El arte de mezclar pop, hip hop y cantantes folclóricos

Por JIM FARBERHace 31 años, una grabación de un coro femenino búlgaro que cantaba en un estilo milenario vendió 500.000 copias en Estados Unidos. El éxito del álbum “Le Mystère des Voix Bulgares” (El misterio de las voces búlgaras), junto con el lanzamiento de “Graceland”, de Paul Simon, marcaron el inicio de un movimiento de “música del mundo”. Se presentaron por todo el mundo con llenos totales. “Todo el atractivo estaba en su canto a capella”, dijo Robert Hurwitz, quien pagó sólo 8.000 dólares para obtener la licencia del álbum original de “Le Mystère” en EE.UU.. “La pureza de su sonido era estremecedora”. Ahora, el coro regresa —pero con un sonido no tan puro. Su lanzamiento, “BooCheeMish”, combina las armonías folclóricas corales con varios instrumentos. También incluye colaboraciones con una cantante y compositora de un estilo ―y cultura― totalmente diferentes: la australiana Lisa Gerrard, de Dead Can Dance, que cobró importancia en los años ‘80. Ah, y también hay hip-hop en la mezcla (SkilleR, alias Alexander Deyanov). Si alguien cambia por esto, soy yo -dijo Lisa Gerrard de trabajar con el Misterio de las Voces Búlgaras-. (Boryana Dimitrova Katsarova para The New York Times.)Petar Dundakov, quien ha escrito jazz y música electrónica, compuso la nueva música. “Queremos ampliar el sonido para encontrar un nuevo público”, dijo. “No queremos quedarnos en un museo”. Gerrard dijo que mantuvo el sonido esencial de las mujeres. “Si esto ha cambiado a alguien, es a mí”, dijo. De hecho, el coro empezó a cambiar la forma en que los oyentes occidentales escuchaban las armonías mucho antes de los años ‘80. Estrellas como Frank Zappa, David Crosby y Graham Nash se maravillaban con sus técnicas vocales. En 1975, el etnomusicólogo suizo Marcel Cellier lanzó un casete del coro basado en grabaciones de campo que había hecho desde los años ‘50. Esa es la grabación que Hurwitz encontró en una tienda de discos parisina en los ‘80. “Me tomó unos 10 segundos darme cuenta de que era algo que adoraba”, dijo. Gerrard las escuchó por primera vez con ese lanzamiento. “Eran como luces, llenas de esperanza contra cualquier adversidad”, dijo. “Creaban una catedral en la boca”. A pesar del éxito de las mujeres, el colapso del gobierno comunista en Bulgaria a finales de los ‘80 las puso en una situación precaria. Desde 1952, el coro había sido financiado por el gobierno. Obligadas a competir en el mercado libre, muchas de las mujeres tuvieron que trabajar como maestras de canto para mantenerse. Aunque el coro siguió de gira durante los últimos 20 años, no hubo dinero para una grabación hasta que la productora ejecutiva del álbum, Boyana Bounkova, encontró financiamiento. Gerrard dijo que había cantado en un estilo sobrenatural en su trabajo con Dead Can Dance, empleando con frecuencia un lenguaje inventado. Aun así, dijo Gerrard, tuvo “una enorme curva de aprendizaje”. “No traté de copiarlas, porque no puedo”, dijo. “El canto búlgaro es desde el pecho. No es una voz entrenada. Es una voz natural”. © 2018 The New York Times

Fuente