Divididos rescata su origen libre de duelos

Son las 16 del 20 de agosto feriado y ya hay gente en la puerta de La Trastienda. No toca nadie; se trata de Divididos, y de su propuesta de viajar en el tiempo a cuando su álbum debut, 40 dibujos ahí en el piso, tomaba forma en medio del doble duelo de la muerte de Luca y de la de Sumo, y de traerlo al presente, con el sonido 2018 del trío y bajo el título Haciendo cosas raras.“40 dibujos… lo armamos en el mismo sótano en el que ensayábamos con Sumo, pero en vez de seis, éramos Diego, yo y una batería electrónica. Pusimos una cortina para que el espacio no pareciera tan grande. Pero seguir era la única manera de hacer que el dolor fuera más leve”, recuerda Ricardo Mollo, en una ronda de prensa informal dentro del local donde, a unos metros, Diego Arnedo por un lado, y Catriel Ciavarella por el otro, completan la escena.

La vieja ceremonia de escuchar. Sin más escenografía que la tapa del nuevo disco tatuada en una pantalla, el nuevo álbum sonó de punta a punta para los fans que llenaron el local. (Foto: Ignacio Arnedo)

¿Qué razones llevan a una banda con tres décadas de historia a decidir regrabar no sólo su primer álbum, sino todo su repertorio, en este caso hasta el octavo Amapola del 66? “Tiene que ver con rescatar las canciones del duelo. Cuando escuchaba el disco, era como recrudecer el dolor de la muerte de Luca y el desamparo del fin de Sumo”, dice.Y sigue: “El disco tiene una concepción muy precaria. Eso, sumado a mi transición de empezar a cantar, con la mimetización que tenía con Luca en el modo de hacerlo… Teníamos esa inercia. No tenía manera de evitarlo.”En un rato, en este mismo lugar, unos 200 fans asistirán a la casi olvidada vieja ceremonia de escuchar el disco -saldrá a la venta el 24 de agosto- de punta a punta, sin más escenografía que la tapa proyectada sobre una pantalla.

Primero sonará Los sueños y las guerras, luego Che, ¿qué esperás?, con la batería pegandonos en el pecho, el bajo haciendo temblar el piso y la guitarra dibujando en el aire un solo espacial y multiplicándose por mil.¿Haber tocado en vivo hasta el cansancio algunas de aquellas canciones no exorcizó los viejos fantasmas? “Sí -responde Mollo-, pero había que plasmarlo. Tenía que poder escucharlo. Si no, te guiás por referencias: si al otro le gustó, debe ser porque está bueno. Esta vez, tocamos el disco libre de duelos, y siento la frescura que no sentía entonces.”Ya no hay arpa en Gárgara larga, ni aparece la trompeta de Gillespi. Mientras suene Haciendo cosas raras varios cerrarán los ojos y agitarán sus cabezas, otros marcará el pulso sobre las mesas o sus piernas y una chica de azul, y sus imitadoras, levantarán sus brazos como en un recital.

Así es la tapa de “Haciendo cosas raras”, el nuevo álbum de Divididos.

“Ahora se escucha lo que hacía”, dice Mollo, cuando alguien menciona cuánto ganó en presencia el bajo de Arnedo. “Antes era un quilombo lo que se escuchaba”, agrega, en línea con la escasez de recursos de los inicios.”Lo que queríamos hacer no lo teníamos como posibilidad. Lo mismo pasa en El 38, que no es lo que yo tenía en la cabeza. cada vez que lo escucho digo ‘¡no!’ . Todas las voces, todo es primera toma en el primer disco. Lo grabamos en 85 horas, cuando en ese momento algo decente eran unas 250″, explica.  El aporte de Ciavarella es también un upgrade notable respecto de la de la grabación del ‘88, mitad humana y mitad programada. Para el baterista, no fue fácil usar la libertad que ofrecía el patrón rítmico original. Estaba todo por hacer, pero cómo salirse de eso que había sonado en su cabeza durante años de escuchar al trío como fan. El resultado final es apabullante.

La aplanadora sigue avanzando. Divididos echa una mirada al pasado para proyectarlo en un presente que los tendrá el 15 de septiembre sobre el escenario del Hipódromo de Palermo. (Foto: Ignacio Arnedo)

Con Un montón de huesos la gente se moverá en sus sillas, y en Light My Fire Arnedo abrirá un túnel de gravedad infinita para que la voz de Mollo estalle y quede como suspendida en el vacío.El plan, según admite el músico, es volver a grabar toda la discografía del grupo, hasta Amapola del 66. Y hasta asume que de acá en adelante, todo puede ocurrir, cuando la pregunta es si alguna vez pensaron en barajar de nuevo los temas y combinarlos de otro modo, sin respetar ya no sólo el orden sino cómo son agrupados. “Pensamos en eso. Lo que pasa es que éste era un asunto pendiente. Con los otros puede pasar cualquier cosa. Aunque La era de la boludez, no sé…es una revancha vocal, para mí. Todavía era el guitarrista que cantaba. Después, encontré al cantante que toca la guitarra. Por eso cuando volví al original de 40 dibujos sentí que antes tocaba mejor, y que me tenía que poner las pilas para estar a la altura de aquel guitarrista que era.

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La escucha de las nuevas versiones de aquellas viejas piezas dejará casi en el plano de lo absurdo las palabras de Mollo. Tres décadas después, el hombre no sólo está a la altura, sino que no deja dudas de que el tiempo no pasó en vano.  El nuevo título, la nueva tapa y nuevo orden de temas responden, según Mollo, a cuestiones legales. Sin embargo, lejos de plantearlo como una traba, el músico lo pone a su favor. “Como hoy emocionalmente pasa otra cosa, para mí es mejor cambiar el orden.” Y resalta el aprendizaje de tantos años, que hoy lo ayudan a encontrar el sonido deseado para cada canción. Ya sé cómo las tengo que grabar. Es como una revancha”, advierte.En esta revancha, ¿De qué diario sos? suena más despojada y contundente, Los hombres huecos se despliega como una suerte de mantra al mango y Camarón Bombay se extiende, al final, como una coda que trae la calma.

Como en casa. después de la escucha, el trío tuvo un mano a mano con sus fans, durante el cual las anécdotas se mezclaron con algunas preguntas, algún pedido de selfies y abrazos, en un clima distendido. (Foto: Ignacio Arnedo).

Sin embargo, es la vieja La foca, ahora Caballos de la noche, la que lo sintetiza todo en su flamante letra: “Las lágrimas y los recuerdos alumbran lo que va a venir/La muerte grita en el pasado/La música es una eternidad/Sueña para siempre”.“Escuchala bien”, le dirá en un rato Arnedo a un fan que le preguntará por qué agregarle palabras al tema. Y cerrará: “Ta va a gustar”.Seguro que sí.Divididos presenta “30 años – Haciendo cosas raras”, el 15 de septiembre a las 21, en el Hipódromo de Palermo, Av. del Libertador 4101. Entradas desde $850, a través de www.TuEntrada.com

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