Por más mujeres en la ciencia

No es lo mejor que se puede escuchar mientras se come una ensalada. Pero vale la advertencia: “Tenemos un problema concreto, muy serio: el agua. Seis de cada diez argentinos no tienen agua potable. Por ahí creen que sí. Pero en Capital Federal se consumen frutas y verduras que provienen de la zona de La Plata. Y todas esas frutas y verduras utilizan como riego aguas de la cuenca Matanza-Riachuelo, que están contaminadas y contienen restos de hidrocarburos”, señala la doctora Silvia Goyanes, investigadora principal del Instituto de Física de Buenos Aires (IFIBA, CONICET-UBA), que acaba de ganar el Premio Nacional L’Oréal-Unesco Por las Mujeres en la Ciencia por el desarrollo de un filtro con nanopartículas, capaz de eliminar esos tóxicos.“Dieciséis provincias de la Argentina tienen altísimos contenidos de arsénico -continúa-. Nosotros sabemos hacer filtros. Entonces, ¿por qué no realizarlos con nanopartículas que actúen como nanoabsorbentes? Lograríamos filtrar compuestos orgánicos volátiles (ínfimos, con muy pocas partes por millón), que son muy dañinos para la salud”.
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Según Goyanes, las bacterias son fáciles de sacar, porque son muy grandes y se eliminan con filtros comunes. Pero esas partículas y el arsénico no se advierten a simple vista. “El agua puede parecer traslúcida, transparente y sin sabor y, sin embargo, estar contaminada. Las telas de nuestros filtros, hechos con nanofibras, podrían colocarse en todos los tanques de agua de los edificios y las casas para recibir agua pura”, explica la física, que estudió en la UBA y realizó su posdoctorado en el País Vasco.Gracias a su desarrollo -disponible en un año, estima-, poblaciones como la de Chañar Ladeado, en Santa Fe, por ejemplo, resolverían el problema del arsénico en el agua. “Mi marido es de allá. Ahí no se puede tomar agua de la canilla. Tienen que buscarla en la cooperativa, donde te dan bidones. ¿Por qué vivir tan mal si uno podría tener en el tanque de su casa filtros que remueven el arsénico? Lo saco y ya está. Si la hiervo, el arsénico se neutraliza, pero con esto no necesitarías nada. Las nanopartículas (estructuras mil veces menores que un cabello) permiten absorber las sustancias tóxicas”.Además de dedicarse a la nanotecnología, Goyanes desarrolla plásticos compostables. Quiere que la bolsita que la gente “tira en la playa” se desarme y que no mate a peces y animales cuando la coman. “Al contrario, que le sirva de alimento”, comenta. Una idea que ayudaría a contrarrestar la presencia de plástico en el estómago de los peces que consumimos o las islas de residuos, a la deriva en el océano.Su trabajo apunta al cuidado del medio ambiente, sobre todo en lo que hace a los plásticos compostables y envases biodegradables. Otra desarrollo -e iniciativa ingeniosa- que permitiría fabricar plásticos que ya contengan fertilizantes y puedan utilizarse en el campo. “En tres meses, ese plástico se composta, no hace falta retirarlo cuando se ara la tierra”, señala. El objetivo de este trabajo, que realiza con investigadores de grado en la Argentina, es cambiarle la vida a los demás. “Queremos hacer productos transables, que tengan impacto en el mercado internacional y puedan ser comercializados. Éste es el espíritu de todo el equipo”.En su laboratorio de Exactas, donde trabaja con químicos, también lleva adelante un proyecto con la Universidad de San Martín para desalinizar el agua. ¿Más innovaciones? El desarrollo de filtros selectivos para retirar hidrocarburos del agua, por el que está interesado una empresa estadounidense. “Se trata de un material capaz de absorber diferentes tipos de aceites e hidrocarburos, con una capacidad de selección muy alta”, explica.Por ahora tienen dos clientes interesados. “Un inversor quiere comprar el desarrollo para venderlo. Tenemos que ver cómo el CONICET nos ayuda a resolver este tema. Cuando es una empresa, está todo bien. Pero cuando se trata de un inversor, es un problema”. En el país no existe una ley similar a la de patentes que se sancionó en 2011, en Estados Unidos, durante la presidencia de Obama. “No nos podemos dar el lujo de esperar seis meses un convenio porque envejece la tecnología. Tenemos que acelerar los tiempos. La Ley de Patentes permite que el investigador sea el que se encargue de transferir ese desarrollo. Por supuesto, el rédito después queda para la institución. Eso en la Argentina no pasa”. Para la física, habría que copiar al mundo desarrollado. “Con esa ley, las fuentes de trabajo crecieron exponencialmente. Deberían dejar que los investigadores vendamos nuestros productos e incorporar la figura de los ángeles inversores. ¿Por qué no podemos venderle a un particular y sí a empresas?”, cuestiona.De su laboratorio pronto podrían salir los filtros salvadores. Ahí utilizan tecnología ya disponible y materiales que se consiguen “a toneladas”, grafica. “Una vez hecho el desarrollo, lo único que faltaría es el inversor para que llegue al mercado”. 

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