Por qué a pesar de planificar mi embarazo, no pude evitar sentirme deprimida durante el proceso

La autora de este artículo explica su experiencia en su segundo embarazo y cómo hizo frente a su depresión (Getty)Estaba emocionada por mi primer embarazo desde el momento en que vi esas dos líneas en la prueba. Hubo un par de semanas de leve decepción cuando descubrí que él, en realidad, no sería ella. Me tomó un momento tener que reajustar mis sueños y ser consciente que la hija que esperaba sería mi primer hijo. Pero el tema general de mi embarazo, incluso en mis momentos más cansados, era la anticipación de su llegada y la emoción de ver a esta personita que mi esposo y yo habíamos creado. Una vez que mi hijo llegó, me sorprendió todo lo que hacía. Esos sentimientos me han dado la fuerza para superar los tiempos difíciles a los que nos enfrentamos ahora que tiene 2 años.Cuando mi hijo tenía 6 meses, comenzamos a hablar sobre cuándo darle un hermano y traté de volver a quedarme embarazada poco después. Tras su primer y segundo cumpleaños como hijo único, me preocupaba no poder tener otro. Me sentía estresada y decepcionada. Sin embargo, esas dudas se borraron en abril, cuando me hice una prueba de embarazo y vi esas familiares líneas.Pero noté algo diferente esta vez.Me había estado preparando mentalmente para este bebé durante casi dos años y no podía entender por qué no me sentía feliz. Cuando llegaron los dolores y las náuseas del embarazo, me sentía peor. Estaba agotada, triste y algo resentida. Comencé a añorar lo que estaba perdiendo. “¿Por qué no podrías contentarte con tu familia de tres personas?”, me pregunté. En una semana, pasé de la derrota a la apatía y la depresión.Me sentía sola en mi desesperación, pero resultó que no era tal. La depresión prenatal afecta entre el 14 y el 23 por ciento de las mujeres embarazadas, según el Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos.”Las personas rara vez hablan sobre la depresión prenatal de la misma manera que hablan sobre la prueba de tuberculosis (PPD)”, subraya Juli Fraga, psicóloga especializada en depresión pre y posparto. “Sin embargo, los médicos están comenzando a examinar a las mujeres para detectar la depresión durante el embarazo, lo que es algo positivo. Las investigaciones muestran que la depresión prenatal no tratada, a menudo, se convierte en PPD”.Esta investigación refuerza una conversación que he tenido muchas veces en mi cabeza pero que he tenido miedo de compartir en voz alta. Tal vez la razón por la que mi segundo embarazo me asustó fue que recordé la soledad, la incomodidad física y los desafíos que experimenté la primera vez. Es desalentador pensar en el potencial de las luchas relacionadas con la lactancia materna y en cómo manejaré mi carga de trabajo por las responsabilidades hogareñas. Mi esposo, a menudo, viaja por trabajo por largos períodos.Estos tipos de soledad y estrés son síntomas bien conocidos de la depresión posparto, según la Asociación Estadounidense de Psicología.Cuando tenía seis semanas, casi no podía convencerme a salir de la cama para nada más que ir al baño. Tampoco tenía fuerzas para comer. Cuanto más tiempo me quedaba allí, peor me sentía. Estaba enojada conmigo misma por querer este cambio. También con el bebé por ser la fuente de mi dolor. Busqué desesperadamente en internet historias como la mía.La falta de información sobre la depresión prenatal me ha dejado excluida y sola, y luchando contra estos sentimientos. Algunas celebridades, incluidas Jillian Harris y Amanda Seyfried, han hablado sobre la depresión sobre el embarazo, pero la conversación ha sido pasada por alto. Empecé a preguntarme si yo era el problema y todo estaba en mi cabeza.Por encima de todo, tenía miedo a la reacción si intentaba decirle a alguien cómo me sentía. Un bebé es una bendición. “Lo superarás y las cosas se sentirán mejor” fue la respuesta que me ofrecieron muchos de mis seres queridos. Pero no podía imaginar nada más que el dolor que estaba experimentando. No intenté suicidarme, pero comencé a pensar en cómo la muerte pondría fin a mi incomodidad física y emocional.Mi esposo hizo todo lo posible por entenderme, pero no pudo. La sociedad ha condicionado a los hombres a esperar que el embarazo esté lleno de incomodidad y dolor. Naturalmente, me ofreció apoyo verbal, pero simplemente quería que me ayudara. Me sentí emocional y físicamente sola mientras se preparaba para embarcarse en un viaje de trabajo de un mes. Decidí llevar a nuestro hijo a visitar mi ciudad natal para no tener que luchar sola contra eso.Las cosas tampoco se sentían bien allí. Yo era un caparazón que estaba dentro de mi propio yo, y muchas de mis amigas se preguntaban si sería mejor dejarme en paz. Estaba gruñona y me sentía enferma la mayor parte del tiempo, pero no quería estar sola. Mis amigos y mi familia trataron de encontrar actividades para distraerme durante mi depresión y la ausencia de mi esposo. Pero fue el amor de mi madre el que me rejuveneció.Mi madre no es de la que se detienen cuando hay algo negativo, así que en vez de hacerme hablar sobre lo mal que me sentía, ayudó con mi hijo. Ella me hizo de comer y me animó a conseguir algo de ropa y arreglarme el pelo para no tener que mirar de la manera en que me sentía. Ella se unió a mí en el viaje de 14 horas de vuelta a casa. Y cuando volví, a una casa completamente desordenada, ella la limpió en el par de días que estuvo allí.Su ayuda me recordó ciertas cosas. La primera fue la importancia de la acción en lugar de persistir. La segunda fue el poder del amor de una madre. Vi cómo mi madre, a pesar de tener problemas de salud, se negó a dejar que algo la retuviera y me recordó que, con ayuda, se podía superar esto.El día después de que mi madre se fuera, tuve una cita con mi ginecóloga. En cuestión de minutos, me derrumbé y le conté todo lo que sentía. Ella me escuchó y me recetó antidepresivos por si los necesitaba.Buscar apoyo es una gran manera de ayudar a controlar los síntomes de la depresión prenatal, según comenta Fraga. “Habla con un terapeuta, únete a un grupo de apoyo, haz ejercicio, duerme lo suficiente, modifica las responsabilidades y controla el estrés, comienza con una sesión de meditación y si los síntomas no mejoran, consulta a un psiquiatra o a un médico para analizar los medicamentos”, añade.Fraga también señala que el actuar como recurso, como hizo mi madre, en vez de emitir juicios, es una gran manera de ayudar a las futuras madres: “Ofrécete para hacer diligencias o cuidar al niño. O simplemente pregunta cómo puedes ayudar”.Tengo 19 semanas y todavía no me he conectado con el bebé. La mayoría de los días me olvido de por qué mis pantalones no me caben. Pero he progresado. No he usado los antidepresivos, pero lo haré si fuera necesario.

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