Paola Krum y Jorge Suárez: el amor después del amor

Y un día Nora volvió. Aquella mujer que el dramaturgo noruego Henrik Ibsen imaginó, en 1789, dando un portazo en busca de su libertad, según la retrató en Casa de muñecas, está de regreso en la historia que el estadounidense Lucas Hnath retomó en 2017. Después de Casa de muñecas nos trae a Nora al antiguo hogar, 15 años más tarde de haberse alejado de su marido Torvald y de sus hijos. Esta Nora, en la versión local que dirige Javier Daulte en el Paseo La Plaza, está encarnada por Paola Krum en un elenco que completan Jorge Suárez (Torvald), Julia Calvo y Laura Grandinetti.-Esta obra llega en un momento especialmente sensible en cuanto a la posición de la mujer con sus derechos y obligaciones.
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Krum: -Es perfecta. Sobre todo porque plantea muchos temas al respecto pero no baja línea. Y eso permite que los espectadores, de alguna u otra forma, se sientan identificados.Suárez: -Hay una opinión nuestra, de la puesta, y también del autor.Pero eso no quiere decir que el espectador no encuentre otras opciones. Hay muchas puertas posibles y es un aporte al debate actual. La obra original de Ibsen planteaba algo inconcebible en su momento, incluso hoy sigue siendo así: que una mujer abandone a su marido con tres hijos…-Probablemente Nora no tuvo opción, en su época, en cuanto a cómo irse…Suárez: -Puede ser, pero lo podría haber comunicado porque Torvald no era un hombre violento.Es la estructura del patriarcado de la que Nora se aleja y deja atrás.Krum: -Ella tuvo una mirada honda de lo que estaba viviendo y lo que sucedía a su alrededor, de que estaba enclaustrada y decidió partir hacia otro lugar. Para mí, como actriz, encarnar a una mujer que abandona a sus hijos me trajo un montón de contradicciones. Porque es algo que no me lo puedo ni imaginar. Pero tengo que defender a mi personaje.-¿Eso fue lo que más te costó?Krum: -Sí, al principio me pasaba que entendía a todos los personajes menos al mío. Es polémico, profundo y complejo. No sabía ni por dónde empezar. Hay muchas cosas con las que estoy de acuerdo y eso me sirvió como pie. También me sirvió pensarla como una mujer que no tiene contradicciones, pero no por eso es gélida.Es hipersensible pero eligió un camino que siente que es importante como misión.Suárez: -Exacto. Y se hace cargo de eso.-Hacerse cargo, decidir y sostenerlo suele ser lo más difícil, en cualquier circunstancia.Krum: -Decidir solamente ya cuesta un montón. Decidir pequeñas cosas, lo que sea.Suárez: -También tiene que ver con la naturaleza de cada uno. Hay gente que tiene energía de enorme resolución para algunas cosas. Y para otras, no tanto.Krum: -Además Nora vuelve y se encuentra muy interpelada por toda su familia que tiene mucho para decirle.Suárez: -Y lo más atractivo es que nada de lo que uno imagina que puede suceder, sucede. Es una sorpresa permanente lo que plantea la obra.-¿Qué pasa con Torvald, cómo encaraste a ese hombre que parece tener el rótulo del “marido abandonado”?Suárez: -Que no lo es, Torvaldo nunca es eso. Desde el vamos es un dolor enorme. El siguió su vida adelante con esa herida profunda y los malos entendidos que quedaron y que hasta le fueron ganando en su cotidianeidad. Es un personaje que me gusta mucho porque es un hombre que no se autocompadece, excepto en algún momento que le estallan algunas cosas; para lo que está viviendo, es bastante medido. Y debe enfrentarse a esa mujer que vuelve 15 años después reclamando algo… Torvald no se volvió a casar.Dedicó su vida a su oficio; es gerente de banco, que, por entonces, significaba una posición social importante y, por eso mismo, expuesta.Krum: -El personaje de Torvald hace un arco desde el inicio hasta el final de la obra que es precioso.Suárez: -Hay algo de Torvald que tiene que ver con la misión que plantea Nora con respecto a la sociedad. Ella cree que en 20 o 30 años eso va a ser algo común, pero ya van 130 años y aún no lo vemos. Y Torvald, que es el típico personaje de una época patriarcal donde se suponía que nadie cambiaba, manifiesta cierta evolución.-¿Hoy diríamos que Torvald se empieza a deconstruir un poco?Suárez: -Claro. Y lo hace. Y es que hoy tenemos que deconstruirnos tanto varones como mujeres porque es algo que está desde la crianza, muy profundo.Krum: -A mí me pasa con ciertas cuestiones que me plantea mi hija de 11 años, por ejemplo, que tiene una claridad que tiene que ver con otra mirada generacional.Suárez: -Paralelamente a esto yo percibo -desde hace unos 20 años ya- que a partir de esta deconstrucción se empieza a respirar bastante soledad. Y tal vez sea un desierto por el que pasemos un tiempo antes de volver a intentar algo nuevo.-¿Creés que, inevitablemente, la soledad es un precio a pagar por cierta libertad…? ¿Será por eso que muchos la esquivan?Suárez: -En la obra, Nora habla de algo que ella necesitó para poder encontrarse.Krum: -Para poder encontrar la propia voz. Algo que es realmente muy difícil de hacer.- Tenemos mucha información externa que no ayuda, ¿no?Suárez: -No, no colabora para nada.Krum: -Es muy difícil de verdad darse cuenta qué es lo que uno de verdad piensa y quiere en cualquier aspecto de la vida, y distinguirlo de lo que se supone que uno tiene que querer. Con la maternidad es lo más fuerte, tal vez. Recién ahora se empieza a plantear la opción de que algunas mujeres no quieran ser madres.-¿Cómo les afectó la obra en cuanto a sus paradigmas y estructuras?Suárez: -Es un material que me conmovió y que me hizo bien. Y me dio cierto temor de que podía ser juzgado por algunos hombres que la vean, que no tengan cierta evolución. Hay una energía alrededor nuestro que está pensando y opinando. Pero me sentí halagado por hacer este clásico en un teatro comercial.Krum: -Nos sorprende que la obra produce mucha risa, tal vez de nervios, alegría, incomodidad. Todo es parte de una estructura muy arraigada que hay que desarmar de a poco. Nora, que es optimista, sabe que va a ser así. 

