Barbara Cassin: Alerta contra las Trampas del discurso

Barbara Cassin es una pensadora fundamental para entender la Francia contemporánea. El contexto es complejo, ese país vive en agitación permanente ante los fenómenos políticos, sociales y económicos que lo atraviesan tanto en su interior como en el contexto global. Antes de llegar a la costa atlántica, respondió esta entrevista por escrito y se refirió, entre otras cosas, a la distinción que acaba de recibir: la medalla de oro del Centre National de la Recherche Scientifique por la edición del el Dictionnaire des intraduisibles : “Me alegra que este trabajo colectivo y tan extraño que acaba de traducirse y reinventarse en español, sea reconocido por la comunidad científica como algo importante. Somos 150 autores premiados más los traductores de casi una docena de idiomas”. Según Alain Badiou, Cassin lee la historia de la filosofía antigua a la luz de la sofística. Muestra cómo la sofística, gracias a Platón y Aristóteles, permite ampliar la racionalidad al explorar sus principios y sus límites.–¿Usted cree que el discurso de Emmanuel Macron es interesante o por el contrario le parece vacío? ¿Qué sujeto histórico podemos encontrar en sus palabras? ¿A quién le habla?–Macron es notablemente inteligente y culto, mucho más que nuestros presidentes anteriores. Es, al mismo tiempo, un tecnócrata, experto en finanzas que, a veces, es también provocador, como un chico de pueblo: “Qué vengan a buscarme”, dice; o hay que “cruzar la calle para encontrar trabajo”. Estos dos niveles tampoco se corresponden con lo que esperan los “chalecos amarillos”: en ambos casos, ellos ven desprecio por parte del presidente. Este cambio de fase está produciendo odio. La brecha entre la gente y el príncipe se expresa de la siguiente manera: “Usted habla de fin del mundo, nosotros hablamos de fin de mes”.

Emmanuel Macron en la librería el Ateneo Grand Splendid durante las jornadas del G20.

–¿Hay algún líder mundial que hable con un discurso político sustancial?–No sé a qué te referís con “sustancial”. Trump, Bolsonaro, los populistas de Italia de Hungría y Polonia sostienen el mismo tipo de discurso, que, desafortunadamente, tiene sustancia: la voluntad nacionalista, el miedo, el odio al otro… El nacionalismo y el populismo están en todas partes, con un mayor o menor grado de dictadura, desde la India de Narenda Modi hasta la Rusia de Vladimir Putin. Algunos como China construyen o visten más hábilmente su voluntad de poder, a través de una colonización económica de África, por ejemplo. Sean cuales fueran las palabras, se trata de las mismas realidades egoístas que se ponen en práctica. Con locos más locos que otros como ocurre en Corea del Norte.–¿Qué implicancias tiene hoy el discurso de Bolsonaro? ¿Provocan sus palabras? –Si, por supuesto. Es un fascismo de derecha, apoyado por el ejército y la policía, machista, racista, homófobo, con un desprecio explícito por el derecho de los indios al mismo tiempo que crea el clima para explotar el Amazonas y la voluntad de erradicar a la izquierda y, con ello, también la cultura y las universidades. Todo está ahí. Fue elegido democráticamente con el 56% de los votos, pero también Hitler fue elegido democráticamente…

