Andrea Rincón: “Hoy puedo oler a los psicópatas y alejarme de ellos”

Un día, Andrea Rincón decidió darle un volantazo a su vida. Entonces asumió sus adicciones para luchar contra ellas. También se propuso trabajar interiormente, para evitar caer en relaciones sentimentales patológicas. Y puso toda su energía en tratar de convertirse en una gran profesional. Hoy, puede decir que lo logró. Y, además de sentirse plena a nivel personal, disfruta del éxito de la segunda temporada de Un gallo para Esculapio, por TNT y Flow, dónde se luce como actriz dramática.—La segunda parte de la serie arrancó con todo…—Para mí esta temporada está mucho mejor que la primera, porque ya se conocen los personajes y la historia, así que se puede contar mucho más. Y yo estoy feliz, porque para mí es como una bomba inmensa y nunca hubiera pensado que me sucedieran estas cosas en la vida, como sentir tanta satisfacción de trabajar con gente tan talentosa. Pero desde el primer día, cuando me llegaron los libros y empecé a leer, no lo podía creer…—Tu personaje crece mucho en esta nueva temporada,¿verdad?—Sí, el mío y el de todas las mujeres tienen más protagonismo. Al no estar el amo (Chelo Esculapio, interpretado por Luis Brandoni), ese jefe oscuro, están todos  os personajes como a la deriva tratando de encontrar su lugar. Y en ese caos se empiezan a caer los velos y se ven las verdaderas caras de todos. A algunos se les empiezan a ver las ambiciones, a otros les sale la bondad que realmente tienen y, otros, empiezan a descubrir cosas nuevas. Así que es atrapante.—¿Qué fue lo más difícil del rodaje?—Pasamos mucho frío, al punto de no sentir manos, pies ni nariz. Pero la satisfacción era tan grande, que por momentos estaba tratando de calentarme con un mate a las cuatro de la mañana y pensaba: “Si ahora pudiera estar en mi cama con la frazada, me quedo acá”. Ahí es dónde te das cuenta de que estás bien parada en la vida y estás dónde realmente querés estar.El elenco de la segunda temporada de “Un gallo para Esculapio”—Este año lo arrancaste fantástico porque también participaste del éxito de 100 días para enamorarse…—Sí. Y los felicito a los chicos por esa ficción porque, dentro lo que es la televisión, hay mucho contenido que atrofia las mentes. Yo discuto con mucha gente porque, para mí, la tele educa al igual que la radio, un libro o cualquier cosa que llegue a la gente. Y me parece que todo el contenido que tiene esta tira es nutritivo para poder meterse en temas que orienten a la sociedad. ¡Qué se yo! Igual yo no la sigo mucho porque no tengo televisor…—¿Por algún motivo en particular?—Tengo el aparato y veo Netflix, pero no tengo cable. En un momento achiqué gastos y lo corté. Porque, además, se estaban diciendo muchas cosas que me afectaban. Entonces dije: “¿Estoy pagando por eso que me hace mal? ¡Afuera!”. Pero hoy todo se puede encontrar. Y a veces veo las charlas que tienen Juan (Maite Lanata) y su mamá (Nancy Durpláa) y me emociono. Digo: “¡Qué lindo sería tener esa relación!”.—¿Y cómo es para vos trabajar con los Ortega, que son una familia tan importante en tu vida a nivel afectivo?—A mí me gusta mucho el cuidado que tienen para conmigo y también el contenido de las cosas que hacen. Sebastián es un tipo al que admiro mucho. De hecho, creo que está en la cresta de la ola y no es para nada agrandado. Y yo trato de aprender mucho de él, como del resto de mis compañeros. Bruno Stagnaro también es un genio. Así que estoy totalmente agradecida de trabajar con ellos. Porque a mí me gusta evolucionar todo el tiempo, tanto en lo personal como en lo profesional.Andrea Rincón—Tu crecimiento profesional lo hemos visto, porque has roto todos los prejuicios para lograr instalarte como actriz. ¿Tu recuperación personal fue de la mano con esto?—Mi recuperación personal viene ligada a un montón de cosas mías que tuve que ver. Es cómo cuando uno tiene miedo. ¿Viste cuando sos chiquito y tenés miedo porque sentís que hay fantasmas en las habitaciones? Bueno, ¿qué hay que hacer para enfrentarlos? Entrar a las habitaciones. Apenas lo ves al fantasma, por ahí, te hacés pis, llorás a moco tendido o hasta te podés hacer caca. Pero llega un momento en el que te amigas con el fantasma. Y, por ahí, hasta le decís: “¿Querés un café?”.—¿O sea que vos tuviste que enfrentar tus propios miedos? —Mis propios fantasmas. Así, con cada una de las habitaciones, hasta amigarme. Y, hoy, tomo café con todos esos fantasmas. Porque todos ellos siguen conviviendo conmigo. Pero antes no los podía ni mirar. Y fue un laburo largo el que hice. Ahora estoy trabajando más conmigo para saber que hoy soy esta y ver quién quiero ser mañana.  Porque hay algo que me molesta de mí que son los modos que tengo al decir las cosas que siento, que no están buenos…—¿Sos poco diplomática?