Catherine Fulop: “Quería ser monja, pero mi carácter no dio para eso”

Hay una paleta cromática en la que Catherine Fulop cree profundamente. “Somos energía y cada uno tiene sus colores”, dice hablando de un personaje de teatro pero también de su vida. “Cuando vi por primera vez a mi marido (Osvaldo Sabatini con quien está casada hace 24 años) estaba radiante y un día después le dije que me había gustado mucho su campera blanca. Me contestó que no usaba nada de ese color. Yo lo vi iluminado… estaba enamoradísima”. Cuando baja la tarde y Fulop convida café en una habitación antigua, blanca, de techos altísimos cerca de Retiro. Ella, dice, se define por tres colores: “roja, amarillo y naranja; sabrosa, estridente”. Un diccionario del habla popular del Caribe define sabrosura como´calidad de lo sabroso´. No aclara demasiado, pero Fulop explica que, primero, la sabrosura es sobre todo una actitud que no se negocia.“¡No, mi amor! Una cosa no quita la otra. Que yo sea madura, no quita que sea jodedora. Voy con todo mi impulso, pero después trato de  negociar, conciliar.  Ahora soy otra mujer. Este personaje que hago en la obra nunca maduró, sigue siendo una niña grande y eterna”.

Catherine Fulop. Regresa al teatro luego de diez años de no subirse a un escenario.
FOTO JUAN MANUEL FOGLIA

La obra con la que vuelve al teatro después de diez años, junto a Luis Agustoni, lleva el nombre del físico que trabajó el principio de la incertidumbre: Heisenberg. Una amiga de la actriz que fue personal trainer le dio clases a la productora del espectáculo (Noemí Slutsky). A través de esa cadena le llegó el texto de la obra a Fulop. “Cuando supe que me pasaba una obra la productora de Julio Chávez, mi profesor, no lo pude creer —dice. Hice tres años de actuación con Julio y tres con Augusto Fernandes, donde también estudié dirección. Estuve mucho tiempo sin actuar en teatro, pero igual traté de entrenarme”.-¿Por qué no hiciste por diez años teatro? -La gente de teatro no paró de llamarme y les dije que no lo hacía porque necesitaba vacaciones. Hasta ese momento me había ido solo dos veces con mi marido. Tampoco quería dejar a mis niñas para irme de giras, no sentía que podía dejarlas al cuidado de otra persona porque vivo en provincia y mis suegros están en el centro.  -Tus padres están en Venezuela. ¿Cómo fue armar una familia sin tener cerca a nadie de los tuyos?-Durísimo. Igual tuve suerte porque caí en una familia tana, los Sabatini, que aman estar juntos. Después empecé a extrañar y eso tiene que ver con el desarraigo. También tuve el temor de que mis hijas no amaran a mi tierra o no quisieran tanto a mi familia. Pero mis hijas se mueren por la comida venezolana; las  mejores navidades, y fines de año, los pasaron allá. -Nunca perdiste el acento…-Un poco, sí. En la obra ha sido un tema de conversación. La gente me aceptó como hablo, estamos hermanados entre los argentinos y venezolanos. Creo que ustedes son amplios en ese sentido. Han tratado de meterme en las ficciones como sea.-¿La belleza mata el acento?-Un poco y también ayudó el talento y la simpatía. A veces mi personaje come a la actriz. Para hacer esta obra me llamaron después de verme en un programa hablando de la situación en Venezuela. No sé que hice, pero les gustó. -Raro, ¿no?-Rarísimo.-¿Eso es un halago o una sorpresa?-Creo que mi éxito se dio por la autenticidad. Y eso me ha hecho creíble. Digo lo que pienso de la mejor manera. Que vean eso, me halaga. -Dijiste una palabra que tiene un peso enorme: desarraigo. ¿Todavía vivís eso? -El desarraigo es una herida que no cierra nunca. Hay una parte de tu vida que ya no está, y no la tendrás más. Es lindo lo que pasa acá, pero de pronto siempre alguien te dice “andate a tu país” en la pocilga de Twitter. Siempre voy a ser una adoptada aquí, más allá que sienta que esta tierra me dio mucho. Pero cuando voy a Venezuela ya tampoco es mi país, más allá de la situación. El extranjero lo es siempre en todas partes. Cuando voy a Venezuela me dicen “hablas como argentina”. Y no. Me esfuerzo por recuperar algo que nunca más va a volver. Y eso es bastante duro.

CATHERINE FULOP. Habla sobre el viaje de su hija, Oriana, junto al futbolista Paulo Dybala.
FOTO JUAN MANUEL FOGLIA

