La evacuación de El Prado por los bombardeos de la Guerra Civil

En julio de 1936 se produce la insurrección militar contra el gobierno republicano y apenas un mes después El Prado cerró sus puertas, para descolgar las obras y cubrirlas con frazadas. Antes de finalizar ese año, el Museo fue evacuado casi en su totalidad. El pintor Timoteo Pérez Rubio fue el encargado de organizar, junto a cientos de colaboradores, entre ellos los poetas Rafael Alberti y María Teresa León y el muralista valenciano Josep Renau, el plan para salvaguardar el tesoro de la nación, cuya protección, a través del artículo 45 de la Constitución de 1931, había logrado convertir en ley. La Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico no solo se ocupó de proteger las fuentes y obras públicas de los ataques y bombardeos de los golpistas; también se dirigió a las fundaciones privadas, las iglesias y los museos de todo el país, con la intención de inventariar obras y trasladarlas a grandes depósitos. Primero los estudiantes de bellas artes y luego los tipógrafos imprimieron carteles con mensajes como “Obreros de hoy, respetad la labor de nuestros compañeros de ayer”, orientados a quienes ejercieran la violencia anticlerical y antiartística que la Guerra Civil había desatado.

Custodia para los cuadros de El Greco. Un acarreo plagado de riesgos, en la Guerra Civil.

Dada la importancia que la Segunda República había otorgado a la trasmisión de experiencias culturales, no es difícil imaginar el inmediato y masivo afán de proteger el Museo. La evacuación sigue siendo unos de sus capítulos más acuciantes, destacado aquí en fotos y documentos.Durante la Guerra Civil, Madrid sería una ciudad asediada por los bombardeos. Uno de ellos se produjo sobre el Museo en noviembre de 1936. Algunas bombas incendiarias ingresaron en el interior, sin llegar a causar daños considerables. A partir de esto, el gobierno de la Segunda República decide poner en marcha la evacuación del patrimonio y alejarlas de Madrid. Cerca de setenta camiones trasladaron, a 15 km por hora, las casi 20.000 piezas, tanto de El Prado como de El Escorial, el Palacio Real y la Academia de San Fernando. Fueron trasladadas primero a Valencia, luego a varias ciudades de Cataluña, para concluir en Ginebra. La decisión y la inmensa aventura logística que ello supuso contienen a su vez otro correlato. Dado que el itinerario del gobierno de la Segunda República sigue el mismo camino que su patrimonio, allá donde el avance de las fuerzas nacionales obliga al gobierno a trasladarse va el acervo. Por ello en enero de 1939, a dos meses de concluir la Guerra, el presidente Manuel Azaña declaraba: “El Prado es más importante para España que la República y la monarquía juntas”.Entre los relatos que acompañaron los traslados, algunos insisten en la precariedad y velocidad innecesaria de las tareas. Uno de ellos cuenta que para cruzar un río, dado que la altura de Las meninas era superior a los arcos del puente, fue necesario bajar la obra de Velázquez del camión y trasladarla a mano. Tal despliegue de escala humana aumenta la emotividad y celebra su eficacia, dado que una sola obra sufrió un pequeño daño, “Los fusilamientos del 3 de mayo” de Goya. A Ginebra llegaron unas 2000 cajas con dibujos y pinturas. Con casi 200 piezas se organiza la exposición firmada por Goya, El Greco, Murillo, El Bosco o Van Dyck. Obras maestras del Museo del Prado se inauguró en junio de 1939 en el Museo de Arte e Historia de Ginebra.

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