Biósfera 2, un experimento fallido que vale la pena reexaminar

Por CARL ZIMMERAntes del amanecer del 4 de abril de 1994, Abigail Alling y Mark Van Thillo se escabulleron por las faldas de las Montañas Santa Catalina de Arizona, abriéndose paso hacia un monumento de domos geodésicos y pirámides conocido como Biósfera 2.El complejo de una hectárea contenía un bosque tropical, un manglar, un desierto, un arrecife de coral —y siete personas que llevaban un mes encerradas en su interior.Alling y Van Thillo habían emergido recientemente de una estancia de dos años en Biósfera 2. Más tarde, después de su arresto, dijeron que temían por la seguridad de las personas adentro. Estaban decididos a poner fin a la misión.

Abigail Alling dentro del complejo de Biósfera 2 en 1993. Luego de abandonarlo, irrumpió en el lugar porque estaba preocupada por la gente que seguía adentro (Jeff Robbins/Associated Press).

Abrieron a la fuerza cinco de las puertas de Biósfera 2 y rompieron los sellos. Luego se encaminaron al sistema de ventilación, que destruyeron.Esa incursión marcó el fin de uno de los experimentos más extraños en la ciencia. Nadie jamás había construido un mundo ecológico sellado tan grande como Biósfera 2 y nadie había sobrevivido tanto tiempo dentro de uno. El proyecto sería tachado después de una locura y un esfuerzo desperdiciado.Y, sin embargo, 25 años después, es un experimento que vale la pena redescubrir. Biósfera 2 podría ofrecer algunas lecciones sobre el manejo de la Biósfera 1 —nuestro planeta.La idea de Biósfera 2 surgió en un rancho de Nuevo México a principios de los 70. Los residentes del Rancho Synergia —que dividían su tiempo entre el teatro experimental, la agricultura y la fabricación de muebles— se vieron a sí mismos recogiendo los pedazos de la civilización.Ganaron el apoyo de Ed Bass, un rico texano que se volvió presidente de una compañía llamada Space Biospheres Ventures. En 1984, la compañía anunció que iba a construir una estructura hermética, conocida como Biósfera 2, dentro de la que florecerían ecosistemas, suministrando a gente aire, agua y comida. Sus planes requerían 3800 especies de plantas y animales. En la mañana del 26 de septiembre de 1991, ocho personas, entre ellos Alling y Van Thillo, dijeron adiós a la prensa mientras entraban.La compañía planeaba ganar dinero con su ciencia. Imaginaba biósferas construidas a pedido, esperando poner una en órbita para 1995 y quizás a la larga construirlas en la luna y Marte. Pero tras dos semanas, una habitante se cercenó la punta del dedo en un accidente. El doctor de la misión se la reimplantó, pero decidió que debía ir a un hospital.Horas después, la mujer regresó, trayendo una bolsa proporcionada por la administración de Biósfera 2, con provisiones tales como partes de computadora. Los reporteros se enterarían de esa entrega meses después.También se enterarían de que el personal hacía muchas entregas a la Biósfera 2, de semillas, vitaminas y otras provisiones dos veces al mes. Un ex empleado reveló que los ingenieros instalaron un filtro de CO2 para que la atmósfera de Biósfera 2 pudiera ser manejada de manera artificial.Hubo otros problemas: el clima nublado evitó que crecieran las plantas, y el lugar empezó a perder oxígeno porque el suelo generó una bacteria que devoraba el oxígeno. Los colibríes y abejas murieron, lo que dejó los cultivos sin polinizar. Las cucarachas reinaban.A los 10 meses de iniciada la misión, el consejo asesor de expertos del proyecto entregó un reporte devastador. Entonces renunció el consejo. Llegaron los problemas financieros.Para cuando salió el primer grupo de Biósfera 2 y poco después de que la segunda misión hubiera empezado, la dirección de Space Biospheres Ventures fue despedida, en abril de 1994. Esa purga motivó la irrupción de Alling y Van Thillo. Estaban preocupados por la seguridad del nuevo grupo.La segunda misión fue acortada. La Universidad de Columbia en Nueva York operó lo que quedaba de Biósfera 2 hasta 2003, y la Universidad de Arizona tomó el control. Biósfera 2 aún existe, y los experimentos científicos continúan.Muchos científicos vieron a la Biósfera 2 original como un fracaso. Sin embargo, no debe ser de­sestimada. Durante dos años, ocho personas cultivaron papayas, remolachas, plátanos, arroz y más. El agua que bebieron no las envenenó. Los ecosistemas perduraron.El ecologista William Schlesinger escribió recientemente que la historia de lo que sucedió en Biósfera 2 “es demasiado valiosa para perderse”. Pero parece que ya se perdió mucha de esa historia. Sólo se ha publicado una pequeña fracción de esos datos. La Universidad de Arizona señala que no tiene el resto.En los 25 años transcurridos desde entonces, nuestra especie ha alterado profundamente la Biósfera 1, y podrían llegar más cambios que no comprenderemos. Quizás, en los registros de un extravagante experimento en Arizona, haya pistas esperando que vayamos en su búsqueda.© 2019 The New York Times

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