Belén Pérez Maurice, de esgrimista olímpica a ingeniera en alimentos con una voluntad a prueba de lances

Alberto abrió el diario y se detuvo en una nota que anunciaba las carreras universitarias del futuro. El nuevo milenio, ese que amenazaba con el colapso general de las computadoras, ya había comenzado y su hija, Belén, todavía era muy chica para pensar en una profesión. Sin embargo, se sentó con ella y le mostró esa página. Belén se entusiasmó al leer una de esas prometedoras carreras: Ingeniería en Alimentos. Se llevó el recorte a su habitación y lo leyó una y otra vez. Ya había decidido, a los 13 años, qué quería ser en la vida.”Mi papá ni se debe acordar”, dice ahora, a los 32, la ingeniera Belén Pérez Maurice, la esgrimista olímpica que representó a la Argentina en Londres 2012 y Río de Janeiro 2016. “Yo sabía que Historia no iba a estudiar y Ciencias Políticas tampoco. De chiquita me largaba a llorar cuando tenía que estudiar Historia. En cambio, siempre me fue bien en Matemática en la escuela y al ver esa carrera me atrajo, porque a mí me gustan mucho la comida y las ciencias”, recuerda.Ya dejó atrás la máscara y el uniforme que usó para entrenarse y para mostrar su otro lado se relaja Belén, grabador de por medio, sin el estrés de los orales de la facultad.Belén Pérez Maurice se recibió de ingeniera en Alimentos. Realizó la carrera paralelamente con su carrera deportiva. (Foto: Germán García Adrasti)Su comienzo en Ingeniería en Alimentos no fue fácil. Al terminar la secundaria, se anotó en la UBA, pero como la carrera era tan nueva, la persona que debía inscribirla al CBC se confundió y la puso en el curso de ingreso a Medicina, asociando la alimentación a la nutrición. Belén no se dio cuenta hasta que al año siguiente fue a anotarse a la carrera.“La verdad es que en ese momento tenía una bronca… Pero como sabía lo que quería ser, volví a anotarme y me enfrenté al CBC de Ingeniería Química”, explica. Con Introducción al Conocimiento de la Sociedad y el Estado y Pensamiento Científico como únicas materias válidas, cursó de nuevo, terminó su segundo CBC y entonces sí comenzó la carrera.Soy ingeniera. El cartel que le prepararon cuando se recibió. (Facebook)Sin embargo, al poco tiempo, entendió que la UBA no le iba a resultar y que debía volver a cambiar: “Coincidió con que empecé a competir más fuerte en el exterior y se me complicaba, sobre todo por el tema burocrático”.Ante cada torneo, Belén debía esperar que el Decano recibiera la nota de la Federación de esgrima y la enviara a la Facultad, y ésta a los responsables de la materia. “Cuando llegaba al profesor, ya había pasado todo el cuatrimestre”, explica. Entonces, aprovechando su altura (1,80) y su físico, probó suerte en una agencia de modelos para poder pagarse la facultad privada. “Laburé de promotora y de modelo, hice alguna publicidad… ¿Viste el Salón del Automóvil? Bueno, yo era la que estaba parada al lado del auto. Era todo en pos del estudio”, remarca, con una sonrisa. Fue ese momento el que más le costó, porque debía repartir su tiempo entre la esgrima, el modelaje y la ingeniería, ya que la beca de la Secretaria de Deportes (todavía no existía el ENARD) no alcanzaba para pagar la UADE. Su otro ingreso llegaba a través del Ejército, donde es suboficial y lo representa en competencias internacionales.La suboficial del Ejército. Compite solo una o dos veces por año. (Facebook)Y no era mucho el tiempo que la esgrima le dejaba para todo lo demás. Con apenas un mes de descanso (agosto) y una temporada que se desarrolla casi íntegramente en Europa, por lo que a veces los viajes duran un mes y medio, Belén tuvo que acostumbrarse a viajar mucho y a estudiar sola. “Me bajaba libros de Internet, leía los apuntes, miraba tutoriales de YouTube… WhatsApp también ayudó, porque mis compañeros me mandaban todo lo que veían en clase por ahí”, relata.Belén Pérez Maurice se recibió de ingeniera en Alimentos. Realizó la carrera paralelamente con su carrera deportiva. (Foto: Germán García Adrasti)Cada vez que intentaba llevarse libros a los viajes, lo único que lograba era sumarle peso y restarle espacio a su ropa en la valija. “Me he llevado libros de viaje, pero a pasear. Me di cuenta después de que no tenía sentido -dice-. Así que los dejaba en casa y estudiaba entre torneo y torneo. Durante la competencia tenés toda tu energía ahí, más en la esgrima, por lo que tenés que pensar estrategias y tácticas y analizar videos. Y salís sola; no hay un equipo atrás”.Cada vez que volvía a la universidad, se acostumbró también a ser la alumna esgrimista. “Después de unos Juegos Olímpicos o Panamericanos, iba a cursar y los profesores decían: ‘Bueno, chicos, tenemos una olímpica’. Y todos se daban vuelta y me miraban”, recuerda.Belén Pérez Maurice combinó su carrera deportiva con la académica. (Foto: Germán García Adrasti) -¿Alguna vez te molestó? -A la semana siguiente de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 (fue bronce, al no alcanzar la final), fui a hacer una materia intensiva a Pinamar. Había perdido en las semifinales y un compañero me dijo: “Perdiste”. Y yo le contesté: “Y vos lo viste desde la televisión, tirado en tu cama”. Recién había perdido y tenía toda la bronca. Pero después todos mis compañeros fueron recopados y me ayudaron siempre un montón. -Entre tantos viajes y competencias, ¿pensaste en abandonar la carrera?