Ejecutivos argentinos que llegaron alto en el exterior

Suele decirse que la Argentina es un buen semillero de talentos corporativos. Que las sucesivas crisis, los contextos adversos y los giros imprevisibles funcionan como entrenamiento para los futuros líderes. Podría pensarse que esto forma parte de la variada lista de “mitos argentinos”, pero las historias de algunos ejecutivos que lograron posiciones de liderazgo en otros países, dentro de multinacionales, parecen confirmar la idea.Capacidad para adaptarse a los cambios, resiliencia y perseverancia son parte de los atributos valorados en el camino ascendente de la vida corporativa. A eso se suman la voluntad de asumir riesgos, la disposición a aprender y la cuota de azar que forma parte de cualquier historia de vida más o menos exitosa.

Hay que estar abierto a las propuestas porque “algunas oportunidades no vienen en el formato que uno las imagina”, dice Mariano Lozano, CEO de Danone Norteamérica.

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“Nunca me gustó la pregunta de cómo te ves de acá a cinco años. El presente se llama presente porque es un regalo, hay que aprovechar cada momento”, dice Mariano Lozano, hoy CEO de Danone Norteamérica, quien asegura que nunca planificó su carrera. Recibido de ingeniero industrial en la UBA, su primer trabajo fue en Techint y luego aplicó y entró al área de supply chain de Quilmes, donde “me vieron pinta de vendedor y me pasaron a jefe de Ventas de Capital Federal”. De ahí en adelante, su carrera se desarrolló en posiciones comerciales.Luego de un paso por Pillsbury, una empresa multinacional que había comprado La Salteña, fue convocado por Danone cuando se estaba negociando la adquisición de parte del negocio de Mastellone. “Mi conocimiento de Danone era cero, pero reportar y trabajar cerca de don Pascual me llamó la atención”, asegura Lozano. Los cuatro años a cargo de la logística de La Serenísima, que coincidieron con la crisis de 2001, “me marcaron para cualquier cosa que hubiera pasado después”, asegura. “Es cierto que los argentinos estamos formados en crisis. Pero aunque el famoso ‘lo atamos con alambre’ puede ser una virtud en el corto plazo, no es sostenible. Hay que distinguir entre ‘viveza criolla’ e inteligencia. La inteligencia es cómo no meterse en un problema del cual no se puede salir”, reflexiona.En 2003, el entonces CEO del Grupo Danone le preguntó si le interesaba la carrera de gerente general. Y le ofrecieron formarse on the job. Así fue a la unidad de negocios más chica del mundo, en Eslovaquia. “Llevaba 8 años de casado y no tenía hijos. Con mi mujer compramos un mapa, nos fijamos que Eslovaquia estaba al lado de República Checa y a una hora de Viena. Y dijimos, ¿vamos?”, rememora. “Era como una aventura: éramos los únicos argentinos, no hablábamos el idioma, poca gente allá hablaba inglés, y el pueblo donde estábamos tenía 1.000 habitantes. Pero lo peor que nos podía pasar era tener que volver”, describe.

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A los dos años, los directivos lo pasaron a un negocio “medium size”, Sudáfrica, y luego a uno “large”, Brasil. Adaptarse al nuevo entorno es clave para una carrera internacional: “Tratás de entender la idiosincrasia local, y aprender el dioma es una forma de comprender cómo piensa la gente”, observa. En Brasil estuvo 5 años. “Era un negocio de un billón de dólares, con un 15% de crecimiento anual”, cuenta. Con buenos resultados a cuesta, Danone buscó para Lozano un destino “extra large”. “Me dijeron ‘te necesitamos en Norteamérica’ y fue un shock. Había estado en países emergentes, con inflación, problemáticos, con crisis. Nunca me había imaginado manejar el negocio de Estados Unidos y Canadá”, cuenta.Desde su llegada en 2014, Lozano ocupó cuatro posiciones distintas. Entre ellas, lideró las negociaciones para la adquisición de la compañía de alimentos White Wave, y luego el proceso de integración. Yquedó al frente de Danone Norteamérica: “El negocio más grande a nivel mundial con 5,5 billones de dólares”, dice. “Hay que estar siempre abierto cuando aparecen propuestas, aunque parezcan muy locas, y mantener un cierto nivel de apertura. Porque algunas oportunidades no vienen en el formato que uno imagina”, aconseja.Magdalena Ferreira Lamas, gerente general de Avon para el Grupo de Mercados del Norte de Latinoamérica, inició su carrera “a la inversa de la típica carrera de desarrollo”. Ya tenía 27 años y dos hijos cuando comenzó Comercialización en la UCES. Trabajó en Pepsico y luego en Quilmes, siempre en roles comerciales. Más tarde, recibió una oferta para entrar a Avon Argentina como directora de Estrategia.“En Avon es central el desarrollo del talento femenino. Ahí empecé a vivir experiencias internacionales: fui country manager en Bolivia, directora nacional de Ventas en Perú, y hace ya más de 10 años desembarqué en México, donde ocupé diferentes roles hasta hoy”, cuenta. Reconoce a un jefe en Quilmes que apostó a convertirla en la primera mujer gerente de Ventas en la cervecería. “Lo primero que hice fue definir que mi rol era agregar valor, tener perseverancia, resolver problemas y ser yo misma. Nunca iba a ser un hombre. Creer en mí misma, ser auténtica, resiliente y perseverante son las fómulas que me han servido”, asegura. Es clave “saber que uno no tiene la respuesta para todo. Hay que tener la humildad de preguntar si lo que estás haciendo es lo correcto”.

