La hija del exespía ruso habría sido usada para envenenarlo

Fuentes de los servicios de inteligencia británicos están convencidos de que el agente nervioso “Novichok” con que el excoronel de la inteligencia rusa Sergei Skripal fue envenenado el pasado 4 de marzo, estaba escondido en el equipaje de Yulia, su hija de 33 años. Los investigadores trabajan ahora en la teoría de que la toxina fue impregnada en una prenda de vestir, cosméticos o en un regalo que su padre abrió en su casa en Salisbury.

Paul Mills, subjefe de la policía de Wiltshire, reveló que 131 personas podrían haber entrado potencialmente en contacto con el agente nervioso mortal, y que estaban siendo monitoreados por las autoridades de salud por teléfono a diario. También dijo que 46 personas fueron al hospital de Salisbury expresando inquietudes desde el incidente. Los rastros del agente nervioso utilizado para matar a Skripal podrían permanecer en el lugar durante meses.

Sergei Skripal fue condenado por espiar para Gran Bretaña en 2006, pero llegó al Reino Unido en 2010 en un intercambio de espías. Una de las personas más afectadas es el sargento detective Nick Bailey, que está internado en estado grave en el hospital de Salisbury y que habría tomado contacto con los tóxicos mientras hacía investigaciones en la casa de Skripal y no en el centro comercial donde padre e hija colapsaron.

El estado de Bailey refuerza la creencia de que el agente nervioso fue llevado a la casa por Yulia Skripal, quien llegó al Reino Unido el sábado 3 de marzo en un vuelo procedente desde Moscú. Según The Telegraph, era muy sencillo para los asesinos entrar en el apartamento Yulia en Moscú y plantar el agente nervioso en su equipaje. Nadie podría tener mayor contacto con Skripal y podría levantar menos sospechas que su propia hija.

Al día siguiente de la llegada de Yulia a Salisbury, ella y su padre condujeron su auto hasta el centro de la ciudad, estacionaron en la calle Sainsbury a la 1.40 de la tarde y fueron al pub “Bishops Mill” y luego al restaurante “Zizzi” antes de desplomarse en un banco. De esta forma, quienes estuvieran detrás del asesinato de exagente ruso no serían jamás vistos por cámaras de seguridad.

Los agentes nerviosos “Novichok”, cuyos rastros fueron encontrados en el auto de Skripal, el pub y el restaurante, son una especialidad de tóxicos poco conocidos fuera de Rusia y particularmente peligrosa. La propia primera ministra británica, Theresa May, confirmó que el arma usada contra Skriptal y su hija Yulia, “es un agente nervioso de grado militar de un tipo desarrollado por Rusia”.

Creado por científicos soviéticos en los años 1970-1980, durante el final de la Guerra Fría, los expertos occidentales saben muy poco sobre estas temibles armas químicas, y mucho menos de los posibles antídotos. “Hay muy poca información sobre la química que hay detrás de esto”, señaló la química y criminalista británica Michelle Carlin, de la Universidad de Northumbria, al Telegraph.

Según esta experta, “el modo de actuar del agente Novichok no es completamente comprendido por el momento, y la gravedad de sus efectos parece ser mayor que la de los conocidos hasta ahora”, agregó. Estos agentes son contaminantes que atacan el sistema nervioso, en particular las enzimas encargadas de la comunicación con los músculos.

Las consecuencias del ‘recién llegado’ o ‘el extraño’ en el organismo parecen no diferir mucho de las de otros agentes nerviosos. Según la agencia rusa Sputnik, el Novichok “bloquea las funciones motoras principales y causa daños severos en el sistema nervioso. Provoca convulsiones, pérdida del conocimiento, comas y muerte por asfixia”.

Según medios rusos, estos agentes Novichok fueron concebidos por los científicos soviéticos del Instituto Público de Química Orgánica y de Tecnología GNIIOKhT, creado en Moscú en 1924, y clasificado como una sociedad estratégica por decreto presidencial en 2004. Este instituto se especializó recientemente en la destrucción de stocks de armas químicas rusas.

El New York Times informó que Rusia “utilizó una de las instalaciones de pruebas de armas químicas más grandes de una de las antiguas repúblicas soviéticas” para investigar y probar variaciones del Novichok. Entre 1999 y 2002, la planta Nukus, en Uzbekistán, se desmanteló y se descontaminó con ayuda de Estados Unidos después del colapso de la Unión Soviética y de que Uzbekistán renunciase a las armas de destrucción masiva.

No existe otro origen conocido para estos agentes, y fue eso lo que llevó a Theresa May a estimar como “muy probable” la implicación del Kremlin en el envenamiento del “traidor” Skripal. Estados Unidos apoyó a Gran Bretaña, y el exsecretario de Estado, Rex Tillerson, expresó su “confianza total en la investigación de Reino Unido y en su evaluación de que Rusia es el probable responsable del ataque”.

La hipótesis fue validada en la prensa británica por uno de los “padres” de los agentes Novichok, Vil Mirzaïanov, de 83 años. “Solamente Rusia puede hacer eso (…) Fue una demostración deliberada de Vladimir Putin de su poder contra sus enemigos”, declaró al diario The Telegraph este químico exiliado en Princeton (Estados Unidos). Sus declaraciones sobre los efectos fisiológicos de este gas nervioso son escalofriantes: “Es una verdadera tortura, es imposible de imaginar. Incluso en dosis muy bajas el dolor puede durar semanas”, reveló al Daily Mail.

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