Presidente brasileño Jair Bolsonaro.
Foto: Evaristo Sav/ AFP

–Estamos presenciando cambios muy importantes en la lengua. En español, lo vivimos intensamente. La emergencia de un lenguaje inclusivo suscitó una polémica muy importante en la Argentina. ¿Cree que es un cambio coyuntural o será que la lengua cambia como también cambia el mundo?–La escritura inclusiva es una forma de llamar la atención sobre el machismo ordinario vehiculizado por el lenguaje. El diagnóstico es correcto, pero no creo ni por un momento en el remedio propuesto. Primero porque es, al menos en francés, ilegible e impronunciable. En segundo lugar, porque el lenguaje es un objeto histórico que evoluciona, un flujo, una energía. El voluntarismo en materia de lengua siempre me parece peligroso, incluso cruel e ineficaz. La atención que se presta al problema de lo femenino está en el movimiento de la historia, nos corresponde a todos acompañarlo, pero prefiero apoyar la paridad de los salarios y el derecho al aborto que una reforma de la escritura.–¿Es una coincidencia que aquellos que denuncian el lenguaje inclusivo se opongan a menudo a las manifestaciones feministas, los derechos de de las minorías sexuales, por ejemplo? –Por supuesto que no, no es una coincidencia. Pero no sacaría la conclusión de que si alguien se manifiesta a favor de la mujer y protege a las minorías sexuales, entonces tiene que ser partidario/a de la escritura inclusiva.–¿Usted ve el globish (inglés simplificado) como un peligro? ¿Por qué?–No tengo nada en contra de una lengua de comunicación, siempre ha habido y es necesario. Por otro lado, me parece muy peligroso que este lenguaje erradique a los demás y los reduzca a nada más que dialectos. Una lengua se caracteriza por autores y obras, es una cultura y una visión del mundo. Los trabajos que conozco en globish son, ante todo, archivos de solicitud de subvenciones en Bruselas, juzgados por expertos cuya tarea es clasificar. Globish es el idioma de la evaluación y, al igual que Google, hace de la calidad una propiedad emergente de la cantidad. Al contrario, creo que la diversidad es en sí misma mucho más emocionante que la uniformidad, y con mucho gusto diría, citando a Umberto Eco, que el lenguaje del mundo es la traducción.–¿Le preocupan las noticias falsas? ¿Es una herramienta tramposa para ganar elecciones presidenciales, por ejemplo?–En cualquier caso contribuyeron a ganar. Enel caso de Bolsonaro, a través de Whatsapp. Y en el de Trump, a través de los trolls rusos. Las infox (noticias falsas en francés), los rumores, siempre han existido, pero las redes sociales les dan un poder que aún no se ha podido medir como corresponde. Tenemos razón en inquietarnos y hacer que todos tomen conciencia de que hay que juzgar y ejercer el espíritu crítico. Se trata incluso de la cultura y la educación. El juicio es, decía Hannah Arendt, la facultad política por excelencia.–¿Qué tipo de malestar expresan los “chalecos amarillos”? No es solamente un malestar político, también parece un malestar social y existencial.–Es ante todo un malestar económico. Recordemos la frase: “Ustedes nos hablan del fin del mundo”, dicen desde el poder, refiriéndose al aumento del combustible en respuesta al desajuste que generó el cambio climático. “¡Y nosotros le estamos hablando del fin del mes!”, sostienen los manifestantes. Vemos que estos son dos niveles de discurso que no se entrecruzan y no se traducen el uno con el otro, el del poder tecnocrático ejecutivo y el de su experiencia vivida. El desfasaje es completo. Esta clase media pobre nunca habló realmente. Ahora, los chalecos amarillos notan repentinamente que muchos de ellos están viviendo lo mismo, y que su palabra cuando se juntan tiene un efecto. Rechazan los códigos donde los encerramos o donde los recuperamos y quieren una ruptura. Los chalecos amarillos se componen de “ronds-points”, que son los que crean el movimiento del “común” y de lo político. Ellos experimentan la fuerza que han creado y el miedo han inspirado. Y Macron los llamó “la ira legítima”. En 1968, toda una generación sintió también la fuerza de su discurso colectivo, en ruptura existencial con los códigos existentes. Pero querían más libertad: “bajo los adoquines está la playa”, pedían en lugar de “más facilidades” o poder adquisitivo como reclaman los chalecos en el plano económico. Es por eso que los dos discursos no se parecen. El actual moviliza tanto el miedo al otro como el deseo de consumir, es sensible al populismo y es recuperado por la llamada alianza Rouge-brun (un movimiento que puede tener valores híbridos resultantes de una mezcla de los de la extrema derecha nacionalista y la extrema izquierda comunista).

Protestas de los chalecos amarillos en París. Foto: Loic Venance/AFP.

–¿Cómo fue su experiencia en la comisión “Verdad y reconciliación” en Sudáfrica. ¿Cuál es le valor de la verdad en este caso?–Es para mí una experiencia clave, por la inteligencia del dispositivo discursivo y su fuerza efectiva. La Comisión ha obligado a los que deberían haberse quedado callados a decir todo para obtener la amnistía y decirlo todo públicamente, para que nadie pueda pretender decir “no lo sabía”. Esta revelación completa produce una verdad que el sacerdote pacifista Desmond Tutu a menudo llama “irónica”, ya que son los mismos que ocultan información quienes la revelan. Lo que se produce con este intercambio de palabras entre verdugos y víctimas es una re-humanización de todos, pero también es colectivamente “suficiente verdad para” construir un pasado común y unir a la gente bajo un arco iris. Esto no es ni una verdad histórica ni una verdad judicial, ni obviamente una verdad absoluta de tipo filosófico, sino una verdad política.

Fuente