Silicon Valley ahora apunta a reinventar y mejorar el funcionamiento de las ciudades

Por Emily BadgerSAN FRANCISCO — A pesar de toda la innovación y riqueza que se producen aquí, puede sentirse que esta ciudad no funciona del todo bien.El costo de la vivienda está totalmente fuera del alcance de maestros y cocineros. La desigualdad de ingresos es una de las más grandes en Estados Unidos. La crisis de las personas sin hogar nunca parece menguar. El tráfico es un desastre. En días malos, el transporte público también lo es.San Francisco alberga muchas empresas tecnológicas, pero no funciona con eficiencia (Basil Childers para The New York Times).“Podría ser mucho mejor”, dijo Ben Huh, quien se mudó a San Francisco en 2016 tras dirigir el imperio del blog Cheezburger en Seattle.En la desquiciante brecha entre cómo funciona este lugar y cómo los inventores e ingenieros aquí creen que debería funcionar, muchos se han enamorado de la misma idea: ¿y si las personas que construyen circuitos y redes sociales también pudieran construir ciudades?Huh lidera un proyecto iniciado por Y Combinator, una incubadora de empresas nuevas, para explorar la creación de nuevas ciudades. En octubre, Sidewalk Labs, una compañía de Alphabet, anunció que haría sociedad con una agencia gubernamental en Toronto para reurbanizar un tramo de la ciudad “desde Internet para arriba”.Para otros en el sector tecnológico, fantasear con ciudades nuevas se ha convertido en una ocupación secundaria. Sueñan con utopías de autos sin conductor, modelos radicales de propiedad, casas impresas en 3-D y rascacielos armados en días.¿Y si las personas que construyen circuitos y redes sociales también pudieran construir ciudades?“La gente en el campo tecnológico —por mucho que la gente pueda hablar sobre la forma provinciana de su enfoque— merecen crédito por pensar más allá que cualquiera en el gobierno en este momento”, dijo Paul Romer, ex economista jefe del Banco Mundial, cuyas ideas (y TED talks) sobre nuevas “ciudades charter” han influenciado a algunos en la tecnología.Si se toma literalmente la afirmación del economista Ed Glaeser en “El triunfo de las ciudades” de que las ciudades son nuestro mayor invento, debería ser posible reinventarlas.Los esquemas de ciudades utópicas rara vez han tenido éxito. Pero es difícil exagerar el grado al que los emprendedores tecnológicos ven la ciudad de maneras casi irreconocibles para cualquiera que ya esté trabajando en problemas urbanos.En una visita a Dubrovnik, una ciudad portuaria en Croacia, Huh se sintió inspirado por las calles estrechas y la arquitectura de Viejo Mundo. Y las nuevas ciudades que describen él y otros en la tecnología no son tan diferentes de lo que muchos urbanistas abogan. Quieren crear vecindarios donde la gente pueda caminar, pero alrededor de líneas de hyperloop que viajen más rápido que cualquier tren bala. Se enfocan en viviendas económicas, pero la falta de ellas les parece menos una cuestión de política que un problema que se puede resolver con mejor tecnología de construcción.“No hemos afectado las piezas fundamentales de la infraestructura y la sociedad”, dijo Huh. “Las hemos mejorado”, agregó, señalando su laptop. “Hemos mejorado las cosas nuevas. No hemos mejorado las cosas viejas”.El dinamismo de una ciudad se deriva de sus i­neficiencias, de gente e ideas que colisionan de forma imprevisible.Al pensar en cómo hacer eso, las personas en el campo de la tecnología valoran los “primeros principios”, que sugieren que la conciencia histórica y la experiencia tradicional pueden obstaculizar las ideas innovadoras. El enfoque ha funcionado antes. Uber no existiría si Travis Kalanick hubiera empezado por investigar cómo eran regulados los taxis en todo el mundo. En lugar de ello, Uber produjo un servicio que violó esas reglas.Con las ciudades, esto significa eliminar las historias de otras utopías, los códigos de construcción que dan forma a San Francisco y la dinámica política que bloquea el cambio.