La boda real: el casamiento de Harry y Meghan comienza a construir una monarquía renovada

Una Gran Bretaña multicultural y diversa tuvo al final la boda real acorde a su nueva identidad. El casamiento del príncipe Harry con la estadounidense Meghan Markle ha comenzado a construir una monarquía renovada, dispuesta a abrazar la diversidad racial y el desafío que implica la multietnicidad de su reino. Harry y Meghan han aplicado el camino que la princesa Diana quiso transitar. No lo consiguió, pero dejó ese ADN en William y Harry, sus dos hijos, heredero al trono uno y sexto en la línea de sucesión el otro, que continúan su legado.Kate y su hija Charlotte (EFE) Una actriz de Hollywood, afroamericana, con una familia tan disfuncional como la Casa de Windsor, pero menos reservada en sus diferencias, feminista y con educación universitaria es la coprotagonista de la boda más transgresora y divertida que se haya llevado adelante en la privada capilla de St. George en el palacio de Windsor.Mirá también Boda real: Lady Di estuvo presente en cada gesto de transgresión de su hijo y Meghan La tradición victoriana, las militares trompetas, los uniformes, el espectacular vestido de Givenchy de la novia con los escudos de los 53 países del Commonwealth bordados en su tul y toda su simbología también dieron paso a una pos modernidad, hasta ahora inaceptable para la Casa de Windsor y sus miembros.Harry y Meghan, vestida con un espectacular Givenchy (Reuters)Fanáticos royals, durante el desfile (AFP)La negritud, su cultura, su música, su poesía y la igualdad feminista entraron como una tromba a esta capilla privada de la reina, la jefa de la iglesia anglicana. El obispo episcopal de Chicago, reverendo Michel Curry, concelebró la ceremonia con el Arzobispo de Canterbury.Mirá también Pippa embarazada y más celebrities que “royals” entre los invitados a la boda real de Harry y MeghanPero su apasionado sermón sobre el poder del amor, y las palabras que eligió de Martin Luther King primero despertaron y luego asombraron a una generación de royals, desempolvados con la fuerza de la palabra afroamericana, tan común los domingos en las iglesias de Estados Unidos.Los reyes del “stiff upper lift” (la necesidad de no mostrar las emociones) miraban asombrados mientras la novia reía a carcajadas y el príncipe Carlos sonreía resignado, como en esos viajes lejanos, cuando le colocan una corona de plumas como bienvenida. A Camilla, aspirante a reina, se le movía el sombrero rosa. El príncipe William sonreía a Kate, la duquesa de Cambridge, que buscaba explicarle a Camilla que el pastor estaba repitiendo las palabras del pacifista americano. La reina permanecía imperturbable, sin sonreír ni una vez a lo largo de toda la ceremonia, con su tapado y sombrero pistacho. Un mapa perfecto del estado de situación del palacio.La reina Isabel, con otros miembros de la familia real (AP)Mirá también Meghan Markle no le prometerá obediencia al príncipe Harry en sus votos “Nosotros debemos descubrir el poder del amor, el redentivo del amor. Y cuando hacemos eso, nosotros podemos hacer de este viejo mundo un nuevo mundo. El amor es la única forma”, evocaba el obispo episcopal.Sermón. El obispo Michael Curry recordó a Martin Luther King (AFP)Megan ingresa a la iglesia con Carlos (AP) Pero la diversidad recién comenzaba a instalarse en la suntuosa capilla de Windsor. Un coro de gospel americano se bamboleaba y cantaba una fascinante versión de “This Little Light of Mine”, un himno en las iglesias afroamericanas. Doria, la mamá de la novia, con sus drealocks cubiertos por un pequeñísimo sombrero verde agua y un brillante en la nariz, escuchaba emocionada. Y luego llegó el chelista Sheku Kanneh Mason, el primer negro en ganar el músico del año de la BBC, que tocó el Ave María de Schubert.Doria, la madre de Meghan, con el príncipe Carlos (AFP)La Guardia Real desfila por las calles de Windsor (EFE)Nada de eso podría haber sucedido si la organización hubiera sido derivada al palacio de Buckingham o a Clarence House. Jamás hubieran aceptado esa diversidad. La organización corrió por cuenta del príncipe Harry, apoyado en su hermano, el príncipe William y su pequeño equipo de colaboradores del palacio de Kensington.Mirá también La boda real: el análisis de la enviada de Clarín en el casamiento de Harry y MeghanLas peleas internas, las acusaciones ante la crisis de la familia Markle apuntaron contra Harry. Pero él necesitaba defender el concepto de esta ceremonia, antes que llamar a los funcionarios-bomberos del palacio de Buckingham, que nunca fueron autorizados a intervenir. El príncipe Carlos se enteró de sus alcances cuando Meghan le pidió que la acompañara al altar, en plena crisis con su padre enfermo, y asistió al ensayo en la capilla de Windsor.Mirá también Boda real: “Mi niña se veía hermosa”, dijo el padre de Meghan Markle desde California Meghan llegó acompañada por su madre a Windsor. Entró sola a la iglesia. Ni un solo miembro de su familia estaba allí salvo su mamá, y la acompañaban simbólicos referentes étnicos, como la tenista Serena Williams y Oprah Winfrey. Ella puede hacer una diferencia en las relaciones étnicas en Gran Bretaña, trabajar en las organizaciones humanitarias con iniciativas propias. O ser, junto a Harry, los nuevos embajadores del Commonwealth, sus ex colonias, en la que la reina es la jefa de estado, cuando Gran Bretaña las necesita para hacer acuerdos comerciales pos Brexit.Oprah Winfrey, invitada a la boda (DPA)Su gran riesgo es que la asocien a Wallis Simpson, la divorciada norteamericana que hizo abdicar al rey Eduardo XVIII por amor, o que la diabolicen, como los cortesanos hicieron con la princesa Diana. Nada más peligroso que la corte: los aristócratas que no invitaron a la boda pueden destrozarla. Hoy Harry y Meghan son los más populares y transgresores miembros de la Familia Real y su boda, no es otra que el sueño de la princesa Diana y su legado. El minuto a minuto de la boda real (function(d, s, id) (document, ‘script’, ‘scrbbl-js’));

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