David Lebón: “Este país navega como un barco a la deriva”

En una charla con David Lebón los temas se mezclan. Aparecen atropelladas las imágenes de su vida en EEUU, los años de Serú Girán y la espiritualidad. En un momento, cuenta que Ricardo Mollo le regaló la guitarra que usará en el escenario del Espacio Clarín. Lebón viene de editar “Encuentro supremo”, su último disco. Habla de la industria de la música en la actualidad y de la canción como algo que trasciende cualquier formato.-¿Por qué tocas poco en vivo?Me encanta tocar en vivo. Lo que pasa es que este país suele navegar como un barco a la deriva, que va y viene. Yo estoy esperando que ella -señala a su representante- me diga: “Hay un show”.-Hace poco estuvo Luis Salinas y dijo que editar discos no tiene más sentido. Y sólo ¿Por qué tocas poco en vivo?A mí me encantó cuando Sony me ofreció trabajar con ellos. Me parece que la compañía acompaña al músico y viceversa. Antes de eso, había hecho mi propio disco pero luego tuve que buscar quién lo distribuyera.-Los formatos cambiaron mucho también. Ahora se lanzan canciones de a uno y en servicios de streaming…Es cierto que los formatos cambiaron. Para mí el CD siempre fue como escuchar un Peugeot 504 con el techo abierto (hace un ruido estruendoso). La verdad que me da igual. ¿Sabés por qué? Lo importante es la canción. A la gente no le importa si la grabaste en stereo o en cuadrofónico. Se sientan, escuchan el tema y te lo cantan. O no.-Así de simple…Fijate lo que pasó con Serú Girán. Éramos cuatro tipos muy distintos. Charly García venía del palo clásico. Pedro Aznar era del jazz y el folclore. Oscar Moro sólo quería tocar rock. Y yo quería tocar sin hablar demasiado de las ideas.-Hablando de Serú. ¿Es cierto que a las chicas de Eruca Sativa les decís “Seruca”?Sí, me encanta su música y siempre me invitan a tocar. Hacen algo que yo no podría hacer y les sale muy bien, además de ser tres personas divinas. También con los Divididos nos invitamos mutuamente. Ricardo Mollo me regaló una guitarra que yo amaba; por supuesto que nunca se lo dije. Es el primer regalo que recibo desde un lugar muy importante de él: su corazón. Me emociona que tenga lugar para darle amor a un compañero.-¿Por qué no te gusta que te digan maestro?Antes hacía un chiste. Decía porque cobraban poco, pero me di cuenta de que era un chiste estúpido y dejé de hacerlo. No soy maestro. Nunca estudié música y no le podría enseñar a nadie música.El Espacio Clarín se llenó para ver a Lebón y su banda. (Foto: Mey Romero)De todas formas, alguna vez tuviste una escuela de música.Tuve una escuela de música y me fue muy bien. ¿Sabés por qué? Les enseñaba primero la canción y luego la teoría de por qué estaba hecha de esa manera. Por lo menos el pibe se iba a la casa con una canción aprendida y valía el dinero que había gastado.Algunos de tus nietos están haciendo música. ¿Qué te produce eso?Tengo una hija que canta lírico, un hijo baterista y nietos que están comenznado a hacer música. No me despierta nada en particular. Tengo un nieto que una vez dijo: “Abuelo, si vos estarías en venta serías carísimo”. Me adoran. Para ellos es importante que toque porque, de alguna forma, yo soy de ellos. Cuando me aplauden, ellos sienten que es un poco para ellos. Les agarra el orgullo. Yo los presento a todos. La verdad que estoy pasando un buen momento. Estoy contento. A veces, te preocuás porque a algún hijo tuyo le pasa algo. Antes me preocupaba porque nadie quería llevar a Moro en la ruta con la damajuana. Eran años muy locos.Hace unos días dijiste que tus amigos muertos te dejaron mucho trabajo. ¿Cómo es eso?Lo comenté como un chiste, después de toda la parte de dolor que pasó. Alguien me preguntó: ‘¿Qué te dejaron tus amigos?’ Se referían a Luis (Alberto Spinetta) y a Pappo. Yo contesté que me dejaron trabajo porque el público que iba a verlos a ellos ahora vienen a verme a mí. Por ejemplo, fue muy bueno que Luisito me haya dejado su público. Toda es gente hermosa que viene de lejos para ver un show.El año pasado también estuviste en el Espacio Clarín. ¿Qué recuerdos tenés de Mar del Plata?Muchísimos. Cuando era chico, venía en una camioneta Fiat que era así -pone sus manos a una distancia de 20 centímetros- en la que entrábamos un montón. Alquilábamos un departamento en el que todos dormíamos amontonados en el piso. Ahora rompimos el auto al venir. El seguro llegó en poco tiempo y solucionó todo. En aquellos años, podías estar cinco días esperando y nadie iba a buscarte.

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