Todas y ninguna de las guerras de Donald Trump

En la era de la intransigencia que nubla hoy al mundo hay dos guerras en proceso. Una efectiva, comercial, de EE.UU. contra China y también contra Europa en su conjunto y Alemania en particular. Y otra de palabras y volteretas de trapecio sobre el vacío de EE.UU. contra Irán. Ambos conflictos coinciden en la necesidad urgente de una negociación que ordene el espacio. La comercial, porque es una herramienta con la que EE.UU. pretende revivir una hegemonía coercitiva que solo calzaría en los parámetros de la primera mitad del siglo pasado. El capitalismo se ha modernizado.

John Bolton. Lluvia en Washington.

Newsletters Clarín

Qué pasó hoy | Te contamos las noticias más importantes del día, y que pasará mañana cuando te levantes

De Lunes a viernes por la tarde.

Recibir newsletter

(function ( $ ) ;
suscribo = function (options, mail, grupo) ,
success: function (response) ;
nl_pass_data.hitType = “event”;
nl_pass_data.eventCategory = “news_caja_nota”;
nl_pass_data.eventAction = “load_modal_suscripcion”;
nl_pass_data.eventLabel = “confirmacion_quepasóhoy”;
sendGAPageview(nl_pass_data);
openModal(path);
}
});
}
consulto = function (options) ,
success: function (response) else
}
});

}
authenticate = function () else
}
getIdPase = function ()
return idPase;
}
execute = function (options)
openModal = function (path) ,
callbacks: ,
open: function ()
}
});
}

execute(options);
}
}( jQuery ));
$(‘.newsletter-embeb figure, .newsletter-embeb .mt h4, .newsletter-embeb .mt .data-txt, .newsletter-embeb .mt .bt’).on(‘click’, function () ;
nl_pass_data.hitType = “event”;
nl_pass_data.eventCategory = “news_caja_nota”;
nl_pass_data.eventAction = “clickarea”;
nl_pass_data.eventLabel = “caja_quepasóhoy”;
sendGAPageview(nl_pass_data);
});
$(document).on(“wa.login”, function(e, user)
});
A diferencia del conflicto este-oeste con la URSS, es necesario que las dos mayores economías se toleren para evitar el bloqueo del sistema de acumulación. En ese sentido, la guerra de Trump es una distopía. En otras palabras, atrasa. No concuerda con la estrategia histórica de la potencia dominante, salvo en el molde de las disputas por mercados que detonaron las dos grandes guerras de aquella centuria, hoy un destino imposible. Eso explica que gran parte del establishment norteamericano intente contener la mano del magnate presidente, y también lo pretenda un amplio sector de la superestructura del norte mundial.La otra guerra, porque un estado de conflicto agudo y acoso económico como el lanzado contra Irán, produce la radicalización del contrario; que es lo que se nota ya en la potencia persa. La noción de la utilidad del choque destructivo que postulan los asesores militares de la Casa Blanca, lleva el costo de amputar el poder de inspeccionar, y detener si fuera preciso, el desarrollo científico militar iraní. Es lo que nunca se ha podido ni se podrá lograr con los avances nucleares y misilísticos de Corea del Norte.

Los Bush. Ambos George y ambos ex presidentes. AFP

La simpatía de Donald Trump con el déspota de Pyongyang es excluyente y ha liberado de ataduras a ese peligroso crecimiento. El mismo gesto no aplica al autoritarismo persa, aunque en lo formal no deberían existir diferencias. Sucede que Norcorea, al revés de Irán, no es parte de un juego de poderes que defina el destino de una región. Y el de sus participantes. Trump puede sonreírle a los autócratas norcoreanos dotados de un arsenal cada vez más sofisticado y repudiar al mismo tiempo a los autócratas persas que están muy lejos de esa potencialidad.Los gobiernos norteamericanos anteriores, el de Bill Clinton, el más republicano de los demócratas, pero particularmente el muy liberal de Barack Obama, buscaron apagar el incendio de Oriente Medio y que las potencias de la región se autobalanceen. La ecuación debía forzar a Israel a acercarse a su vecindario, que es lo que corresponde, apurando la creación de un Estado palestino cuya ausencia es la espoleta del conflicto. El mundo árabe sería la muralla contra el expansivo Irán.El objetivo era desprenderse de este problema para atender el desafío del futuro que se encuentra en Asia y con China en particular como va demostrando la historia. El cimiento de la arquitectura del rebalancing o pivot asiático fue la elaboración de un acuerdo de libre comercio que uniera a los países del Pacífico excluyendo del armado a la República Popular de modo de generar un contrapeso a su crecimiento económico. Contrapeso sin guerras proteccionistas. Pero Trump destruyó ese pacto en cuanto llegó al gobierno así como, coherente con la etapa, potenció la intransigencia de los protagonistas del duelo de Oriente Medio.

