¡Qué flaquito!: los riesgos de buscar la felicidad en el espejo

“Yo tengo 89 y me considero joven, todavía no envejecí. Yo creo que mientras uno se pueda enamorar va a seguir siendo joven.” China Zorrila El tiempo pasa y los episodios importantes de nuestra vida nos dejan marcas. Marcas en el alma, alegrías, tristezas, pesares. En el cuerpo, estrías, arrugas, patas de gallo.Mirá también Cómo afrontar la difícil tarea de ser padres de nuestros padresUna joven amiga y colega, madre por primera vez hace menos de dos meses, me cuenta su hartazgo frente al comentario insistente de amigas, compañeras, vecinas y demás mujeres que la ven por primera vez después del parto: “Estás divina, ni se nota que fuiste mamá”. Y decía ella para sus adentros “Claro que se nota, mi cuerpo cambió, mi vida cambió, mi abdomen no es el mismo ni volverá a serlo, mi cola, mis pechos… ¡y qué problema hay!”.La negación de la experiencia, vivir sin marcas pareciera ser el desafío de estos tiempos. Y que difícil se hace.Los tratamientos de relleno para atenuar arrugas son un boom entre hombres y mujeres.Vivimos en un mundo en el que la imagen ocupa mucho más espacio del que debiera en nuestras mentes. Los intentos empecinados, absurdos, obsesivos para que el cuerpo no registre el pasar de los años hace que lo esencial de la vida se corra de eje. Tanto correr para llegar a ningún lado… El reino de los Narcisos, el horror después del amor Cuenta la leyenda que Narciso se enamoró de su reflejo, a pesar de haber sido advertido por el vidente Tiresias del riesgo de encontrarse con su propia imagen. Viéndose espejado en un lago, se enamoró perdidamente de sí mismo, a pesar de que su imagen desaparecía en las profundidades del lago cuando intentaba abrazarse a sí mismo.Triste destino el de Narciso, triste también el de tantas almas solitarias que buscan la felicidad en los espejos y monitores de este mundo líquido. “Mi historia es difícil de contar y más difícil de creer”Tiene 28 años, su madre la adoptó al poco tiempo de nacer, marca difícil de llevar el del abandono de sus padres biológicos. Su madre adoptiva, esbelta, rubia, deportista y pendiente del espejo, con varias cirugías estéticas en su haber (pechos, pómulos, abdomen, cola, blanqueamiento de dientes). Ella: regordeta y morocha.A los 14 años, es sorprendida con una visita a un médico. Su madre la recoge más temprano por el colegio y llegan al consultorio. “Cirujano esteticista”, se presenta el doctor. Le pide una serie de análisis, la niña piensa que son parte de una rutina médica (no obstante la sorpresa de que no fuera su pediatra quien lo ordenara.) Entiende tarde, mucho más tarde, que era un pre quirúrgico. Su madre había decidido, casi de manera perversa, hacerla a su imagen y semejanza: nariz, pechos y abdominoplastia.El mito de Narciso se reedita en la sociedad actual.Escucho absorto, y dice ella: “Mi madre está enferma, me ha robado mi adolescencia y hoy mi obesidad es un regalo para ella, pero quien sufre soy yo”.Esta muchachita ha dejado de ver a su madre hace años, pero lleva en su cuerpo marcas que difícilmente podrá sacarse.Mirá también Del llevarlos a “debutar” a la hipererotización: cómo acompañar a los chicos en el despertar sexualEsta historia, si bien extrema, no es aislada, ni ajena a estos tiempos, “estar divinos” es el paradigma de la post modernidad, y los costos son altos, se sufren y mucho. Me quiere no me quiere, deshojando la margarita virtualEn la mesa de un local de una cadena de comida rápida de la zona norte de la Ciudad un grupo de teenagers se convoca. Los teléfonos móviles al centro, ningún intercambio verbal entre ellas, a excepción de diálogos como estos:-¡Subí esta, tengo 5 likes ya!