Los riesgos del plan económico

Por: Walter Graziano, economista.Todos los meses somos bombardeados con una gran cantidad de datos económicos de diversa índole. Datos sobre inflación, crecimiento, déficit fiscal o balanza de pagos llenan los titulares de los diarios y reciben comentarios por toda la prensa especializada.Desde hace ya varios meses se ha instalado en el mercado la tendencia a pensar que, mientras los datos sobre inflación son más que preocupantes, las cifras de crecimiento son aceptablemente buenas. ¿Cómo saber entonces en qué Argentina estamos? ¿Estamos mal, pero vamos bien, o hemos equivocado totalmente el camino y es necesario un viraje a tiempo?La única manera de saberlo es poner en contexto cada cifra y relacionarla con las demás. Veamos: Se sabe que el déficit fiscal es de 9,8 % del PBI (4,2% de déficit operativo del Tesoro, 2,3 % de intereses de la deuda del Tesoro y 3,3% de déficit de intereses del Banco Central). Esa, entonces, es la pérdida anual en la que incurre el Estado en su afán de hacer crecer a la economía. La contrapartida de ese enorme esfuerzo que el Estado realiza es la tasa de crecimiento de la economía, cuya última estimación había sido 2,7% anual en 2018.En otras palabras, el Estado pierde anualmente el 9,8 % del total del tamaño de la economía (cerca de unos US$60.000 millones anuales) para producir un beneficio general del 2,7% anual (unos US$16.000 millones anuales).Por lo tanto, el Estado está generando una pérdida neta de US$ 44.000 millones anuales aun teniendo en cuenta el crecimiento. Se pierde el 7,1% del PBI debido a la actividad estatal. Curioso esto: en primer lugar, casi se ha acabado con los subsidios en las tarifas públicas y el déficit, tanto bruto como neto, ha aumentado en vez de bajar. Y en segundo lugar, las autoridades debieran cuidarse antes de hacer públicamente loas a la tasa de crecimiento, dado que por cada cuatro pesos que el Estado invierte en hacer crecer la economía, a duras penas se recupera uno.​¿Puede sostenerse una pérdida de US$60.000 millones anuales para que la economía crezca US$ 16.000 millones?​Con tales cifras de déficit fiscal y crecimiento, cabe concluir que difícilmente el Estado pueda hacer algo más en la economía que redunde en crecimiento, y además, que este crecimiento está artificialmente “inflado” por una incesante actividad estatal. Digamos que, con suerte, puede pensarse en seguir creciendo a este ritmo bastante débil si se puede sostener este déficit en el tiempo. Y esta es la duda central: ¿Puede sostenerse una pérdida estatal de US$60.000 millones anuales para que la economía siga creciendo apenas US$16.000 millones anuales? ¿Cuánto tiempo? Aquí es donde entran en juego otras estadísticas que recibimos mes a mes.Un déficit, sea de una familia, una empresa o el propio Estado, es sostenible en el tiempo si y solo si existen recursos disponibles para que el mismo sea financiado. De otra manera es imposible pensar en la continuidad temporal de la política económica y hay que pensar que o bien las autoridades cambian de raíz el esquema económico, o que el esquema económico se encarga de cambiar por sí solo con o sin la bendición de las autoridades. ¿Y cómo puede financiarse esta pérdida de 9,8% del PBI que hoy sostiene el Estado? De dos maneras: en pesos o en dólares.Financiar la pérdida bruta y neta estatal con pesos implica emitir base monetaria a un ritmo febril. Si se tiene en cuenta que hoy estamos rondando una inflación del 25 % anual, es casi trivial suponer que intentar emitir al ritmo necesario para financiar al Estado implica llevar la tasa de inflación a niveles superiores al 40% o 50 % anual. Pero eso no es lo peor. Lo peor es que para que sea sostenible en el tiempo sería necesaria una inflación año a año creciente, lo cual no es ni social ni económica ni políticamente posible ni aceptable.Queda entonces una única vía posible: financiar una gran parte del 9,8% de déficit fiscal en dólares. Pero ello dependerá de la disponibilidad de dólares. El termómetro de la disponibilidad rápida de dólares es el déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos: o sea la suma del superávit o déficit comercial más los intereses, dividendos y regalías que hay que pagar al exterior. Esta cifra estaba dando guarismos fuertemente positivos durante la primera parte de este milenio, lo que marcaba la disponibilidad fácil de divisas para financiar crecimiento. Pero con el paso de los años la erosión ha sido muy marcada, de manera tal que hoy Argentina padece un déficit de cuenta corriente de balanza de pagos del orden del 5,5% de su PBI.Mirá también Caputo y Dujovne llegaron a EE.UU. para impulsar el G-20 y conseguir inversionesDicho de otra manera, los dólares que antes fluían casi espontáneamente en la economía y estimulaban el crecimiento ahora no solo no llegan, sino que hay un agujero de US$33.000 millones anuales que tapar con préstamos del exterior solo para “salir empatado”, o sea, para no perder reservas del Banco Central, las cuales, en torno a los US$60.000 millones, dicho sea de paso, equivalen a un solo año de déficit estatal. Dato clave este: el déficit estatal de un año equivale a todas las reservas del Banco Central. Vale decir que se necesita una combinación de tres factores: emisión de pesos, entrada de préstamos en dólares del exterior y descenso de reservas del Banco Central para sostener los gigantescos US$60.000 millones que en solo un año el Estado pierde en aras de crecer… sólo un 2,7% anual.Si se medita un rato esta situación y se examinan las cifras con cuidado, cae de madura que la actual situación es mantenible solo un corto período de tiempo. El propio ministro Caputo dijo en el Congreso que esta situación no es sostenible ni siquiera por cinco años. O sea que no llega hasta el final de un eventual segundo mandato del presidente Macri. No lo decimos nosotros, lo dijo Caputo en el Congreso.Las ventas diarias de dólares que realizó el Banco Central hasta incluso fechas muy cercanas a la entrada de la cosecha marcan con claridad que ya estamos en este pleno proceso que incluye emisión, pérdida de reservas y toma de endeudamiento para sostener una situación que no es sostenible por largo tiempo. No ya por los cinco años que el ministro negaba como posibles, sino que estamos metidos en un esquema económico que no es perdurable, probablemente, ni siquiera por dos años.

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