Las incomodidades del Sr. Facebook

Un par de negaciones a un par de preguntas sencillas ha desnudado que Zuckerberg, creador de Facebook, no ha tenido ni tiene control sobre su creación cuando su aparentemente inocente plataforma se convierte en una playa de maniobras para la manipulación política y comercial.Fuera de tiempo quedó la pregunta más inquietante, entre las muchas que hay, presentada durante la comparecencia de Zuckerberg en el Congreso de EE.UU.: ¿quién nos va a proteger de Facebook? Quedó sin respuesta.La simple pregunta del senador demócrata Richard Durbin, en el tono mesurado que corresponde a los temas inquietantes y que la anticipación de la respuesta segura incrementa fue: “Señor Zuckerberg, ¿le incomodaría compartir con nosotros el nombre del hotel en el que estuvo anoche”?Zuckerberg titubeó sonriendo, comprendiendo al mismo tiempo dos cosas: que sólo podía responder que no y que se hallaba con una inteligencia a su nivel. Segunda pregunta: si podía compartir los nombres de con quiénes se había comunicado en la semana. Renovó sonrisa, titubeo y dijo: probablemente no.Durbin, que es un muy influyente y veterano senador resumió: “Creo que por el momento esto es todo”. Desnudó al que se metió en la privacidad de los demás, pero salvaguarda la propia, desnudando su modelo de negocios.No se puede saber por estos cuidados descuidos hasta dónde influyó su cliente Cambridge Analytica en las elecciones norteamericanas que llevaron a Trump a la Casa Blanca y que en Gran Bretaña influyeron en el Brexit. Sí se sabe que decenas de facebookers fueron infiltrados.El dueño de Facebook, que se preparó meticulosamente para esta declaración, quiso transmitir humildad y reconocimiento de errores por el crecimiento extraordinario de su plataforma. Y apuntó más allá. Quiso dejar claro que, en todo caso, el contenido es responsabilidad del usuario.El debate es sobre privacidad pero también sobre responsabilidad. Detrás del discurso de la horizontalidad y la democratización de la red está la realidad de la manipulación abierta sin responsabilidad alguna.Estamos frente a un debate muy interesante porque la forma en la que se intente regular este tipo de plataforma puede significar el avance sobre otros derechos democráticos. O las mordazas informativas a las que se trata de recurrir cuando se carece de respuesta apropiada para estos interrogantes.El interrogatorio en el Congreso de EE.UU. nos revela también a nosotros que hay algo superior a las chicanas en la política, como es un interrogatorio inteligente, sereno y profundo. Hemos tenido un ejemplo hace poco.Hay otra cuestión que subyace en la concurrencia de Zuckerberg y es la disputa por el poder entre Silicon Valley, donde se asientan las empresas de tecnología, con Washington (poder político). En este momento, cinco de las ocho empresas más grandes del mundo provienen de la costa Oeste de EE.UU.Un irónico comentario en The New York Times de ayer ilustra el ánimo de los medios de la costa Este enfrentados con Facebook. Dice que los legisladores están más propensos a criticar a otros centros de poder pero actúan como entusiastas porristas cuando se trata de las compañías de tecnología.No parece ser este el caso para ese ácido comentario. Tampoco es suficiente el “lo lamento” con que Zuckerberg, con traje y corbata, quiso seducir a sus interrogadores.

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