¿Boda sólo para las “buenas”?

La carta es real, está escrita a mano y firmada por todas partes, son más de veinte firmas, todas de mujeres: Violeta, Linda Rosa, Olinda. El papel está doblado en cuatro y amarillento. Tiene que ser del año ’40 ó ’41. Hay una portada que orienta: “A nuestra querida amiga TAL, sus compañeras”. Son sus compañeras de la vida y sus compañeras de la fábrica: TAL deja de trabajar para casarse.”Has llegado a ver colmados tus sueños, tus anhelos (que son los de todas las mujeres buenas)”, le escriben las amigas a la que está a punto de vestirse de blanco. Es el año 1941 y la indicación no puede ser más clara: eso, casarse, en el anhelo de una mujer si es buena y no de las “otras.” ¿Cuestión de costumbres? Algo más: el poder también se ejerce indicando qué es lo que hay que desear. En su libro Sumisión, el francés Michel Houellebecq plantea una islamización de Europa y muestra cómo a través de las costumbres se sostiene ese poder. Un personaje dice que la llegada de inmigrantes con una “cultura tradicional marcada por las jerarquías naturales, la sumisión de la mujer y el respeto a los ancianos” podía darle una nueva Edad de Oro a Europa. Lo personal es político, ya lo sabían las feministas. Poder, deseos y sumisión De eso -de cómo un programa político se monta también sobre la “cultura tradicional”- habla el libro de Houellebecq. Es “una oportunidad histórica para el rearme moral y familiar de Europa”, dice un personaje.El Islam, entonces, parece una excusa oportuna para plantear el peligro de la nostalgia por los viejos valores. Las jerarquías, la sumisión, nunca son para un grupo solo: son una clave de organización.

Fuente