Se dio cuenta de que tirar patadas era lo suyo y ahora sueña con ser campeona mundial de Taekwondo

Como buena hermana, a los nueve años quiso imitar lo que hacía su melliza Belén y la acompañó a una clase de Taekwondo. “Cuando empecé a hacer los primeros movimientos me di cuenta que los puños y las patadas eran lo mío, y desde ese momento nadie me pudo parar”, cuenta Rocío Pereyra (25) que se prepara para el Mundial de Taekwondo ITF 2019 que se realizará en abril en Alemania.Hace 16 años, la Sociedad de Fomento Andrés Rolón de San Isidro le abrió las puertas a Rocío convirtiéndose así en su segundo hogar. “Mis amigos me cargan y me dicen que paso más tiempo ahí que en mi propia casa”, comenta y ríe. Allí comenzó a entrenar y a los 16 empezó a dar clases y luego quedó como profesora titular. Tras recibirse de instructora internacional abrió su escuela (TKD San Isidro) en el mismo lugar. Hoy recibe más de 100 alumnos por semana y les explica los beneficios que este deporte provoca, tanto físico como emocionalmente.

Con 25 años, es una de las clasificadas para el Mundial de abril.

En 2011, Rocío se involucró en el mundo de la competencia en esta disciplina. Tres años más tarde y luego de largas peleas en Brasil, Chile y Paraguay, se enfrentó en el Torneo Panamericano con Patricia Garelik, Campeona Mundial en Italia y su máximo referente en el Taekwondo ITF. “Aunque perdí, esa pelea fue una bisagra en mi vida. Me vi a la altura de las circunstancias. Sabía que podía ir por más. Solo había que soñar y luchar por ello”, confiesa. Año a año defiende el título de Campeona Nacional que obtuvo en 2014.La niña que a los once años “tiraba patadas” en la Plaza Alsina y practicaba distintas técnicas para que los otros chicos le pregunten qué hacía, se fue acercando poco a poco su sueño: ser la Campeona Mundial.El año pasado fue la primera vez que se presentó en un torneo selectivo del que logró la clasificación para el Mundial 2019. “Clasificar ya es parte cumplida del sueño. Me da fuerzas para seguir luchando”, expresa.

A los 9 años se inició en esta disciplina, entrenando en la Plaza Alsina, de su barrio.

Para prepararse debió modificar su rutina: ahora entrena todos los días doble turno junto a su entrenador, Federico Monzón. Durante enero trabaja en mejorar su rendimiento físico; febrero y marzo será tiempo para la técnica y las estrategias de lucha. “Hay días en que el cuerpo no da más, pero la cabeza y los sueños son más grandes”, admite. Además, cuenta con un grupo de profesores, amigos y compañeros que la ayudan y le prestan sus gimnasios y dojangs (lugar de entrenamiento de Taekwondo) para que vaya a ejercitarse; y también, con su familia que la apoya en todas sus decisiones. “No importa si a veces llego a las 11 de la noche de entrenar, ellos están ahí para cuando vuelvo con la comida lista y preguntándome como me fue”, dice.

Rocío da clases en su escuela, a dos cuadras de su casa.

La clasificación no solo le trajo felicidad a Rocío, también implicó una serie de gastos para los cuales necesita dinero: el viaje a Alemania, hospedaje con las delegaciones mundiales, inscripciones e indumentaria. Es por ello que, además de su profesorado en la escuela que es su principal soporte económico, lanzó una campaña de bonos contribución a través de su Instagram personal (@rropereyra). “Con mi entrenador pensamos la manera de solventar los gastos y se nos ocurrió esta idea -explica-. Los bonos tienen un costo de $100 y es una ayuda enorme para acercarme a lograr mi gran sueño.”Sin ningún sponsor ni entes que la respalden, la taekwondista de San Isidro, y también Licenciada en Relaciones del Trabajo, afirma: “Alcanzar ese título sería el sueño de mi vida y podría transmitir toda la experiencia y los conocimientos a aquellos que les interese la competencia en este arte marcial”. Aunque también cree que si eso no ocurre -que esperemos que no- continuará su vida normalmente ejerciendo su pasión: el Taekwondo y dar clases.“Estoy segura que si este deporte se difundiera más viviríamos en una sociedad mejor y con mayores valores”, confirma Rocío.

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