-¿Cómo estás con la ida de tu hija Oriana?-Es poco tiempo y son vacaciones. Ha trabajado duro y se está tomando un impasse porque con este chico (Paulo Dybala) la cosa parece que va.-¿Te cuesta que esté en pareja con un jugador de fútbol?-A veces lo pienso un poco. Imagínate que es un chico que está muy expuesto, la cuenta de Twitter suya tiene como 20 millones de seguidores. Y tú dices ¿Qué es eso? Tiene un talento y es conocido internacionalmente como mi cuñada (Gabriela Sabatini). Luego, cuando lo conocí, pudimos conversar mejor.  -¿Le marcás la cancha como suegra?-Es divino… pero igual le dije “ven aquí, siéntate” y le hablé de varias cosas. Es un chico muy educado, viene de una familia bien formada, que le dio valores. Hay gente que a veces se descarrila aunque tenga padres maravillosos. Este parece, hasta ahora, no ser el caso. -¿Se te viene la imagen de Wanda Nara?-Ay no sé… igual ella me encanta. Me parece que todo lo que hizo de joven pasó. Es como si me dijeran “fuiste una loquita o tuviste tres mil novios y te la pasaste bolicheando”. Y… sí, qué quieren que les diga. Fue un poco así, pero ahora soy una señora. Lo único que puedo pensar como mamá es que Oriana tiene una carrera por delante, está bien que vaya con su novio, pero no tiene que perder el público que tiene en la Argentina.-Te sumaste a la legalización del aborto y fuiste de las primeras en mostrarte con el pañuelo naranja. ¿Qué significa para vos esa decisión?-Apoyo la legalización del aborto y el pañuelo naranja significa un pedido para separar a la Iglesia del Estado. Y eso que vengo de una familia católica.Mis hijas estuvieron en una escuela religiosa, se bautizaron. -¿Un error?-Para nada. Creo en Dios, pero no tengo un buen momento con la Iglesia por el Papa. Lamento que Francisco haya sido tan tibio frente a una situación tan dura como la que vive Venezuela, más siendo un Papa latinoamericano. Me da pena que mi mamá me lea esto…-¿Ella te mandó a una escuela católica?-Sí,fue huérfana y se crió en una escuela de monjas. Santa María de San José tenía un orfelinato donde mi mamá pasó su infancia. Y a ese mismo lugar fui yo.-O sea que estuviste ahí de ser Sor Catherine…-Quería ser monja, sí (ríe) pero mi carácter no dio para todo eso. Practico mi fe siendo buena persona. Creo que no estoy haciendo daño queriendo que el aborto en Argentina, y en Venezuela, sea legal. Lo veo como una política de salud pública. No puedes pensar que un embrión de diez o doce semanas tiene más derecho que una mujer.-¿Apoyabas la legalización del aborto antes de tu ruptura con la Iglesia?-Sí, una cosa no tiene que ver con la otra. Creo que Dios no castiga, observa y da libre albedrío. Si Dios castigara no habría tantas niñas violadas que obligan a parir a los diez años. El aborto tiene que ser legal y las mujeres tenemos que protegernos. Lamentablemente la Iglesia es comandada por hombres y no entienden lo que significa gestar un ser que no se desea. Ninguna mujer va ocho veces a abortar por gusto. Ninguna mujer puede pasar por eso y quedar bien. No pueden decir esa aberración para negar la educación sexual ni mucho menos estar en contra de los métodos anticonceptivos.  -¿Pensás que seguís seduciendo o la seducción para el afuera es un tren que ya pasó?-A lo mejor la Catherine joven era alegre y no sabías qué pensaba. Y cuando me animo a decir lo que pienso, no sé si gusto tanto. -¿Te ves como MILF (sigla en inglés traducible como “Mujer madura que me gustaría llevar a la cama”).-Capaz que sí. En mi intimidad, para mi marido, claro que me siento una Milf. No sé para la gente… creo que ya no gusto como antes. Y menos a los jóvenes. Cada uno tiene su fantasía, ya no me hago cargo de los ratones del otro. 

CATHERINE FULOP,
FOTO JUAN MANUEL FOGLIA

RECUADRO IHEISENBERG: DEL OFF BROADWAY AL REGINA

Luís Agustoni y Catherine Fulop en “Heisenberg”.

“Un hombre de 75 años que está esperando la llegada de su tren recibe un beso en la nuca de una mujer de 42. Ahí empieza la historia. Después todo queda a la imaginación del espectador porque van pasando por distintos provincias y situaciones”, dice Catherine Fulop. Su personaje es una mujer ingenua que vive el día a día con una característica que la actriz venezola na define como “inmadura, impulsiva. Es alguien que comparte, desde el comienzo con el hombre mayor, una enorme soledad”. A partir de este encuentro comienza una relación atravesada por la incertidumbre y lo inesperado. Puede ser el encuentro de dos seres solitarios y desesperados, pero también una mirada muy particular sobre el amor.Heisenberg se estrenó en el Off-Broadway en 2015 y la traducción que se presentará en el Regina de este material fue realizado por argentinos. El autor de la obra, Simon Stephens (1971), es un británico que presentó su primer texto teatral en el Festival de Teatro de Edimburgo en 1997. Luego comenzó a trabajar distintas materiales. Su adaptación teatral de la novela de Mark Haddon, El curioso incidente del perro en mitad de la noche, obtuvo el premio Olivier como mejor obra en 2013.RECUADRO IILA VERSIÓN LOCAL Y SUS FUNCIONES DE PRE ESTRENO EN EL CIRCUITO ALTERNATIVO​Heisenberg realizó unas cuántas funciones para pocos espectadores en el teatro El ojo, de Luis Agustoni (1943). “Creo que es más difícil mostrar una obra para amigos que para el público en general, pero estuvo buenísima la experiencia de trabajar en un teatro para pocas personas”, cuenta Fulop.Maestro de actores, director y actor, Agustoni tiene un largo recorrido que va desde las obras clásicas de Shakespeare y Molière, hasta textos contemporáneos. Como autor escribió varias obras para teatro y en tele fue guionista de la miniserie, El hombre. Heisenberg es protagonizada y dirigida por Agustoni. “Trabajar con Luis fue lo más parecido a tener un taller de dirección y actuación intensivo durante casi tres meses. Aprendí un montón de cosas”, cuenta Fulop.CUÁNDO Y DÓNDEA partir de 1° de agosto, Heisenberg se presentará en el Regina​ (Av. Santa Fe 1235). Irá de miércoles a sábados, a las 20. Las entradas para las primeras cuatro funciones costarán $ 330. Luego, el precio será de $ 450.

Fuente