—Claro. Y, a veces, aún teniendo la razón, la pierdo. Y siento que si yo aprendiera a expresarme y comunicarme de otra manera, podría llegar a un mejor puerto. Así que estoy haciendo ese trabajo ahora.—Hablás de tus fantasmas y, si les tuvieras que poner nombres, ¿cuáles serían?—Prefiero no hacerlo, son cosas muy privadas…—En algún momento dijiste que vos esperabas que alguien te salvara, hasta que te diste cuenta de que eras vos misma la que tenía que salvarse. ¿Cómo fue eso?—¡Qué se yo! Yo esperaba mucho de personas que tenían limitaciones. Y pensaba que esas limitaciones eran mías. Decía: “¿Por qué si yo te doy todo, vos no podés darme más que esto?”. Y era porque la otra persona no podía dar más de lo que tenía para dar. Hay personas que son más ricas en cuanto a lo que tienen para dar y otras que pueden dar menos. Y eso lo pude entender a medida que fui haciendo terapia. Yo soy una persona que entrego todo, de pies a cabeza. Y tengo amistades que son recíprocas. Pero no me ha pasado así con las relaciones que he tenido. Yo siempre entregué esperando lo mismo, porque siempre pasa que uno da lo que espera recibir…—Pero cuando no lo recibe, uno tiene que retirarse…—Bueno, pero a mí lo que me pasaba era que, cuando no lo recibía, sentía que era una falla mía. No podía darme cuenta de que la otra persona tenía esa limitación. Y que estaba dando todo lo que tenía para dar pero, lamentablemente, tenía mucho menos para dar que yo.Andrea Rincón—¿Cómo estás hoy del corazón? ¿Estás con alguien?—No estoy enamorada. Obviamente, estoy sola hace mucho y de alguna manera el tiempo lo paso…Pero no estoy enamorada. Estoy abierta a conocer a alguien. Sé que no soy la misma que antes. La última relación que tuve me duró una semana, porque fue muy rápido el descubrir que no funcionaba. Lo que antes me podía durar dos años, ese abuso de “dame lo que quieras que yo me conformo”, hoy no me funciona.—Es que, cuando uno está bien con uno mismo, exige también el respeto del otro…—Hoy lo aprendí. Yo fui evolucionando, trabajé mucho y hoy tengo un montón de relaciones recíprocas. Entonces, si viene alguien al que yo le doy todo y me da una migaja, la verdad es que no lo acepto. Es demasiada energía la que se pierde. “Yo me quedo vacía y vos no me estás dando nada, así que no me sirve. Retirate”. En la última relación lo sentí así.—¿Y te retiraste a tiempo?—Claro. Además, hay gente que es muy superficial. Yo tuve cinco novios que se hicieron tatuajes…—¿Con tu nombre?—Mi nombre o mi cara…—¿Y eso era todo?—Claro. Era como decir: “Mirá cómo te amo”. Pero hay que demostrar el amor, ¿entendés? Digo lo del tatuaje como un ejemplo, porque me acordé de alguien en especial que no vamos a nombrar para no meternos en quilombos… Pero vi el juego y dije: “Guau, qué perversidad”. Y es muy loco, porque esa perversidad antes me duraba tantos años…—¿Hoy lo podés distinguir enseguida?—Exacto. Pero no sé cómo explicarte, la gente tiene enfermedades.—Son relaciones patológicas y, de hecho, vos has contado que algunas han llegado a episodios de violencia..—Sí, pero no hace falta llegar a la violencia física para ejercer violencia psicológica. Hay gente que es abusadora, que trata de sacarte todo el tiempo algo, que si te alejás te trae de tal manera o que te utiliza…—¿Psicópatas?—Psicópatas. Y, como uno es bondadoso, tiran, tiran, tiran…—Lo importante es darse cuenta y poner el freno—Exacto—Y con todo esto, ¿estás abierta al amor o quedaste un poco resentida?—Estoy re abierta al amorAndrea Rincón (Crédito: Cony La Greca)—¿Soñás todavía con formar una familia y ser mamá?—Yo estoy convencida de que voy a formar una familia y voy a ser mamá. Y todas estas cosas son las que me refuerzan y me hacen dar cuenta de que estoy cada vez estoy más cerca de eso. Descubrir al psicópata, olerlo, alejarme, reírme…Decir: “¡Mirá qué psicópata! ¡Qué enfermo!”—Y no entrar en el juego…—No entrar en el juego, ni tampoco mandarlo al frente. ¿Entendés lo que te quiero decir? Es como que quieren entrar  n un juego de enfermedad. Y cuando entraste, estás hasta acá. Así que hay que estar atenta. Al margen de eso, siento que cada vez estoy más cerca y estoy convencida de que voy a ser madre, y que cada vez estoy más cerca de ser una mejor madre y que cada vez estoy más cerca de ser una mejor mujer para mí marido, una mejor amiga para mis amigas, una mejor hermana para mis hermanos, una mejor hija, una mejor actriz…—¿Cada vez estás más cerca de ser una mejor Andrea?—Claro: cada vez estoy más cerca de ser mi mejor versión.Por Nancy DuréSEGUÍ LEYENDOAsí fue la presentación de la segunda temporada de “Un gallo para Esculapio”Peter Lanzani, Luis Luque, Julieta Ortega, Andrea Rincón y el resto del elenco presentaron de “Un gallo para Esculapio 2”

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