En defensa del plátano: fresnos, ligustros y sauces generan mucha más alergia en primavera

Exótico, vigoroso y longevo. Eficaz en su sombra como un aire acondicionado en verano. Capaz de enfrentar incólume los más virulentos temporales. A pesar de sus múltiples atributos, si hay una especie arbórea demonizada por los alérgicos del mundo ese es el plátano (platanus x acerifolia). Desde Barcelona a Montevideo, y desde Rosario a Neuquén, con especial énfasis en la ciudad de Buenos Aires, no han sido pocas las voces que cada tanto exigen erradicarlos del arbolado urbano para aplacar rinitis, conjuntivitis e incluso asmas en primavera.Las insistentes molestias como estornudos, coriza, ardor en la garganta, lagrimeo constante y hasta la obstrucción de las vías respiratorias inferiores logran muchas veces nublar la razón.El festín de polen en esta época del año afecta a entre un 20 a 25% de la población alérgica. Pero las espículas del plátano, esa pelusa marrón que desprenden sus frutos hasta tapizar calles y veredas, son mucho menos alergénicas que el polen que exudan las gramíneas (pastos), las ambrosias (malezas), y los fresnos, ligustros y sauces—en ese orden—del arbolado urbano. El dato es científico. Surge de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (AAAIC), que estudió las especies y categoriza los alérgenos de la ciudad.Además, el número de fresnos, ligustros y sauces cuadruplican a los 36.347 plátanos—se cree que promovidos por Sarmiento— de la ciudad de Buenos Aires. Según datos del gobierno porteño, de los 421.718 árboles que engalanan la capital, 147.036 son fresnos (hay dos variedades: fraxinus pennsylvanica con 144.010 ejemplares  y fraxinus sp, con 3.026), 10.253 son ligustros y hay otros 1718 sauces de 4 especies (criollo 823, eléctrico 625, austral 3, y sauce sp 267). Todo indica, entonces, que achacarle toda la culpa al plátano por las alergias tiene bastante de inexactitud.”Las gramíneas y las ambrosias que están por toda la ciudad provocan mucha más alergia que los árboles porque su polen al ser mucho más liviano permanece más tiempo en suspensión, especialmente los días secos, soleados y ventosos. Además, tienen un proceso de polinización más largo en el tiempo que se extiende desde octubre a marzo. En el caso de los plátanos sus espículas caen rápidamente al piso y el polen se degrada allí mientras que el de los fresnos, sauces y ligustros permanece en el ambiente”, precisa el doctor Gabriel Gattolín, presidente del AAAIC.Según el especialista, una de cada cinco personas suele ser alérgica. Y entre ese grupo, el polvillo y los ácaros en el hogar y las partículas contaminantes de la combustión de motores que se adhieren al polen en suspensión también potencian las alergias.”Echarle toda la culpa a los nobles plátanos no es acertado. Menos aún plantear la eliminación de la especie. No sólo es una aberración biológica sino que traería más problemas que soluciones. Lo mejor es consultar a un especialista, determinar a qué es alérgico el paciente y un mes antes del proceso de polinización someterse a un tratamiento farmacológico con antiestamínicos”, agrega Gattolín.Aunque no las miden, en el gobierno de la Ciudad reconocen que cada tanto los vecinos plantean esas soluciones. “Los extremadamente alérgicos focalizan ahí. Pero la verdad es que son más las virtudes que tiene el plátano que las molestias que generan: es un árbol vistoso, soporta estoicamente las tormentas, se adapta al ejido urbano y con su copa frondosa proyecta una sombra inigualable los días de 40 °de calor. Por eso es mundialmente utilizado como especie arbórea urbana”, lo defienden en el departamento de Demanda Ciudadana del gobierno de la Ciudad.El gerente de Arbolado Urbano, el ingeniero agrónomo Jorge Fiorentino, realizó una tesis sobre esa especie al concluir un master en gestión ambiental metropolitana y habla del plátano en estos términos: “Antes de demonizar una especie hay que evaluar sus múltiples beneficios y el plátano, un árbol rústico, que tolera la poda,  aporta una sombra fresca que es la  mejor de todas: por su tupida copa, al transpirar  elimina el calor, genera un gradiente térmico mucho más fresco, y además sostiene en su copa el polvo atmosférico, el hollín y actúa como purificador del aire. Por todos esos atributos se lo sigue utilizando en todo el mundo”.El origen del plátano es incierto para la ciencia. Se desconoce si es oriundo de  Gran Bretaña o de España. Lo que sí se sabe es que la especie presente por estos lares es un híbrido producto del entrecruzamiento entre el platanus occidentalis, de origen estadounidense, y el platanus orientalis, de origen europeo.”Si al plátano se lo demoniza por ser una especie exótica, lo mismo habría que decir del fresno, oriundo de EE.UU. Pero ni uno ni otro, a pesar de sus rasgos alergénicos, son dignos de reproches. El fresno, por ejemplo, que se introdujo en 1940, es magnífico para la ciudad, aunque hoy representa casi un 40 % del arbolado urbano y eso no es lo ideal”, agrega Fiorentino. “Lo ideal es que cada especie no supere el 10 % para asegurar la biodiversidad. Pero el fresno tiene un crecimiento rápido, su madera es muy resistente, con buena forma, y se lo puede conducir. Aunque no es tan vistoso ya que su floración en septiembre—cuando libera el polen— es verde y es prácticamente imperceptible”.El nuevo plan de arbolado urbano de la ciudad reforzará la presencia de 36 especies, entre ellas el plátano y el ligustro disciplinado (Ligustrum lucidum aureovariegata), a lo largo de 5 años. En lo que va de este año, mal que les pese a los alérgicos, ya se plantó el 80 % de los 7.083 ejemplares previstos para 2018.

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