-Ni quería pensar en aflojar. Ni que se asomara esa idea. Seguía automáticamente, como un caballo. “En algún momento va a terminar”, me decía. Así fueron los últimos cuatrimestres. En el único momento en el que paré fue antes de los Juegos Olímpicos. Igual lo intenté, porque siempre intento. Mi frase de cabecera es “yo puedo”, pero dejé todo y me di de baja en las materias.Apuntes. Belén Pérez Maurice, en un día normal de estudio. (Facebook)Así fue como la carrera le demandó más de una década, entre su paso por la UBA y la UADE. “Como máximo, llegué a hacer 3 o 4 materias por cuatrimestre, cuando está diseñado el plan con 5 o 6. Y en el último año habré hecho dos o una”, dice Belén sobre su forma de cursar.”Para recibirme me quedaban dos. La más difícil (Estadística Aplicada), en lugar de cursarla, la rendí libre. No es una materia muy común para rendir libre, pero dije: ‘Si yo sé estudiar de libros…’. Hablé con la profesora, me dijo más o menos cómo encararla, saqué el libro de la biblioteca y me puse a estudiar -relata-. Fue cuando paré en las vacaciones de esgrima y usé ese mes para prepararme para esta materia. La rendí rebien. Y me recibí con Materiales y Técnicas de Envase, que era más light y con menos carga horaria”.El título todavía espera. “Tengo que hacer 200 horas de práctica profesional y después tramitar el diploma. Pero las voy a hacer de a poco, así como hice la carrera”, bromea.Trabajo final. Belén con profesores y su compañera Sofia. (Facebook)Estudiar fue también una vía de escape. Le sirvió a Belén para salir de la competencia y de la exigencia por resultados “Iba a estudiar y era otro mundo”, explica. Y, al mismo tiempo, sus dos realidades se complementaban. “La esgrima me sirvió un montón para los exámenes. Me ha pasado que no llegaba a estudiar todo y pensaba: ‘¿Qué hago? ¿Cómo lo resuelvo?’. Y ahí aplicaba la lógica: si esto se hacía así, esto se hace así. Te da como una cancha para pensar y resolver situaciones que las pude aplicar en la facultad”, dice.“Cuando tenía que rendir orales o exponer y me ponía nerviosa, ahí me decía: ‘Si competí en dos Juegos Olímpicos, ¿cómo iba a tener nervios por un examen?’. De última, lo desapruebo y voy a estudiar de nuevo y vuelvo a rendirlo”, describe a la distancia.Y hubo otra ayuda probablemente inesperada para Belén: las entrevistas periodísticas. ¿Cómo? “Hablar de tu vida con gente que no conocés te da cancha para bajar un cambio y hablar cuando te pregunta un profesor -argumenta-. A mí me sirvió mucho mi carrera de esgrimista para mi carrera universitaria. Aprendés a convivir con frustraciones y alegrías. Es como una montaña rusa”.La sonrisa de Belén denota su felicidad por la tarea cumplida. (Foto: Germán García Adrasti) -¿Y ahora qué? ¿Te ves de ingeniera en un futuro cercano?-La Ingeniería en Alimentos es como un salvavidas para ese momento del retiro. No sabía si quería dedicarme después a enseñar esgrima y además me gusta mucho esa carrera. Durante la cursada, lo que más me gustaba era estar en los procesos, así que me veo haciendo controles de calidad. Igual no sé cómo me imagino. Antes planeaba todo: ahora hago esto, después lo otro… Si no era estructurada, no había forma de hacer todo. Tenía que tener horarios, cronogramas… Obviamente que me gustaría ejercer, porque le metí tantos años que no quiero que sea un papel colgado en la pared.En el laboratorio. Belén Pérez Maurice, durante uno de los trabajos en la facultad. (Facebook) Su rol en Buenos Aires 2018La esgrima siempre fue vista como un deporte elitista, pese a que un sable cuesta tanto como un buen par de botines y a que se puede practicar en varios clubes con sólo pagar la cuota social, como ocurre con el fútbol.Belén Pérez Maurice lleva con orgullo los pergaminos de haberse clasificado directamente a dos Juegos Olímpicos en un país donde la esgrima “no es muy tradicional”, como ella misma la califica, aunque Francisco Camet fue el primer deportista argentino en disputar unos Juegos Olímpicos (París 1900) y lo hizo, justamente, como esgrimista. Este año, en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires, la dueña del puesto 34 del ranking de la Federación Internacional de Esgrima podrá transmitir su experiencia en la alta competencia, ya que fue elegida por el COI para el programa Athlete Role Models.”Es un orgullo enorme. Yo sabía que iba a estar ayudando, pero creo que ésta es de la mejor manera en la que lo puedo hacer. Y tenía ganas de comprometerme mucho y pasarles mi experiencia a los más chicos. Estoy re contenta. Espero poder ayudarlos en todo lo que necesiten y contarles cómo fue mi camino hasta acá”, cuenta.Belén Pérez Maurice, con la francesa Cecilia Berder, en Río 2016.Foto: Reuters¿Qué hará Belén? “Vamos a tener actividades, algunos juegos, cosas que tengan un mensaje de fondo… También voy a darles charlas para que me puedan preguntar lo que quieran. Y vamos a estar en las ceremonias de premiación del deporte”, relata con orgullo.Hasta octubre tendrá tiempo de sumar nuevas experiencias. Acaba de participar en la Copa del Mundo en Baltimore y la espera la cita de Atenas, en marzo. “En Estados Unidos volví a sentir que estaba tirando bien; volví a sentirme en ritmo. Fue un torneo muy fuerte, con muchas chicas, ya que participaron 170, y quedé en el puesto 23. Si bien no fue mi mejor posición, volví a tener buenas sensaciones y eso me pone contenta”, se entusiasma. Su exigente temporada recién comienza.

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