El murciélago que ve

“Esto es en serio”, pensó Darío Lencina. En aquel otoño de 1999 era otro: un Darío Lencina de 19 años, sin canas, amargado por la oscura decisión de abandonar el fútbol profesional tras una lesión en la columna que se había sumado a otras. Casi a la fuerza y con escepticismo se acercó al entrenamiento del equipo municipal de Escobar de fútbol para ciegos. Fue como quien colabora en un comedor comunitario, con ganas de dar una mano. Pero se sorprendió. “Esto es fútbol en serio”, confirmó cuando lo dejaron atajar y tapó su primera pelota.

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Hoy tiene 38 y ya olvidó sus aspiraciones frustradas de mediocampista del ascenso. En el mundo del deporte paralímpico lo conocen como el arquero emblemático de Los Murciélagos, la Selección Argentina de fútbol para ciegos. Es el murciélago que ve: el responsable, además de evitar goles, de dar indicaciones fundamentales para que sus compañeros se ubiquen en la cancha. También es ícono en Estudiantes de La Plata-Fundación Nano, el club de San Miguel que marcó tendencia como escuelita gratuita de la disciplina en el país.

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“Yo había hecho inferiores en Defensores de Escobar y en Villa Dálmine, en Campana, donde llegué a jugar algunos partidos con la primera. Por las lesiones tuve que decidir colgar los botines. Fue duro para mí y para mi papá, que me acompañaba a todos lados”, cuenta Lencina en la cancha del CENARD, donde practica tres veces por semana. “Resulta que el equipo municipal de Escobar necesitaba un arquero para una fecha y me lo ofrecieron. Yo al principio me reí: no entendía cómo los ciegos podían jugar al fútbol. Pero después descubrí una oportunidad para retomar mi pasión”, recuerda.El 23 de marzo, Los Murciélagos salieron campeones del Grand Prix de Tokio, torneo que reúne a las ocho mejores selecciones del mundo. El equipo nacional terminó invicto y le ganó una heroica final a Inglaterra. Pocos saben que Lencina es el único vidente.

Junto al entrenador y un guía que se ubica detrás del arco rival, el arquero es responsable de dar indicaciones precisas a los jugadores en el fútbol para ciegos.

“Es muy lindo viajar y compartir la cancha con jugadores como Ignacio Oviedo, que fue alumno mío desde chiquito y hoy juega conmigo en Estudiantes. Es gratificante poder decir que le devolví una de las tantas cosas que el fútbol para ciegos me dio. Fue un torneo muy hermoso para compartirlo. Además lo ganamos y fue espectacular”, dice Lencina.Él se sumó a la selección en 2001, cuando ni habían adquirido el apodo que los volvió tan conocidos en nuestro país. Conquistaron tres copas del mundo (Brasil 2002), una medalla de plata (Atenas 2004) y dos de bronce (Pekín 2008 y Río de Janeiro 2016) en Juegos Paralímpicos. “Fue en Río, en 2002, cuando ganamos el Mundial y necesitábamos un nombre que nos caracterizara para poder entrar en esta jungla del deporte. Estábamos en el vestuario y a nuestro capitán, Silvio Velo, que estaba al lado mío, se le ocurrió ‘Los Murciélagos'”, recuerda quien tiene el récord internacional porque lleva 19 años consecutivos atajando en una selección de fútbol para ciegos.

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De a poco fue creciendo el reconocimiento: consiguieron un lugar fijo en el CENARD y apoyo para mostrarse como ejemplo de inclusión en el mundo.“Mi función en la cancha, además de atajar, es la de guiar con palabras cortas y precisas a los jugadores para indicarles dónde está la pelota e incentivarlos a que intercepten a los delanteros rivales”, detalla. Los jugadores depositan en él toda su confianza para que los guíe en el campo de juego.

Además de atajar en Los Murciélagos, Lencina es profesor en una escuela que funciona como “inferiores” de la Selección, enseña a un equipo de mujeres ciegas y es titular del equipo Estudiantes de La Plata-Fundación Nano.

En la cancha, aplican un lenguaje similar al del futsal, con códigos propios y términos geométricos para organizar las jugadas. Si Darío, el director técnico que está al costado de la cancha o el guía que se ubica tras el arco rival indican “embudo”, “cuadrado” o “triángulo”, por ejemplo, los compañeros saben hacia dónde moverse. “Tienen que hacerlo rápido para anticiparse, porque los contrincantes también escuchan las estrategias”, detalla Germán Márquez, que es preparador físico de Los Murciélagos y entrenador de Estudiantes de La Plata, donde juega Lencina. “Cuando saco desde el arco aviso ‘a pasillo’ o ‘en la banda’, por ejemplo, y si el jugador se señala el pecho es porque quiere que le tire la pelota ahí”, agrega el arquero. Es fundamental que haya una buena comunicación entre el arquero y los jugadores, que depositan toda su confianza en él para que los guíe en el campo de juego.

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Dario Lencina, líder de la Selección Argentina de fútbol para ciegos y el único vidente del equipo.

