Por qué defiendo la vida desde el momento de la concepción

En la República Argentina estamos viviendo y transitando una época de cambios que nos tienen como protagonistas y que avanzan gracias al diálogo y el respeto.”Hace 35 años que venimos postergando un debate muy sensible, que como sociedad nos debemos: el aborto. Como dije más de una vez, estoy a favor de la vida, pero también estoy a favor de los debates maduros y responsables que como argentinos tenemos que darnos. Por eso vemos con agrado que el Congreso incluya este tema en su agenda de este año. Espero que se escuchen todas las voces y se tomen en cuenta todas las posturas”. Con esas palabras, que son un fragmento del discurso de apertura de Sesiones Ordinarias 2018, el Presidente de la Nación, Mauricio Macri, daba por primera vez en 35 años una oportunidad histórica de debate sobre el aborto para todos los argentinos.Es por eso que este año se comenzó a dar ese intercambio escuchando las distintas voces y posturas, tanto a favor como en contra del proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo.Durante estos últimos meses, las diversas posiciones que hemos oído se han dado incluso en Cambiemos, este espacio político en el que apostamos a la diversidad y a la pluralidad, un ejemplo de tolerancia a las diferencias.Hoy convivimos respetuosamente quienes tenemos diferentes posiciones sobre este tema, sin juzgar a los que piensan distinto en forma negativa, sin discriminar, respetando la individualidad, pero sabiendo que las expresiones son honestas y tienen una profunda reflexión personal.Creo que como Estado debemos cuidar el derecho a la vida y respetarlo. Es el Estado quien debe proteger y cuidar la vida de sus ciudadanos. Y, en ese sentido, no puede aceptar terminar con la vida de un ser humano que existe desde el momento de la concepción.Como lo dice el artículo 75, inciso 23, segundo párrafo de nuestra Constitución Nacional, corresponde al Congreso: “Dictar un régimen de seguridad social especial e integral en protección del niño en situación de desamparo, desde el embarazo hasta la finalización del período de enseñanza elemental, y de la madre durante el embarazo y el tiempo de lactancia”.Particularmente, y aun reconociendo el problema, no considero que la despenalización del aborto sea la solución. No considero que terminar con una vida lo sea. En cambio, existen otras alternativas importantes, como la adopción, con la que estoy de acuerdo que se pueda impulsar aún más para mejorar y acortar su proceso o demora. Además de seguir trabajando en una mejora de la educación sexual en las escuelas.Creo firmemente que la educación, la prevención y la responsabilidad son la respuesta. Tenemos que aspirar a tomar decisiones maduras en las que se reconozcan y nos reconozcamos como responsables para cuidar todas las vidas.Hoy tenemos una ley que contempla distintas situaciones en las que el aborto se encuentra despenalizado.Desde mi lugar, quiero manifestar mi apoyo y defensa por la vida que se da a partir del momento de la concepción. El valor de la vida es el más importante y nada ni nadie tiene el derecho de quitarlo.Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente y debe ser protegido. Toda persona tiene derecho a que se respete su vida.No me parece correcta la idea de cortarle la posibilidad de desarrollo a una persona por nacer. No se puede elegir entre una vida y la otra. No me gusta el lugar de tener que decidir entre una vida y otra. El embrión es el estadio por el que hemos pasado todos los seres humanos y ya es considerado vida. Por eso, el hecho de coartar una vida no lo considero adecuado. No me siento con el derecho a decidir por la vida de los demás.El valor de la vida humana es superior a cualquier otro, y el derecho a la vida es el primero. Por eso estoy a favor de la vida desde el momento de la concepción. Y quiero que cuidemos las dos vidas, la de la madre y la del hijo (persona por nacer). Quiero que salvemos las dos vidas. Estoy a favor de eso.Todo esto nos genera un aprendizaje que no tiene que ver con la cuestión puntual, y esto es, tenemos que ser capaces de disentir, tenemos que ser capaces de convivir con el otro aunque piense distinto, no podemos dejar de dialogar, no podemos cambiar nuestras convicciones por miedo, tenemos que ser valientes y en esa valentía ser respetuosos de las convicciones de los demás.El autor es diputado provincial.

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