-Mirá esta, ¡la comentó Tobi!Maratón de selfies, maratón de narcisismo en la mesa, el des-encuentro a la orden del día.Las selfies revolucionaron la forma de retratarnos.Ya no me sorprende como hace unos años, lo cual me preocupa de alguna manera porque creo que lo he ido naturalizando. No me sorprende pero me entristece.Mirá también Cómo evitar criar “constipados emocionales”Mi amigo, y talentoso fotógrafo Fabián Trapanese -“Trapa” en el mundo artístico-, me decía en ronda de mate sin celulares en mano: “Salvo que seamos extremadamente fotogénicos, el que a menudo no gustemos de las fotos que nos toman tiene relación con la costumbre de mirarnos a nosotros mismos a través del espejo. Porque frente al espejo siempre nos vemos exactamente en el ángulo que más nos favorece. La llegada de las selfies introduce un cambio radical: permiten disparar la foto siendo nosotros mismos los que elegimos el plano. Para nuestro ego, la selfie termina siendo premio y mimo al narcisismo, y es toda una revolución propia de estos tiempos.”Salones de espejos transformados en gimnasios o algo así, cuerpos que se modelan según los caprichos de la moda, el mundo dividido en “lindos y feos”, las redes sociales vidriera para el aplauso a través de los comentarios.Mirá también Éramos pocos y parió Pikachu: una mirada crítica sobre Pokémon Go“Estás divina”, “Diosa”, “¡Mamita!”. Te amo, te odio dame más, y cada vez más bellos, y cada vez más solos.Porque lo que viene de la mano de las obsesiones por la imagen es una profunda sensación de soledad, como Narciso solo mirando un espejo de agua. Espejito espejito, dime quien es la más linda de toda la Web Sábado de lluvia, mucha lluvia, alerta meteorológico, pero debía renovar parte de mi vestuario y allí fui con pesar. No me divierte comprarme ropa, pero es necesario de tanto en tanto. Iba por las camisas, “¿qué talle?”, me preguntaban los vendedores; “Un XL”, mi respuesta.Y una y otra vez, cuento de la buena pipa, la camisa, misteriosa y caprichosamente, no cerraba en la región del abdomen. Los lados de la prenda se empecinaban en alejarse desoyendo mi esfuerzo por lograr que se encuentren ojal y botón. No había manera.Algo frustrado, y ya con esta nota que estoy escribiendo en mente pensaba: “No hay mal que por bien no venga, tengo unos kilos de más”, confieso y vengo repitiendo hace años el mantra: “Tengo que bajar la panza”. Pero ella no se da por enterada, y el peso del deseo no es suficiente para adelgazar, claro está.Mirá también ¿Sabés qué hace tu hijo en las redes? 9 consejosA pesar de esto, tampoco estoy TAN ancho como para que los talles grande de las marcas de ropa no me entren. Tener panza no se ha puesto de moda, y los fabricantes de ropa lo saben. En mi caso, solo necesité algo de tiempo hasta encontrar , un rato después, un diseñador más generoso que confeccionó un XL real.Hablando de esto con una amiga experta en moda e imagen me contaba que las grandes marcas han modificado los moldes, lo que siempre fue un medium hoy es small y así con todos.No deja de estar mi perímetro abdominal por arriba de lo saludable, pero los diseñadores no piensan en salud sino en crear tendencia y esta tendencia obedece a los tiempos que corren. Celebro los juicios a las marcas que no contemplan la diversidad de tamaños porque contribuyen ellas también a una cultura anorexígena y a vivir para adelgazar. Graves trastornos de salud, mundo que enferma jovencitas y jovencitos a los que pueden dejar al borde de la muerte.La delgadez extrema no es sinónimo de cuerpo saludable.¿La meta? Lograr una imagen que de real nada tiene. Son muchas y crecientes las consultas por casos de trastornos alimenticios. Podemos hacer mucho más de lo que hacemos para prevenir males de época, tomemos conciencia que a muchos de nuestros chicos se les va la vida. En una cultura que enferma somos los adultos los que debemos cuidar e identificar las señales que nuestros chicos nos muestran. Nunca alcanza, siempre es poco“Amo a mi esposa, me parece hermosa, disfruto su compañía y la intimidad con ella. Sin embargo cada vez que vamos a la playa estoy pendiente de otras mujeres. Me avergüenzo, no me gusta pero me pasa.”Relato de un hombre de 40 años, enamorado y fiel, podría decir que me consta, sin embargo se angustia frente a la diversidad de mujeres y cuerpos.Mal de nuestros tiempos. Ya he hablado en otra nota sobre la ansiedad y la sensación de que siempre es poco.Mirá también “Mi cabeza no para”: cómo controlar la ansiedadLa cola puede estar más dura, el