Debate por el aborto: faltan las vías, pero la sociedad ya empujó el tren

Cualquiera sea este miércoles el resultado de la votación por el aborto, la sociedad ya habrá ganado. O porque los senadores votaron bien o porque los argentinos votarán mejor en las elecciones del año que viene. Asomaron nuevos derechos y ya no alcanzan las campañas con globos: ahora cada senador estará obligado a pronunciarse sobre la innegable utilidad de los preservativos, la educación sexual y la atención médica a las mujeres en riesgo. En definitiva, sobre el tema que ha generado uno de los debates más profundos en la Argentina desde el retorno democrático. ¿Qué significa que los senadores voten bien? Que lo hagan libres de pasiones y de presiones. Hay una palabra que viene del griego que resume ese estado de equilibrio y serenidad: Ataraxia, que significa también libre de miedos. Y de ruidos, sobre todo los que por estos días rompen el habitual silencio de las iglesias. La única voz que debería escucharse este miércoles en el Senado es la de la propia conciencia, la que ayuda a construir ciudadanía democrática.

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Si todavía hay algún legislador que prefiere pelearse con un hijo de pañuelo verde antes que con un cura es porque no entendió que la rebeldía es bastante más que un comportamiento adolescente. El desafío, la desobediencia de un orden, habita también en todo adulto que busca y defiende la independencia. Porque más allá de la izquierda o la derecha, hay gente abierta o cerrada, hay gente joven o vieja, sin que en esta división tenga nada que ver la edad. Uno es joven cuando está abierto a las nuevas ideas del mundo, piensa en el futuro y no en el pasado. En el caso del aborto, sin embargo, la mayoría de los que rechazan la legalización son los senadores de más de 50 años.

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Cuando el artista argentino Eugenio Cuttica inauguró este año en Mar de Plata la muestra “Ataraxia”, frente a las playas de Camet, se puso un objetivo modesto, teniendo en cuenta que contaría con un público de turismo y no de museo: restituir apenas la utilidad de aquella palabra griega. Y lo logró: durante las vacaciones de invierno el Museo del Mar estuvo repleto de chicos que miraban en grande a la protagonista de la obra, una nena de resina parada sobre una silla, en posición de quietud y firmeza, con la fuerza necesaria para desafiar a los visitantes y revolucionar conciencias. Si se aprueba o rechaza el aborto legal en el Senado será cuestión para otro análisis. El objetivo primario, como el de Cuttica con su Ataraxia, está cumplido. La sociedad ya empezó a empujar el tren y no tiene marcha atrás. Sólo falta que el Estado decida cuándo y cómo pondrá las vías.

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