“Las pautas para tratar el TGD debieran aplicarse a todos los estudiantes”

LA CARTA. Hace 22 años tuve a mi primer alumno diagnosticado con TGD (Trastorno Generalizado del Desarrollo). En ese momento me dieron una fotocopia para saber cómo tratarlo. También se ponía en juego la idea de medicarlo, … ¡a los 9 años! La que realmente precisaba ansiolíticos, la que venía de una crianza en escuela de niñas, con formación religiosa, mandatos lacónicos y con familia disfuncional, era yo. Pero querían medicar a Nico, mi alumno. La madre, muy preocupada con la determinación del neurólogo, se acercó a hablarme pidiéndome que hiciéramos lo posible por poner en práctica lo de la fotocopia, pero no lo de la pastilla.

(TGD) o Trastorno del Espectro Autista, es una alteración de origen neurobiológico que se manifiesta habitualmente en los niños durante los tres primeros años de vida.

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Vayamos a lo que decía el papel impreso que me habilitaba a: “Reducirle tareas, acotarle consignas, precisarle espacios pequeños para expresarse por escrito, darle tiempo para que se recree su mente (sería un volver a crear), mirarlo a los ojos, evaluarlo en forma individual, darle directivas claras y cortas, atender a su forma de aprender”, que por lo general implica a todo el cuerpo del individuo. Estos chicos son muy inquietos … ¡como todos los chicos sanos!Pasaron los años, pero los estilos pedagógicos no cambiaron demasiado, sí hay acompañantes en las aulas (mayores que los ayudan). Nico ahora es licenciado en una carrera que se llama Seguridad e Higiene. Creo que su vida tomó un curso interesante y prometedor. Quizás los manuscritos con las pautas para atender a Nico debieran ser las que se utilicen para todos los estudiantes, ¿o acaso no todos los chicos necesitan que los miren a los ojos? Que les otorguen recreos mentales; el tiempo de concentración de un niño (el de algunos adultos también) es efímero. Que las consignas sean claras, cortas, simples. Que la hoja no sea un cúmulo de preguntas o ejercicios numéricos. No hay humano que sea feliz completando el ejercicio a- 1, 2, 3 b 1, 2, 3, 4. Además… ¡es tan poco personalizado! Que la actividad provoque entusiasmo y apele a la creatividad Ser evaluado como sujeto irrepetible, con carencias y habilidades intransferibles.

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No hay chicos mucho más inteligentes que otros, hay niños más interesados que otros, más aptos para ciertas disciplinas que otros, etc. La escuela pide a gritos terapia, hospital de día, análisis clínicos …quizás haya que medicar a los que se dedican a esta empresa. Veo a diario a los chicos en sus recreos: son especialistas del piedra, papel o tijera, el chupi con las figuritas, la soga con dificultades (salto con canciones y destrezas), la mancha congelada y salvada, el básquet a espaldas del aro. Son genios en el manejo de tuppers, la selección de las ingestas programadas para el día, hábiles “chamuyadores”, excelentes oradores cuando de dar excusas por tareas sin hacer se trata. ¿Por qué aprenden tanto de algunas cosas y tan poco de otras?

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Los que funcionan bien, los “adaptados” a este sistema, los “excelentes alumnos” (según el criterio tomado por excelencia) ¿son los aptos? ¿Los “normales”? ¿A quiénes hay que medicar? ¿No será que los grandes, con nuestras ansiedades, nuestras insatisfacciones, nuestros mandatos a la adaptabilidad que nos pide un mundo vil e interesado, somos los mal medicados? Urgente una escuela al hospital.Roberta Garibottirobertagaribotti@hotmail.comEL COMENTA​RIO DEL EDITORPor César DossiMás allá de los libros de medicinaEl Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD) o Trastorno del Espectro Autista, es una alteración de origen neurobiológico que se manifiesta habitualmente en los niños durante los tres primeros años de vida. En muchas ocasiones, en lugar de TGD, se prefiere hablar de los Trastornos Generales del Desarrollo del Espectro Autista (TEA), porque abarca con mayor precisión todas las posibles problemáticas de las áreas del desarrollo. Esto dicen los especialistas.Pero Roberta más allá de las páginas de los libros de medicina. Ella habla de los esterotipos pedagógicos que se aplicaban, y habla de ese “papel impreso”, una fotocopia para tratar el TGD, “que debiera aplicarse a todos los estudiantes”, afirma. Porque es verdad su punto de vista, todos los alumnos necesitan ese mimo, que se personalice el aprendizaje, “que la actividad provoque entusiasmo y apele a la creatividad”, agrega la lectora.Nico es hoy licenciado en Seguridad e Higiene gracias al acompañamiento de sus padres, y de su maestra Roberta. Pasaron 22 años de esta historia, pero su esencia sigue vigente: enseñar con amor, y la carta es un faro. Un tip: mantener la esperanza de una recuperación total, o casi total, es el mejor motor para no bajar los brazos. “Cada persona con TEA es única, de nada sirve utilizar el diagnóstico como etiqueta que rotula, sino sólo para evaluar y brindar los apoyos que cada persona y su familia necesitan”, dice Matías Cadaveira, director de Casa Abanico, una institución para promover la inclusión y mejorar la calidad de vida de personas con TEA y sus familias.

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