Aprender a leer la etiquetas para controlar la hipertensión

Cada 17 de mayo es el Día Mundial de la Hipertensión Arterial. En Argentina, una de cada tres personas padece hipertensión y pocos saben cuáles son las causas que la producen. Es que no siempre la vemos. Somos ciegos al consumo excesivo de ciertos nutrientes y poco sabemos de ciertas costumbres que contribuyen tanto a nuestra hipertensión arterial, como el famoso salero.La sal muchas veces es la responsable del aporte excesivo de sodio en nuestra alimentación. Todos pensamos que la sal agregada por un salero es la causa principal de la hipertensión arterial y nunca nos fijamos en los alimentos fuentes de sodio, que, en la mayoría de los casos, pasan desapercibidos por nuestros sentidos, ya que la sal viene disfrazada de alimentos que en el imaginario colectivo no son salados. Algunos ejemplos de estos productos suelen ser los quesos, que no siempre es necesario que sean duros para ser fuente de sodio, así como también aquellas comidas precocidas que solemos consumir. Acá podemos hablar de pastas con salsas deshidratadas, comida congelada para usar en microondas y hasta las tradicionales milanesas de soja, que uno ubicaría en un lugar libre de culpa y responsabilidad.Otros alimentos suelen engañar nuestros cerebros haciéndose pasar por dulces, como los copos de cereal de desayuno o alguna que otra gaseosa light, que, si prestamos atención, podemos percibir su dejo saladito. No escapan a este grupo ciertos enlatados que utilizan sodio como método de conservación y algunas salsas envasadas llamadas “naturales”. Sin embargo, no para todas las marcas y los tipos de productos aplica el mismo concepto, por lo que hay que aprender a leer las etiquetas.Dentro de los alimentos que ya conocemos como “alimentos salados” podemos mencionar a chacinados, embutidos, snacks, productos de panadería o pastelería, caldos, salsa de soja y encurtidos, entre otros.Cómo leer las etiquetasSegún el Código Alimentario Argentino: “Se entiende por ‘alimentos de bajo contenido en sodio’ aquellos en los cuales se ha reducido sensiblemente su contenido, constituyendo un medio para regular la ingesta de sodio. Se clasifican en alimentos bajos en sodio: entre 40 y 120 mg de sodio por 100 g de producto listo para consumir. Alimentos muy bajos en sodio: menos de 40 mg de sodio por 100 g de producto listo para consumir”.Hablando a favor del sodio y la hipertensión arterial, debemos aclarar que este nutriente es necesario para nuestro organismo y muchas veces es víctima de la frase “hazte fama y échate a dormir”, ya que no en todos los casos suele ser este mineral el responsable absoluto de nuestra enfermedad arterial.Ciertos estudios vinculan el excesivo aporte de azúcares con el incremento de la presión sistólica y han llegado a determinar que si consumimos más del 25% de nuestras calorías en azúcares, hay un riesgo tres veces superior de muerte por enfermedad cardiovascular. El mismo concepto corre para el excesivo consumo de productos ultraprocesados cargados de azúcares simples y grasas, alimentos que muchas veces están elaborados con jarabe de maíz de alta fructosa, que resulta un ingrediente barato para la elaboración de productos alimentarios deliciosos, pero poco recomendable en exceso para nuestras arterias.A los factores invisibles que colaboran en incrementar nuestra presión arterial (y no es la sal) le sumamos la obesidad; a medida que nuestros kilos suben de forma patológica, también se elevan nuestros números de presión arterial de forma directamente proporcional.Entonces, ¿sólo es el salero? ¡No! Sedentarismo, tabaquismo, estrés, excesivo consumo de cafeína, y las variables ya enunciadas pueden ser parte de nuestra rigidez arterial.La información colabora a que podamos quitarnos las vendas de los ojos y descubrir así cómo gerenciar mejor nuestra salud y presión arterial, que no solo afecta a nuestros adultos, sino que se está metiendo con nuestros niños.El autor es responsable de Nutrición en la Fundación UADE.

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