Barack Obama EFE

Un error común es suponer que esta presencia y esos modos en la Casa Blanca son resultado de la necesidad del capitalismo norteamericano de recomponer su lugar de potencia tras la crisis económica y financiera de 2008 y las guerras fracasadas en Afganistán o Irak. Trump es ciertamente una consecuencia de la historia, pero ha emergido últimamente más bien como un restaurador del fallido modelo neoconservador de otra presidencia, la de George W. Bush, que se edificó en la noción de un Estados Unidos temido y no necesitado de alianzas. Con el magnate norteamericano se recupera la idea tradicional del “excepcionalismo” norteamericano y del “american century” que nutrió aquella experiencia en la suposición de que el mundo es una comarca modelable con la fuerza de los cañones entonces o con los aranceles ahora.Fue Bush y su equipo, en el cual destacaba el halcón John Bolton, quien colocó a Irán en la línea de fuego de una futura guerra, aspiración que, en su momento, licuaron Henry Kissinger – al revelar sus contactos “públicos y privados” con la potencia persa- y el más realista ex presidente George H.W. Bush padre. Bolton es hoy el asesor de seguridad nacional de Trump. Desde ese cargo está reconstruyendo aquel arenero de guerra junto al rígido canciller Mike Pompeo, por encima, incluso, de las dudas y temores del propio mandatario que prometió en campaña esfumar a su país de estas desventuras militares.

Henry Kissinger habla. Donald Trump, escucha. Octubre de 2017, Salón Oval. Bloomberg

EE.UU. ha desplazado a la región una potente fuerza naval con un portaaviones, buques misilísticos y de desembarco anfibio y bombarderos. The New York Times reveló una reunión reciente en la cual se discutió el eventual envío de 120 mil hombres para reforzar ese contingente, pocos para una guerra con Irán, pero suficientes para iniciarla. El caso bélico se está construyendo con las denuncias de sabotaje de buques petroleros de los Emiratos y de Arabia Saudita. Es una confusa novedad que para muchos remeda las denuncias confirmadas luego como falsas de las armas químicas que  justificaron la invasión a Irak en 2003. O más atrás, con el incidente del Golfo de Tonkin, sobre un ataque provocado y otro totalmente inventado, que usó el entonces presidente Lyndon Johnson para elevar desde una decenas de miles a medio millón de hombres el ejército norteamericano en Vietnam.Este ruido de cañones puede saltar del miedo a la realidad en cualquier momento por el delgado filo en que estas cosas suceden, como ha advertido Gran Bretaña. EE.UU. tiene 2.000 soldados en Siria y otros 5.000 en Irak. En los dos países hay milicias proiraníes desplegadas frente a esos contingentes. Es una flama junto a un barril de pólvora. Un choque también está en el ánimo de los halcones iraníes para lograr con esa acción arrebatar el control del país al dialoguista Hassan Rohani.La estrategia de largo plazo de EE.UU. consiste en contener a Irán y frenar el crecimiento de China, pero es claro que algo se está yendo de control. Mientras el tablero iraní se enciende, también se agudiza el conflicto comercial con la República Popular que tiene al gigante tecnológico Huawei como el blanco principal de Washington. Son escenarios diferentes pero que intersectan entre sí. No solo por la alianza que une a Beijing y Teherán. La Ceo financiera de ese emblema del crecimiento y la modernización china, Meng Wanzhou, está detenida en Canadá y camino a la extradición a EE.UU., con el cargo de haber violado las sanciones norteamericanas sobre Irán. Ambos casos comparten otra similitud por el formato de callejón en que transcurren.

El presidente moderado de Irán Hassan Rohani. Efe

Es claro que un conflicto desatado con la potencia persa acentuaría la alianza de China con Rusia y el choque de ese bloque con Occidente. Es todo un resultado de suma cero con agravantes. Beijing es el mayor acreedor de Washington. Como todo vale en la guerra, el editor del diario estatal chino Global Times, Hu Xijin, anticipó el pasado lunes que su gobierno estudia “la posibilidad de deshacerse de los bonos del Tesoro” norteamericano que la República Popular acumula en sus reservas. Son 1,13 billones de dólares en esos papeles.Es una fracción de los 22 billones de dólares de la deuda nacional de EE.UU. pero suficiente para generar un caos financiero global si se cumple el pronóstico de Xijin. Difícil. China esta muy fondeada en dólares y el estallido la alcanzaría. Pero solo mencionar esa alternativa revela la profundidad del conflicto o, más claramente, la extensión no deseada que ha alcanzado. Como el de Irán.​Copyright Clarín, 2019.

Fuente