Atender animales ayuda a estudiantes de Medicina

Por KAREN WEINTRAUBBOSTON — Hoppy, un joven panda rojo, era el primer paciente del día, anestesiado y llevado a la sala de revisión para poder realizarle un examen físico.Luego Mildred, una gansa barnacla cariblanca de 24 años, se tambaleaba con dolor por el piso mientras veterinarios analizaban su andar. No podían detectar ninguna mejora 10 días después de un primer examen. El reemplazo de articulaciones desgastadas no es una opción para un ganso. ¿Quizá sería de ayuda la acupuntura?

Rayos X de una gansa de 24 años llamado Mildred, que fueron usados para evaluar el grado de deterioro de las articulaciones de su pierna (M. Scott Brauer para The New York Times).

La siguiente era Sofina, una lémur diabética de 8 años, que había tenido buenos resultados con inyecciones de insulina durante seis años, pero que mostraba preocupantes síntomas nuevos.Era una mañana típica para tres veterinarios en el Zoológico Franklin Park. Pero era bastante inusual para el estudiante de la Facultad de Medicina de Harvard que estaba con ellos.Los estudiantes de Medicina de Harvard han estado inscribiéndose para turnos en el zoológico durante sus últimos meses de estudio. La materia optativa clínica tiene como intención reforzar la idea de que los animales y las personas comparten el mismo entorno.Brotes de enfermedades infecciosas como el ébola y la enfermedad de Lyme son notables recordatorios de lo vulnerables que son las personas a un ecosistema disfuncional, dijo Eric Baitchman, funcionario en Zoo New England, que opera el Zoológico Franklin Park en el Centro de Boston.“La mayoría de los estudiantes de Medicina no captan ese lado del panorama”, dijo Baitchman, señalando que la tala forestal de los humanos, el consumo de carne de animales silvestres y otros cambios de hábitat causados por el hombre pueden provocar esas crisis. “Las actividades humanas pueden influir directamente en nuestra salud”.Los estudiantes que completaron el turno en Boston dijeron que estaban sorprendidos por lo mucho que aprendieron durante un mes en el zoológico. Uno examinó a un gorila para detectar alguna cardiopatía, otro atendió a un murciélago que se había roto un ala, y otro pasó parte de su primer día batallando para evitar que una tortuga africana se saliera de una máquina de rayos X mientras la revisaba en busca de piedras en la vejiga.“Verlo siendo tímido me ayudó a salir de mi cascarón”, dijo Gilad Evrony, el primer estudiante de Medicina de Harvard en hacer la rotación. Evrony, hoy residente de pediatría en el Hospital Mt. Sinai en Nueva York, escribió sobre su experiencia en el zoológico en el 2016 en la revista Journal of the American Medical Association. “Nunca habría imaginado que pasaría mi último mes de la Facultad de Medicina realizando ultrasonidos a una gorila embarazada, haciéndole una flebotomía a un tapir de casi 250 kilos con hemocromatosis, cuidando una suricata con insuficiencia cardíaca e investigando misterios médicos a través del reino animal”, escribió en el artículo.“En el caso de casi todas las enfermedades que vi en el zoológico, el simple interrogante de por qué ciertas especies, humanas o no, son susceptibles a ellas, mientras otras no, planteó posibilidades inmediatas para investigación”, añadió Evrony.En una entrevista, dijo: “realmente tuve que superar algunos prejuicios que creo que impregnan a gran parte de la Medicina, de que la fisiología y las enfermedades de los humanos son singulares y que la Medicina veterinaria no tiene mucho qué enseñarnos”.Travis Zack, ahora residente en Medicina interna en la Universidad de California, en San Francisco, dijo que ganó nuevas perspectivas hacia una forma poco común de leucemia linfática crónica al tratar por la misma enfermedad a Merlot, el cisne negro de 13 años del zoológico. El cisne parecía estar respondiendo bien a un medicamento para la leucemia humana.“Pensamos en éstas como enfermedades humanas, pero realmente son enfermedades que ocurren por todo el reino animal”, dijo Zack.Dentro del hospital del zoológico, los estudiantes deslizaron a Hoppy a la mesa de metal de revisión y Wataru Ebina insertó un tubo por la garganta de Hoppy para asegurarse de que pudiera respirar mientras estaba anestesiado para el examen. El equipo revisó sus ojos: sus pupilas lucían saludables; sus oídos, sin problemas; su abdomen “sin masas obvias”. Le apretaron sus peludas patas para revisar cada garra extendida.“Todo es la misma anatomía”, dijo Ebina. “Ver un animal que luce completamente diferente, pero que en realidad es similar, refuerza los conceptos anatómicos que aprendemos, lo que es muy útil para mi educación en el futuro”.© 2018 The New York Times

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