“Hoy los seres humanos viven en ciudades que son el equivalente a los celulares con tapa”, dijo Jonathan Swanson, fundador de la compañía Thumbtack, que conecta a consumidores con profesionales como pintores de casas y oficiantes de bodas. Si alguien construyera una mejor versión de San Francisco —el iPhone X de las ciudades— a dos horas de distancia, la gente aquí exigiría esas actualizaciones, dijo. Una nueva ciudad podría beneficiar a millones que no viven ahí.“Cuando hay competencia, tienes iOS contra Android o Lyft contra Uber,” dijo Swanson.“Pero una ciudad no es optimizable a su nivel fundamental”, dijo Nicholas de Monchaux, autor de “Spacesuit”, que describe los intentos fallidos en los años 60 de aplicar conceptos de la era espacial a las ciudades. El dinamismo de una ciudad se deriva de sus i­neficiencias, de gente e ideas que colisionan de forma imprevisible.Tampoco está claro para qué se optimizaría una ciudad completa. Se puede optimizar para viviendas económicas, pero podría resultar en una ciudad más concurrida de lo que muchos residentes querrían. Se podría diseñar para que cada hogar reciba luz solar, pero eso podría significar que la ciudad no sea lo suficientemente densa para albergar diversos restaurantes y transporte público.Estos toma y dacas requieren elecciones políticas. Así que los tecnólogos que esperan evadir la política están destinados a enfrentarla de nuevo.Sidewalk Labs, de Alphabet, parece estar lo más cercano a crear algo. La compañía, dirigida por el ex vicealcalde de Nueva York Dan Doctoroff, concluyó que no necesitaba empezar de cero para innovar de verdad.Con demasiadas personas o edificios ya instalados, nunca podría instalar una red de energía o probar lo que sucede si se prohíben los autos privados. Pero una ciudad independiente en medio de la nada no funcionaría, dijo Doctoroff, porque la gente no querría mudarse ahí.“El movimiento de las ciudades inteligentes como un todo ha sido decepcionante en parte porque es difícil hacer las cosas en un entorno urbano tradicional”, dijo Doctoroff. “Por otro lado, si eres completamente irrespetuoso de la tradición urbanista, no creo que sea particularmente replicable. Y quizás sea bastante ingenuo”. “​ La cuestión de primer orden es cómo podemos producir masivamente viviendas de plástico para los barrios pobres de una manera que sea sanitaria y muy, muy barata.Ed Glaeser, economista y autor de El triunfo de las ciudades Toronto tenía lo que Sidewalk Labs había estado buscando —casi 325 hectáreas de costera subutilizada que podrían reinventarse como un vecindario, si no es que una metrópolis completa, con autos sin conductor, construcciones prefabricadas y canales subterráneos para entregas robotizadas y recolección de basura. La compañía se encuentra en medio de un año de reuniones públicas en torno a una fase piloto del proyecto. Sidewalk Labs podría convertirse en un planificador maestro para todo el sitio, junto con una organización gubernamental que lo administre.Huh no dijo qué forma tomaría finalmente el proyecto de Y Combinator. El grupo no ha anunciado un terreno o un socio gubernamental. Pero Huh describió el esfuerzo como un “lanzamiento constante a la luna”.Es posible que el mayor impacto de la tecnología no provenga del hyperloop ni de las nuevas ciudades norteamericanas. Podría darse en el mundo subdesa­rrollado, donde algunos economistas esperan que los constructores de ciudades potenciales dirijan sus ambiciones.Glaeser, el economista, plantea una pregunta menos provocativa —pero quizás más productiva— que cómo construir un mejor San Francisco. “La cuestión de primer orden es cómo podemos producir masivamente viviendas de plástico para los barrios pobres de una manera que sea sanitaria y muy, muy barata”.© 2018 The New York Times

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