Confianza, resiliencia y perseverancia, las claves de Magdalena Ferrira Lamas, gerente general de Avon en México.

Cuando surgió la posibilidad de viajar, fue un desafío para la familia. “Estaba divorciada y tenía tres hijos. Los dos mayores estaban en la universidad, pero el más chico tenía 12 años. Y él se lanzó a la vida internacional conmigo. Me hice muchas preguntas, pero había un fuego interno y pensé ‘si no lo aprovecho con todo el respaldo que tengo, no me voy a animar nunca a hacerlo’. Y me embarqué a la aventura”, dice.En cambio, la carrera de Sandra Guazzotti, gerente general de Oracle Chile, hizo su arranque en el extranjero. Estaba en Derecho de la UBA cuando le dijo a su padre que quería seguir estudiando en el exterior. “Pero él me hizo un gran favor cuando me dijo: ‘perfecto, pero tenés que procurarte los medios’”.Así, encontró un programa en la embajada de Japón que becaba a estudiantes para aprender japonés durante un año, dar el examen de ingreso a la universidad y estudiar la carrera, todo allá. La eligieron dentro de un grupo de 50 personas de todo el mundo. Aunque los años de estudio fueron muy exigentes, “mi gran shock cultural fue cuando terminé la universidad y empecé a trabajar en el Banco de Tokyo. La camada de ejecutivos que salió de la universidad y entró al banco fue de 100 personas: había solo 4 mujeres y yo era la única extranjera”, cuenta.“Fue muy duro, porque no tenía expectativas realistas: había pasado el desafío de aprender el idioma, entrar a la universidad, me había ido muy bien… pero la primera semana de trabajo me tuvieron cerrando sobres y yo me quería morir”, recuerda. “La experiencia me enseñó mucha humildad y a entender que cada rol es importante en una organización”.En los 90 la trasladaron a la sucursal de Buenos Aires. Luego pasó por distintos bancos en distintas posiciones, hasta que la contactó el gerente general de Oracle Argentina. “Era para desarrollar el programa de financiamiento de proyectos de tecnología de la información, aprovechando mi background financiero. Yo no sabía nada de tecnología. Pero él me dijo: ‘Lo vas a aprender’”, rememora la ejecutiva.

“Lo que me pasó no fue planificado, pero sucedió porque detrás de mi curiosidad se me abrió un mundo”, cuenta Sandra Guazzotti, gerente general de Oracle Chile.

Trabajando en la división de Finanzas de Oracle, pasó a Chile, donde cubrió la responsabilidad de la región y de Medio Oriente y África. En 2011 tomó la gerencia general de Chile. “Me di cuenta de que lo que me fascina es liderar procesos transformacionales”, dice. En 2014 le asignaron la división financiera de Japón y Asia Pacífico y luego un rol de management en Japón. El año pasado volvió a liderar Chile. “Me encanta aprender constantemente. Lo que me pasó no fue planificado, pero me fue pasando porque detrás de mi curiosidad se me abrió un mundo”.Sebastián Trotta se recibió de ingeniero industrial en la UTN y entró a trabajar en Ford a los 23 años. “Quería aprovechar la envergadura de una empresa multinacional para poder desarrollarme y enriquecerme de experiencias en el exterior”, cuenta. No le fue mal:  después de pasar por áreas como ventas, marketing, servicio y relaciones públicas en distintos mercados, acaba de ser nombrado gerente general de la compañía automotriz en Perú.

“Nuestro país es capaz de desarrollar profesionales altamente competitivos para un entorno global muy exigente”, dice Sebastián Trotta, gerente general de Ford Perú.

“Me sirvió siempre buscar disfrutar el trabajo. No verlo como una obligación o algo necesario, sino como una elección. Es como ser un emprendedor pero dentro de una corporación”, revela.Para Trotta, “el argentino suele resaltar en el exterior por la pasión y el compromiso con la que vive el trabajo. La formación académica juega un rol fundamental y en muchos casos nuestro país es capaz de desarrollar profesionales altamente competitivos para un entorno global muy exigente”, asegura.

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