Aunque el Mundial haga ruido, Wimbledon es más que todo

En 1973 el torneo sobrevivió al boicot de la enorme mayoría de los mejores 70 jugadores del mundo y completó su cuadro con un gran número de tenistas aficionados, desconocidísimos en muchos casos. Desde su primera edición en 1877, sólo cuatro veces hubo acción en el All England el “domingo del medio” atendiendo a la costumbre británica de no practicar deporte ese día de la semana. El césped es cortado a 8 milímetros de altura todos los días. La ropa debe ser estrictamente blanca para todos los jugadores, las mujeres son llamadas “miss o mrs.” (señorita o señora) según su estado civil y a los hombres sólo se los nombra por el apellido. Las frutillas con crema. La salida de la cancha central de ambos tenistas al mismo tiempo y la reverencia de ellos si en el box principal hay alguien de la familia real. El saludo de los duques de Kent a los ball boys del torneo en la previa de la ceremonia de premiación y en el que él, Eduardo, primo de la reina Isabel, se detendrá a conversar con algunos de esos chicos aunque inexorablemente lo hará con uno de raza negra…Wimbledon tiene historia. Y también tiene costumbres y tradiciones. Por eso no extrañó nada que las autoridades del All England pasaran por alto el Mundial de fútbol aún cuando Inglaterra fue protagonista central en Rusia. Ningún partido se pasó en Church Road y no había manera que se pusieran pantallas especiales para ver la final en caso de que el equipo de Gareth Southgate la jugara el domingo. Ni hablar de que este sábado no habrá lugar para el encuentro del tercer puesto ante Bélgica, que comenzará apenas una hora más tarde del arranque de la final femenina. Como pocas veces antes, en la peregrinación hacia el club desde la estación de subte Southfields se vieron este año infinidad de camisetas de la selección inglesa y muchos fueron los que ingresaron al All England cantando “The Lightning Seeds”, un tema compuesto para alentar al equipo en la Eurocopa de 1996, que se “reversionó” para 2018. Los hinchas alternaron el tenis con las noticias del fútbol que llegaban desde casi 3 mil kilómetros de distancia.

Mientras Inglaterra jugaba una de las semis ante Croacia, Nadal se enfrentó a Del Potro (AFP).

Los jugadores no fueron menos: el esloveno Aljaz Bedene, que representó a Gran Bretaña durante varios años, se entrenó con la camiseta de Harry Keane, la sueca Johanna Larsson se paseó con orgullo con la de su país y hasta Rafael Nadal apuró la conferencia de prensa tras su clasificación a los octavos de final para ver Inglaterra-Suecia. “Lo que quiero ahora es ir a ver fútbol”, dijo el número 1 del mundo. Y se fue a su casa sin siquiera pasar por el vestuario. El revuelo alcanza la planta baja de la sala de prensa, donde una multitud de aficionados se pegan a los vidrios para mirar los televisores de periodistas futboleros. Pero hasta ahí fueron inflexibles en el club: ordenaron bajar las cortinas para que la gente no se junte en el lugar, camine y… se olvidara de la pelota número 5.

“No mostraremos fútbol. No lo hemos hecho nunca y no lo haremos ahora. Esto es un torneo de tenis”, advirtió en la previa del torneo el jefe ejecutivo del All England, Richard Lewis. “Conozco a Gareth Southgate y es un gran tipo. Y Jeremy Dier, el padre de Eric, que juega en la selección y a quien conozco de niño, es miembro del club. Pero nuestra final ha sido siempre a las 14 y esta vez será otra vez a las 14”, corroboró el director comercial, Mick Desmond. La definición del Mundial será a las 12. Si hay alargue y penales, mala suerte. Porque, en definitiva, Wimbledon, más británico que el Big Ben y Buckingham juntos, es más que todo lo demás.

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