La juventud más allá del consumo

Una nueva edición de Les Avants-Premières, el festival de preestrenos franceses que cumple diez años, implica un acercamiento a un cine que cada vez tiene menos llegada a nuestras salas. Suena a queja típica, pero el cierre de Distribution Company, una distribuidora clave a la hora de una opción que no sea Hollywood, es una señal grande de alerta. Les Avants-Premières tendrá funciones en el Cinemark Palermo hasta el miércoles que viene (día de comienzo del 20 Bafici) y posee 15 películas en sus filas (que incluyen Madame, Monsieur & Madame Adelman, Yo Godard, La aparición, Basada en hechos reales, Si pudieras ver su corazón y más). El gran invitado es Laurent Cantet, un director que fue novedad con grandes películas como Recursos humanos y El empleo del tiempo, que es un eterno visitante de la ciudad y que ahora estrena El atelier el próximo jueves.

—Su cine ha sido definido como humanista, que intenta comprender distintos aspectos de la vida moderna dentro de las instituciones. ¿Qué piensa al respecto?

—Intento siempre describir la complejidad del mundo. Las dificultad que posee cualquier ser humano a la hora de vivir en este mundo, y elijo hacerlo a través de mis personajes. Eso me permite compartir junto a ellos una mirada sobre el mundo, y así no devenir solamente teoría y compartir esa incomodidad del ser humano en la sociedad.

—¿Cuál es la razón por la que su cine pasó a ocuparse, como protagonistas, de los adolescentes antes que de los adultos?

—Empecé a mirar, a notar, el poco lugar que les damos realmente a los jóvenes en el mundo. Esto lo empecé con La clase, ahí fue donde me di cuenta de lo mucho que tenían para decir, de lo relegados que están aunque no nos demos cuenta. Creemos que el mundo está hecho para los jóvenes, pero cuando hablas con ellos no lo sienten así. También me interesa mucho este tema, porque me interesa ese instante donde uno se convierte en ciudadano. Supuestamente todo es posible. Pero las opciones, las elecciones que uno puede hacer, lamentablemente no son tan libres, y tener un verdadero futuro está más cerca de un privilegio, esa apertura al mundo no es tan posible para todos los jóvenes. Me pregunto hasta qué punto los adultos no están ciegos sobre que los jóvenes realmente son el mañana. Siempre se los considera idiotas, sin cultura, y lo que hacen es construir una nueva cultura.

—En ese sentido, ¿cómo ve lo que está sucediendo en Estados Unidos con las marchas organizadas por los jóvenes que fueron parte de la masacre de Parkland?

—Es un ejemplo claro de lo que hablo. Y es algo que queda en claro en lo que hago ahora y que aquí es fácil de ver: la potencia de los medios de comunicación. Emma Gonzalez se convirtió en un ícono mundial en pocas horas. Es un poder que a mí me da miedo en cierto punto. Quizás que el mundo sea tan rápido, sin matices, para mí implica frenar un poco, pensar, y eso no anula la reacción inmediata, pero sí obliga a ser más sensatos.

—En su película, la violencia de los jóvenes, que es visible en el protagonista desde su xenofobia, no es juzgada: se muestra a alguien que necesita canalizar odio. ¿Por qué elegís mostrarlo así?

—Es lo que intento hacer siempre: evitar el juicio, evitar juzgar. Lo intenté con más fuerza en Antoine, porque para mí la película habla del juicio de valor superficial con que los adultos observan a la juventud. No quería crear un personaje inaceptable por sus acciones, como cuando finge apuntar a los gitanos o escribe cosas inaceptables. Quería mostrar su costado humano, sus ganas de seguir. Lo inaceptable no define a un adolescente: lo tiene a pesar de él. Para ilustrar eso, tengo un ejemplo. El actor protagonista me dice: “Tengo un problema con Antoine: es un hijo de puta pero me cae bien, y me siento culpable de que me caiga bien”.

 

Dinosaurio en lucha

—Estas películas son para adolescentes, y el mundo cree que les habla a los adolescentes desde el entretenimiento, del cine juvenil, pero pareciera que usted los piensa como otra cosa que consumidores. ¿Por qué?

—Qué suerte que se viva así. Yo me hago muchas preguntas acerca de cada tema sobre el que filmo. Tengo muchas preguntas sobre este tema, pero no las respuestas. Odio el tipo de cine que te lleva de la mano y obliga a un recorrido y a entender de tal forma. Quiero películas que me hagan pensar días después de verlas.

—¿Cómo ve el estado actual del cine?

—Creo que habría que plantear preguntas más interesantes, una posición moral (no de moralidad, sino sin conceptos previos, sin juicios ideológicos) que permita a los personajes existir en sí y dar lugar a la reflexión.

—¿El cine ha perdido con el crecimiento de Hollywood y la proliferación de los festivales, y eso ha condenado a la presencia en salas comerciales de otro tipo de película?

—Creo que sí, estamos pasando por una crisis muy fuerte, hasta en la manera de consumir las películas. Tal vez nosotros somos dinosaurios que luchan por algo que ya no existe, pero me opongo a una visión del mundo que solo es mejor gracias al entretenimiento. Está bien divertirse con el cine. Pero necesitamos lugares para otras cosas. Todo tiene que convivir. Yo pienso mi cine desde los géneros, en este caso desde el thriller, aunque ya dije qué es lo que busco. No quiero gritar consignas. Quiero que se piense sin ser programático.

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