hacer a un Don Julio preso.Justin Gatlin acaba de ganar el oro en los 100 metros llanos del Mundial de Londres y le rinde tributo a Usain Bolt, quien llegó tercero en su última gran cita atlética. (AP)Fue el año de los zurdos y de sus angustias. La que superó Rafael Nadal para dejar atrás un calvario de lesiones y recuperar el trono en el tenis mundial. O la de Usain Bolt, quien no pudo terminar su reinado en la velocidad con un triunfo en los 100 metros del Mundial de Londres y, desde entonces, Justin Gatlin (quien lo venció) pasó a ser uno de los atletas más repudiados del planeta sólo por haber hecho mejor las cosas que el jamaiquino, quien en sus sueños de ser futbolista profesional le pega de zurda.Rafael Nadal, el recuperado número uno del ranking de la ATP. (EFE)Como lo hace el audaz portador del moño amarillo en el sorteo del Mundial de Rusia. Diego Maradona. El zurdo por antonomasia. Y el que todavía genera angustia con sus vaivenes.

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