Pese a su cargada agenda (practica y juega con la Selección, enseña a los juveniles, ataja en Estudiantes) tiene múltiples desafíos. Desde hace poco prepara a un conjunto de fútbol ciego femenino en el Instituto Román Rosell, en San Isidro: Las Romanas. “Empecé con 6 ó 7 chicas y hoy son unas 15, más las arqueras. Es un deporte que no tiene techo, dice Lencina.La próxima meta con la celeste y blanca son los Juegos Para Paralímpicos de Lima, Perú, en agosto. Allí pelearán por un boleto para juegos Paralímpicos de Tokio 2020. “Tengo el agrado y la gracia de Dios de poder estar acá, y eso me da la confianza que le transmito a los chicos. No soy un arquero volador que ataja todas las pelotas, pero sí aquel que transmite la mayor confianza. Creo que eso me pone en un lugar especial y estoy convencido de que es gracias a esa confianza que sigo siendo un murciélago”, dice orgulloso. Los clubes-escuela donde ataja y ayuda a incluirAdemás de ser el arquero emblemático de Los Murciélagos, Darío Lencina ataja y es profesor en los dos principales semilleros de fútbol para ciegos del país: las escuelas de Los Murcielaguitos y la del club Estudiantes de La Plata-Fundación Nano. La segunda fue una de las primeras que surgieron. En 2011, el club platense se unió a la entidad benéfica de San Miguel que trabaja para rehabilitar a personas ciegas. El objetivo era crear un espacio donde pudieran aprender fútbol niños, jóvenes y adultos ciegos o disminuidos visuales. “A los más chicos, desde los 5 años, se los inicia en el deporte para que aprendan a moverse en la cancha. Por ejemplo se usa una bolsa de arpillera alrededor de la pelota para que tengan la pelota en la mano y aprendan a sentirla”, explica Darío. “A medida que van creciendo entran a las ligas juveniles sub 15, 17 o 21, y aprenden a posicionarse en la cancha, armar las jugadas y moverse con la pelota”, agrega.

El equipo de Estudiantes de La Plata fue campeón en 2011 y disputa la Liga Nacional de Fútbol para Ciegos.

En Estudiantes-Nano, con sede en San Miguel (para colaborar o averiguar por la escuela se puede llamar al 4451-2707), está a cargo de las clases Germán Márquez, que también es preparador físico de Los Murciélagos, y en el equipo profesional también juega Ignacio Oviedo, goleador de la Selección y una de las figuras en el Grand Prix obtenido en Tokio a fin de marzo. En Los Murcielaguitos apuntan más a la formación de jugadores juveniles con chances de integrar el seleccionado nacional, aunque el equipo argentino se nutra de jugadores ciegos de escuelas de todo el país. “Los entrenadores preparan a los alumnos para que tengan la posibilidad de llegar a jugar en la selección, aunque el objetivo de fondo es crear un espacio de inclusión deportiva y social, donde puedan estar libres de bastones”, sintetiza Darío.

En San Miguel, el club en el que ataja Darío Lencina brinda clases gratuitas de fútbol para ciegos a chicos.

Opinión: “Da mucha seguridad a sus compañeros”Germán Márquez​Preparador físico de Los Murciélagos. Técnico de Estudiantes de La Plata-Nano, equipo donde ataja Lencina.Cuando enseñamos fútbol a personas ciegas, buscamos acercarnos lo más posible al deporte convencional. Lo que se adapta es la forma de ver la pelota. Para eso, los jugadores ven con el tacto y el oído. Con el tacto encuentran a los rivales para esquivarlos y llevan la pelota; con el oído escuchan la pelota, generan amagues auditivos para confundir a los contrarios y oyen las indicaciones de tres personas clave: el técnico, el guía y el arquero.Darío es un muy buen arquero y y guía. Se encarga del tercio defensivo y les da mucha seguridad a sus compañeros en el juego. Anticipa muy bien las jugadas, y eso hace que casi no le pateen, o que si le patean, esté muy bien posicionado para tapar los disparos. Sin duda es un jugador importantísimo en el equipo. Además el entrenador de arqueros, Claudio Falco, prepara a todos los arqueros para el ataque: cómo sacar rápido y buscar una jugada para sacar ventaja y estar bien posicionados cuando nos están atacando. En futbol ciego, el arquero está en una situación incómoda: tiene que hablar y a la vez atajar.Es fundamental inculcar el deporte para ciegos en los chicos. Muchas veces los nenes con problemas visuales no van a la escuela y no tienen mucha idea de movilidad: tienen el vicio de hamacarse o rascarse el ojotodo el tiempo. Son descargas energéticas que necesitan. Buscamos que las familias los lleven a la plaza a correr y los estimulen en sus casas con cosas con sonido.Un chico con mucha proyección de Los Murciélagos es Nacho Oviedo, que arrancó con Darío en Los Murcielaguitos y se sumó a las clases de la Fundación Nano. La clave es trabajar con unión y como una familia, apuntando a que la ceguera no siempre es una limitación.

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