Mar del Plata, sin controles: hace un mes que se puede estacionar en cualquier lado y no hay tests de alcoholemia

La ciudad es un caos. No hay controles de ningún tipo, ni de alcoholemia ni de tránsito, no hay un solo agente en las calles; no hay mantenimiento en las plazas, donde crece el pasto y se acumula mugre; tampoco hay atención en las salas de salud -el gremio dice que hay guardias mínimas; la municipalidad lo desmiente- y en los cementerios los muertos no están siendo sepultados o cremados: hay unos veinte ataúdes en depósitos sin refrigeración.    

Los autos estacionan en lugares prohibidos porque no hay controles municipales. Foto: Fabián Gastiarena

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Manteros, puestos de comida y hasta una llama: sin controles municipales, la peatonal San Martín está desbordada

Aquellos servicios que dependen de la municipalidad fueron abandonados por los trabajadores, que están en huelga a causa de un conflicto salarial. La paralización está a poco de cumplir un mes. El gremio viene rechazando semana a semana las propuestas del intendente, primero de otorgarles un 14% de incremento en dos cuotas, y última, la semana pasada, del mismo porcentaje pero en un sólo pago.

Manteros en la peatonal San Martín, sin control. Foto: Fabián Gastiarena

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Esta vez fue por decreto, con lo que los trabajadores terminarían cerrando el 2018 con una suba del 32%. El aumento otorgado, como lo expresó la comuna mediante un comunicado “es una nueva muestra de voluntad que se corresponde con las ocho propuestas realizadas desde octubre pasado”. Pero este tampoco conformó al Sindicato de Trabajadores Municipales. Dicen desde el gremio que agrupa a 5.400 de los 8.000 empleados de la comuna, que aceptando cerrarían un acuerdo salarial que los deja lejos de la inflación que hubo en el año, que estuvo a poco de tocar el 50%, y abandonaron los servicios de la comuna en el momento más inoportuno: la ciudad vive un muy buen arranque de la temporada, con miles de turistas. Sólo este fin de semana arribaron 230 mil personas.   

El pasto de los parques no se corta por el paro de municipales. Foto: Fabián Gastiarena

No sólo los turistas, también los locales pueden estacionar en donde les plazca, y de hecho lo hacen hasta sobre las aceras en la costa norte y sur, o sobre canteros, o bien avanzar por calles y avenidas acelerando sin preocupaciones: no funciona el acarreo de grúas, tampoco el sistema de fotomultas. No hay agentes de tránsito en ningún lado. Por eso no hay controles de alcoholemia en el número que se realizan habitualmente, y los pocos que se montan, a cargo de funcionarios municipales con personal jerárquico de la municipalidad, son ínfimos. De hecho, la misma madrugada del 31, aunque sostienen haber controlado en Playa Grande y la avenida Constitución entre las 2 y las 5 de la mañana, “no se registraron casos positivos”.Hasta el intendente Carlos Arroyo, que antes de llegar a la intendencia era conocido por haber sido director de tránsito, que por su mano dura con los infractores se había ganado el apodo de “Zorro 1”, volvió a la calle para encabezar operativos.  Sin inspectores, no hay quien controle tampoco el sistema de estacionamiento medido y consecuentemente nadie que recaude, como tampoco multas que cobrar. El secretario de Hacienda, Hernán Mourelle, dice que sólo en diciembre se dejaron de recaudar unos 20 millones de pesos. El hombre amenaza con demandar al gremio por los perjuicios que está ocasionando a la comuna.  Las escenas del caos se multiplican en las plazas y en cada espacio público, donde el pasto crece y se acumula basura. Algunas pocas veces, de la mano de funcionarios y ONG’s convocadas por la municipalidad se hizo limpieza, pero en esta ciudad invadida de turistas la escoba es insuficiente y el riesgo sanitario aumenta. En las salas de salud la atención se brinda con guardias mínimas, pero voceros de la municipalidad dijeron a este diario que “no las están cumpliendo, algunas directamente están cerradas”. Tampoco hay quien atienda las dependencias municipales. Cualquier tipo de trámite está paralizado, no hay quien otorgue licencias de conducir, aunque se amplió el plazo de vencimiento para aquellos que les cerró en medio de la medida de fuerza. Tampoco se otorgan habilitaciones, es decir que quienes pretendían abrir un comercio por la temporada de verano están viendo cómo se esfuma su inversion. Mientras, choripaneros y manteros se instalan donde más les gusta. Los trabajadores de los cementerios se solidarizan con las familias de bajos recursos y los atienden brindándoles sus servicios con normalidad, o en situaciones especiales, como cuando la ciudad fue golpeada por la tragedia de la caída de balcones, que sepultó bajo los escombros a una joven mamá y a su hijita de tres años. Entonces, de momento, olvidaron la huelga. Hay guardias mínimas, así y todo 20 familias esperan poder despedir finalmente los restos de sus seres queridos. En estos días, los ataúdes son albergados en depósitos sin refrigeración.Mar del Plata. Corresponsal

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