Alerta en los templos tras una ola de atentados

Este artículo fue escrito por Louis Keene, Jennifer Medina y Elizabeth Dias.POWAY, California — El rabino acababa de consolar a una feligresa que se preparaba para pronunciar la tradicional oración por los muertos en honor a su madre cuando un fuerte estallido resonó en su sinagoga.Transcurría casi la mitad del servicio del Sabbat el 27 de abril cuando un atacante convirtió lo que debería haber sido un momento de consuelo en un día de horror. El rabino, Yisroel Goldstein, se dio vuelta y vio el cuerpo de la mujer, Lori Gilbert Kaye, de 60 años, en el suelo. Comenzó a correr hacia ella cuando vio a varios niños pequeños observando cómo el hombre desplegaba el ataque contra Chabad de Poway.

El rabino Yisroel Goldstein (centro), quiere que el gobierno financie la seguridad, luego del ataque a su sinagoga. Foto: Sandy Huffaker/Agence France-Presse — Getty Images.

“Mi instinto era ir hacia ella, pero miré hacia una puerta y los niños estaban ahí, muy asustados”, dijo. Para entonces, al rabino Goldstein le habían disparado en ambas manos. “Los agarré con mis dedos sangrantes. Ellos lloraban y yo gritaba”.Mientras el rabino salía corriendo con los niños, el esposo de Kaye, médico, corrió para ayudar. Pero cuando reconoció que era su esposa la que estaba en el suelo, se desmayó. Su única hija estaba cerca llorando en estado de shock, contó el rabino Goldstein. “Fue horrible, un horror absoluto”, dijo. “Eran como imágenes del Holocausto”.Apenas unos meses antes, después de otro ataque de odio en una sinagoga de Pittsburgh, Pensilvania, el rabino Goldstein había completado su entrenamiento para enfrentar una situación como ésta. Pero parecía imposible imaginar que le pasaría a su propia congregación, dijo.Ahora Goldstein y otros líderes como él en sinagogas y otros templos se enfrentan a su nueva realidad. Al igual que los directores de escuela, los líderes religiosos deben tomar medidas para prepararse para tiroteos masivos.El tiroteo en Poway, unos 40 kilómetros al norte de San Diego, coincide con un aumento significativo en los crímenes de odio, incluyendo actos de antisemitismo. El tirador, que la policía identificó como John Earnest, de 19 años, escribió un manifiesto que se hacía eco del mismo tipo de ideas de supremacía blanca que tenían los atacantes de la sinagoga en Pittsburgh y de las mezquitas en Christchurch, Nueva Zelanda. Recientes bombardeos masivos en iglesias y hoteles en Sri Lanka dejaron cientos de muertos.Las instituciones judías han invertido significativamente en seguridad en los últimos años, utilizando guardias privados, cámaras, patrullajes voluntarios y otras medidas, dijo Jerry Silverman, presidente de las Federaciones Judías de Norteamérica.Las iglesias afroamericanas hace mucho tiempo que consideran la probabilidad de amenazas a la seguridad, pero los acontecimientos recientes están mostrando a muchas congregaciones blancas que su sentido de seguridad es falso, dijo la reverenda Ronell Howard, pastora de la Iglesia Metodista Unida de Cristo, en Piscataway, Nueva Jersey.“Cuando les digo a mis colegas caucásicos que las iglesias negras han tenido seguridad desde que tengo memoria, siempre se quedan atónitos”, dijo la reverenda Howard, de 50 años.El rabino Goldstein dijo que su congregación nunca había contratado guardias armados porque no podía costearlo, y que el gobierno debía intervenir para pagar esa seguridad.“Esto podría haberse evitado si tuviéramos eso”, dijo el rabino. “El gobierno de Estados Unidos debería reconocer la gravedad de los hechos y que ésta es una nueva realidad. Lamentablemente, ésta es la nueva norma. Si yo tuviera los fondos, nos habríamos salvado. ¿Cuántos cadáveres más tendremos que ver antes de actuar?”, se preguntó.En 2017, la Federación Judía del Área Metropolitana de Pittsburgh contrató a Brad Orsini, un agente retirado del FBI, como “director de seguridad comunitaria”. Él comenzó a capacitar al personal y a los miembros de las organizaciones judías de la región.“Es muy triste, ¿no? Tenemos que entrenar a los congregantes para que estén seguros y puedan rezar”, dijo Orsini.El protocolo que él enseña no ha cambiado: cómo ser consciente de las señales de odio, cómo evacuar, dónde esconderse si no es posible evacuar, cómo pelear y cómo atender a los heridos. Lo que ha cambiado, dijo, es el interés, que va más allá de la comunidad judía. Ha recibido peticiones de varias organizaciones religiosas que le piden hablar de planes de seguridad.En el Centro Islámico de Fredericksburg, Virginia, los padres se turnan para quedarse en sus autos vigilando después de dejar a sus hijos en la escuela dominical.Sara Shanab, de 23 años, cuya familia asiste a la mezquita, dijo que su comunidad ya ha sufrido acoso antes. Pero el temor aumentó después de los tiroteos de marzo en Nueva Zelanda, cuando un atacante mató a 50 personas en dos mezquitas.“La comunidad se une en tiempos de caos y tensión”, dijo. “Eso me da una sensación de seguridad”.Russell Moore, presidente de la Comisión de Ética y Libertad Religiosa de la Convención Bautista del Sur, dijo que los simulacros de ataques se habían vuelto más comunes para el personal y los equipos de seguridad de iglesias.“Todos los grupos religiosos se sienten vulnerables en este momento, ya que la violencia se siente impredecible y caótica”, dijo. “Podemos discrepar sobre todo tipo de cosas importantes, incluso fundamentales, pero sin duda todos debemos coincidir en que nadie debe ser asesinado a tiros mientras reza”.El gobierno de Sri Lanka ha dicho que los bombardeos a las iglesias pueden haber sido en represalia por los tiroteos a las mezquitas en Nueva Zelanda. Y el día después del ataque a Christchurch, se cancelaron los servicios de Sabbat en las sinagogas de Nueva Zelanda por recomendación de la policía.Barry Werber, quien sobrevivió al tiroteo de Pensilvania, dijo que difícilmente se desarrolle algún servicio religioso sin seguridad. Por muy triste que sea, reunirse ahora sin seguridad armada es simplemente miopía, dijo.“Yo tuve a mi familia en los campos de concentración; ellos vinieron para escapar de eso”, dijo Werber, de 77 años, cuyos padres emigraron a Estados Unidos desde Polonia. “Ahora está sucediendo de nuevo”.“A nivel nacional, nuestras agencias de seguridad tienen que dar un paso al frente y reconocer que nuestros templos están siendo atacados”, dijo Eric L. Adams, capitán retirado del Departamento de Policía de Nueva York.“Ahora que llegamos a este nuevo nivel en el que los templos son el claro objetivo, debemos salirnos de nuestros esquemas y reformular la manera en que pensamos proactivamente sobre la seguridad”, agregó.El rabino Goldstein pensó en los niños que presenciaron el ataque de Poway, incluyendo su nieta de 4 años. “Ella no se merece eso”, dijo. “Nuestro pueblo vivió un infierno y se recuperó. Necesito que nuestros hermanos judíos se mantengan fuertes y estén muy, muy orgullosos de nuestra herencia”.© 2019 The New York Times

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