abdomen más liso, los pechos más grandes, chicos, o como sea. Y es una pena, y vuelvo a citar a la querida China Zorrilla en un reportaje televisivo en el que hace muchos años dijo algo así: “No me tocaré jamás mi cara, mis arrugas. Ellas son testigo de que he vivido y merecen mi respeto y mi amor”. La insatisfacción es la mejor aliada en la búsqueda desesperada de una imagen perfecta que nunca llega, porque digo una vez más, el tiempo pasa y el cuerpo acusa recibo.Recuerdo un grupo terapéutico que coordinaba en una clínica hace ya un par de décadas, chicos y chicas de veintitantos. Se acercaba el verano y el tema de las últimas sesiones había sido la obsesión por el cuerpo.Una de ellas, impertinente y libre, con su remera corta (hoy la llaman pupera) y su pancita prominente al aire decía: “A mi médico no le parece mal, a mi novio le encanta y dice que es sexy, a mí me encanta comer. ¿Qué más puedo pedir?” Y era la envidia de todos sus compañeros de terapia, y yo la aplaudía desde mi lugar.Mirá también Ballena azul: consejos para padres de un psicólogo especializado en adolescentesEn la búsqueda desesperada por redimir la autoestima dañada, muchas mujeres (y aquí una vuelta que poco me alegra en términos de salud mental) luego de haber sido engañadas por sus maridos o de sentirse poco deseadas por ellos, se lanzan, pisando sus cuarenta y tantos, a la búsqueda de relaciones fugaces y encuentros con hombres de edades mucho más cortas que las de ellas. Muchachitos de 20, algunos amigos de sus propios hijos, recreando la epopeya de “El graduado” (película de los 60 en donde Dustin Hoffman descubre los placeres del sexo de mano de Mrs. Robinson), buscan reforzar su autoestima en estas aventuras sexuales, carentes claro está de compromisos afectivos.Nada se repara, todo se emparcha, el cuerpo, y el alma también. La rueda gira tóxicamente y es una pena.“No. No tengo los brazos de la Cindy Crawford tostados, torneados, cada músculo fortalecido con el ejercicio indicado, las pesas delicadamente balanceadas. Mis brazos delgados no han desarrollado más musculatura que la necesaria para marcar estas teclas, cargar a mis hijos, cepillarme el pelo, gesticular discutiendo sobre el futuro, abrazar a los amigos. Pero decime: ¿Cuántas veces has tenido a la Cindy Crawford a tus pies? ¿Cuántas veces te ha ofrecido, como yo, ternura en la mañana, besos en la nuca mientras dormís, cosquillas, risas, el sorbete en la cama, un poema de pronto, la idea para una aventura, las premoniciones? Pensalo bien. Evaluá lo que te ofrezco. Cerrá esa revista y vení a la cama.“ Gioconda Belli, escritora nicaragüense le escribió este maravilloso poema a su esposo cuando lo sorprendió hace varios años atrás leyendo una revista en cuya tapa posaba espléndida Cindy Crawford (sex symbol en aquellos años).El autor habla de “salones de espejos transformados en gimnasios”.Y lo digo siempre en relación a los vínculos padres hijos y aplica también para las parejas. Los tiempos cambiaron, la esencia sigue siendo la misma.El erotismo, la corriente vital que atraviesa la vida propia y las relaciones debiera pasar mucho más por las experiencias compartidas, por el disfrute de las pequeñas cosas, por construir ser compañeros de nosotros mismos en primera instancia para poder serlo de nuestros amigos, hijos, parejas.Mirá también Cuando el cuerpo habla lo que la palabra callaQue el cuerpo se mantenga en la línea de lo saludable, que la obsesión por la imagen no nos desvele. Mantengamos claro que “lo esencial es invisible a los ojos”. Lo de afuera que se mantenga lo mejor posible, pero que no nos quite la energía vital que precisamos para intentar ser felices.Ya lo dijo el maestro Galeano: “Vivimos en un mundo donde el funeral importa más que el muerto, la boda más que el amor y el físico más que el intelecto. Vivimos en la cultura del envase, que desprecia el contenido.” *Alejandro Schujman es psicólogo especializado en familias. Director de Escuela para padres. Autor de Generación Ni-Ni, Es no porque yo lo digo y coautor de Padres a la obra.​​

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