Olivier Assayas: profecía sobre el cine de hoy

Nada puede ser más oprobioso para la inteligencia que el tedio. La antítesis de esa derrota es la curiosidad, virtud ubicua de Presencias. Escritos sobre el cine (Monte Hermoso) de Olivier Assayas, un cineasta algo inclasificable y –en el pasado– un crítico de cine tan lúcido como desobediente.Algunos capítulos son un relámpago: iluminan el pasado, desenmascaran el presente e inspiran para pensar el futuro del cine. Al autor lo obsesiona el presente, o las presencias (objetos, cuerpos, signos) que dan cuenta de un tiempo. Para constatar esa voluntad de cronista atento a las transiciones y mutaciones, las lecturas que Assayas dedica a El imperio contraataca, El rey de la comedia o Los cazadores del arca perdida constituyen ejemplos de su lectura (im)piadosamente justa para detectar un síntoma. A los 28 años, antes de pasar a filmar, Assayas es testigo de una transformación en ciernes en la que el cine puede ser completamente subyugado por el espectáculo y arriesga juicios sobre cineastas en plena evolución que luego conocieron la consagración y el éxito. Al respecto, lo que decía entonces sobre Eastwood, Spielberg, Lucas, De Palma adquiere una índole profética.Ninguna lectura plena sobre el presente de un arte puede prescindir de las tradiciones que lo atraviesan. Assayas escribió en Cahiers du cinéma en el momento en que Serge Daney y Serge Toubiana comandaban la revista tras sus años rojos. Todo lo que publica entre 1980 y 1985 tiene lo mejor de la tradición cahierista: agudeza descriptiva para la puesta en escena, interés por cartografiar otras geografías cinematográficas y un cierto deseo polémico que no teme incluso cuestionar los principios de la tribu a la que se perteneció.El texto dedicado al concepto de espacio como significante estructural del cine estadounidense es brillante y hace justicia a la tradición cahierista y también a la libertad del autor respecto de ésta. Assayas postula una relación inicial entre paisaje, historia y ficción que abarca desde El nacimiento de una nación, pasando por toda la evolución de los westerns, hasta llegar a las películas que transcurren en el espacio cósmico o en el interior del organismo.Ese capítulo, solamente, justifica el libro, como también las notas de su primer encuentro con el cine chino, hongkonés y taiwanés. En efecto, cada vez que su prosa está concentrada en los cineastas Hou Hsiao-hsien y Edward Yang -en cierta medida sus descubrimientos para Occidente-, no solo se verifica admiración y conocimiento respecto de la obra de ambos, sino también un espejo elegido en el que reflejarse. Ambos son cineastas de lo incierto y del devenir, y es ahí donde Assayas ha sentido su pertenencia espiritual y estética.

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