Paola Krum y Jorge Suarez, hacen “Después de Casa de muñecas” en el Paseo La Plaza.Foto German Garcia Adrasti

La importancia de “Casa de muñecas”: ¿La primera obra teatral feminista?El noruego Henrik Ibsen estrenó su obra Casa de muñecas el 21 de diciembre de 1879 en el Det Kongelige Teater de Copenhague. Y fue un cimbronazo para la época. La pieza desató una polémica, un verdadero escándalo. En la trama, Nora es una mujer joven e inteligente que tiene un matrimonio feliz de ocho años con Torvald. Además, tienen tres hijos y una buena posición social. Pero una situación ajena a la pareja, relacionada con el trabajo de Torvald, los llevará a enfrentar sus puntos de vista. Y una actitud de Nora, intentando proteger a su marido, lejos de despertar la empatía de él desata su enojo y humilla a su mujer. Más tarde, cuando todo se aclara, Torvald intenta reconciliarse con Nora para que todo siga igual. Pero algo en ella cambió por completo. Y en una actitud absolutamente contra las normas de la época decide abandonar a su familia e ir en busca de su propio destino.Casa de muñecas es la obra más famosa del dramaturgo noruego, traducida a decenas de otros idiomas y representada en todo el mundo. Aunque el autor negó en su momento que su obra fuera feminista, es considerada por muchos críticos como la primera verdadera obra teatral feminista.El rol de la mujer en el matrimonio y en la sociedad, las libertades individuales, el patriarcado y el machismo, son algunos de los temas que plantea esta obra. Aún hoy, sigue desperando polémica y abre la posibilidad del debate. El dramaturgo estadounidense Lucas Hnath retoma ese final para imaginar qué pasó con esa mujer adelantada a su tiempo.CL

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