El sello de Mauricio Wainrot viaja a Canadá

El 2 de mayo el Royal Winnipeg Ballet de Canadá llevará nuevamente a escena Carmina Burana, del coreógrafo argentino Mauricio Wainrot, ex director del Ballet Contemporáneo del San Martín: “Es la quinta vez que se presenta allí desde que se estrenó en 2002”, dice Wainrot en su departamento porteño. Es un éxito tan grande como el ballet Cascanueces… o más. Esta vez no viajé a montarla, ni tampoco mandé asistente desde aquí, porque los cuatro primeros bailarines del Royal Winnipeg que trabajaron conmigo en todos estos años, ahora son asistentes de la compañía y confío totalmente en ellos.-¿Qué características tiene la compañía?-Es una institución enorme, con su propia escuela de mil alumnos y, como el resto de las grandes compañías de ballet internacionales, está compuesta por bailarines de todas partes.El coreografo y ex bailarin y una foto en Bordeaux, donde presentó “La tempestad”. (Emmanuel Fernández).-¿Cuándo fue creada?-En 1937 y es la más antigua en funcionamiento de todo Norteamérica, esto quiere decir, incluido Estados Unidos. Fue creada por dos señoras inglesas, misioneras, que abrieron una academia de danza y luego una compañía de ballet en medio de la nada; porque Winnipeg, si mirás en el mapa, está en medio del Canadá, un país que tiene más de cuatro veces el tamaño de la Argentina. De Winnipeg al Polo Norte no hay absolutamente nada. Cuando llegan los vientos en invierno, las temperaturas alcanzan los 40º bajo cero. Yo viví en Winnipeg hace años, cuando fui primer bailarín invitado de la compañía y hasta hoy la población no supera el millón de habitantes. Lo más conocido de Winnipeg en el mundo es su compañía de ballet. Durante 30 años tuvo un director excelente, Arnold Spohr, que la llevó a una cima nacional y a un reconocimiento internacional.-Volviendo a Carmina Burana, ¿qué representa para vos esta obra?-Es muy vibrante, tiene cierta espectacularidad por su fuerza, por el vestuario y la escenografía de Carlos Gallardo y por la música que es tan reconocida. La monté al menos en diez compañías con mucho éxito. Y siempre, en todos lados, con orquesta y coro en vivo… En todos lados, excepto en la Argentina. Un lugar fantástico para hacerla aquí sería el Teatro Colón, con orquesta y coro, porque creo que es el lugar que la obra se merece. El Ballet del San Martín la llevó a escena muchas veces pero con la música grabada. Y también se hizo en la 9 de julio frente a 20.000 personas. Emocionante.Carmina Burana.-¿Cómo nació la idea de crear una coreografía sobre la partitura de Carl Orff?-Fue a pedido. En realidad nunca creo obras a pedido e hice solamente dos: una fue Carmina Burana y otra una pieza para los Ballets Jazz de Montreal, que nunca terminó de cerrarme. Carmina Burana era una partitura tan conocida que jamás había pensado en ella. Pero en 1999 el director del Ballet Real de Bélgica –yo era coreógrafo residente- me dice: “Nos piden una Carmina para una gira por toda Europa y quiero que la hagas vos porque sabés mover grupos como nadie”. Le contesté que no me gustaba mucho la música. Él insistió en que volviera a escucharla. Nunca me había puesto detenidamente y me entusiamé. Fue increíble el reconocimiento que tuvo desde el momento del estreno. Por otra parte los bailarines, en cualquier compañía, aman hacerla y eso es siempre muy gratificante para un coreógrafo. ¿Qué fuiste encontrando a medida que escuchabas la música? En principio, no me interesaba hacer una obra histórica, es decir basada en los textos. En general, lo que más me atrae para comenzar a crear es la atmósfera particular que tiene cada compositor, aquello que sería la firma o la marca en un pintor. Y Carmina Burana tiene algo especial que es su fuerza. Me gustaba por otra parte que estuviera dividida en escenas como Fortuna, La taberna, La primavera, La corte del amor. No quería contar la historia de los monjes; porque Carmina Burana es una recopilación de canciones profanas encontradas en Alemania y cantadas en alemán y en latín. Eran, para su condición de monjes, relatos atrevidos sobre los placeres de la vida. Pero la literalidad no me atraía y en general no me atrae.

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