Pensar la obra como el espacio de una sala

Una ironía circulaba de una vereda a otra el día de la inauguración de las muestras de Fernando Brizuela y Andrés Toro en Cecilia Caballero y Andrés Azcuaga en Miranda Bosch. El medio es el montaje, bromeaba uno de los protagonistas parafraseando a Marshall McLuhan en alusión a la doble condición de artistas-montajistas de los tres que justamente coincidían en ambos espacios al despuntar la temporada.Probablemente esta condición no abarque al medio en su totalidad, como sugería la broma, pero lo cierto es que hoy, como nunca antes, muchos artistas pueden compartir sus proyectos creativos con esta otra actividad (cada vez más requerida) que contribuye a su sostén económico y además, lo que es muy importante, les habilita una gran libertad creativa.En este caso es posible advertir cuánto de esa práctica profesional se desliza de un modo al interior de la obras – tal el caso de las piezas de Toro– y cuánto define la calidad de la presentación, como en Brizuela y Azcuaga.Es innegable que el conjunto de piezas de este último artista, que puede verse ni bien uno se aproxima en estos días a la amplia vidriera de la galería Miranda Bosch, ha sido concebido por alguien con un ojo adiestrado en la relación fundamental que cada pieza establece con el espacio, y con el conjunto, que le asigna allí un lugar preciso. La adecuación complementaria del formato de algunas pinturas a ciertos detalles de la arquitectura resulta impecable. A punto tal que sugiere que el montaje, tal como ha sido planteado, es una obra en sí misma de la que el exquisito tratamiento de la superficie pictórica es solo una parte que en cada caso propone distintos juegos de percepción.Andrés Arzuaga. s/t. Óleo sobre tela. 140 x 110 cms. 2017En el subsuelo de la galería Cecilia Caballero, Andrés Toro también ha trabajado significativamente el espacio aunque de modo bien distinto y más restringido. Aquí el artista ha jugado con la idea de la caverna, aunque en este caso, la alegoría de Platón parecería dar paso a un ámbito de “iluminaciones profanas”, como las denominó Walter Benjamin en la era del cinematógrafo.En ella conviven un video artesanal realizado a partir de distintos elementos de uso cotidiano, y proyectado en un viejo televisor, ante un esquema de antiguas butacas de cine; un urinario, “auráticamente” iluminado, en tanto cita modificada de la célebre “Fuente” de Marcel Duchamp, hoy sacralizada en su condición de hito de la historia del arte contemporáneo; y una serie de cuadros con figuras que evocan sombras chinescas, realizadas con los típicos guantes de látex blancos y negros, utilizados para manipular obras en las tareas de montaje. Con estos elementos significantes, el espacio de la “caverna” de Toro se aleja, en los hechos, de la la Idea platónica, en tanto se aproxima mucho más al universo de lo sensible propio del juego de lo inesperado y la magia.Por su parte, y más estrechamente aferrado al sentido que propone el título de la muestra N.O. (Nuevas Obras) instalado en la escena como negación, Brizuela plantea un doble conjunto de acuarelas que enfrentan distintas “especies” entre sí. Este artista, que ha evocado en la estética de sus acuarelas los relevamientos de los pintores naturalistas decimonónicos, suma aquí las interpretaciones polisémicas de la palabra “gabinete”, que puede aludir a un repertorio de imágenes u objetos coleccionables(gabinete de dibujos, grabados o curiosidades) tanto como a un gabinete de ministros. Y dado el curso de los actuales acontecimientos históricos (que el artista lamenta) cabe suponer que se inclina por asimilarlo a la versión gabinete de “curiosidades”.Andrés Toro. “Eclipse”. Madera, vidrios, guantes de nitrito. 59 x 49 cms. 2018. El “gabinete” de Brizuela, entonces, está integrado por una serie de gorilas, precisamente figuras de una fuerte presencia en la iconografía de su obra, que no puede ser leída fuera del sesgo ideológico que tiene en el universo de la política nacional. No por mero azar decide montar esta serie enfrentada a una serie de bocas representadas en el momento de decir NO. Para este integrante del equipo de montaje de Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, donde trabajó junto a Toro por años, la idea de recuperar un viejo edificio abandonado, originalmente concebido para la Universidad Nacional de Tucumán y convertirlo en el MUNPA (Museo Nacional de Plantas Alucinógenas) es una vieja aspiración.Brizuela imagina esa institución, que él mismo dirigiría, con una terraza habitada por plantaciones de Cannabis. En la muestra puede verse una maqueta del proyecto y una serie de acuarelas, que también guardan sintonía con la sensibilidad de las representaciones naturalistas que se realizaban en el siglo XIX.

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