Al Kremlin le inquieta la popularidad de raperos

Por IVAN NECHEPURENKOTVER, Rusia — En una reciente noche de viernes, el rapero Big Baby Tape subió al escenario de un colmado club cerca de Moscú para iniciar una gira de 32 fechas. Hace apenas un año, Big Baby Tape sólo era conocido por los aficionados al rap. Pero en noviembre lanzó “Dragonborn”, su primer álbum de estudio, que tuvo una cobertura limitada en la radio rusa, y no se transmitieron videos musicales en la televisión. Aun así, se convirtió en platino en tres días. Sus canciones sonaron más de 300 millones de veces en VK, la principal red social y plataforma de streaming de Rusia, y estuvieron en la lista de éxitos de Apple Music durante meses. En un instante, el subestimado rapero, también conocido como Yegor Rakitin, se volvió una celebridad. “Hoy se puede ganar mucho dinero con el streaming”, dijo Rakitin, que nació cinco días después de que Vladimir V. Putin se convirtiera en presidente de Rusia en 1999. Hace unos años, su ascenso no habría sido posible en Rusia, donde la industria de la música pop es muy vigilada por funcionarios culturales leales al Kremlin. Los productores musicales actuaban como guardianes de las apariciones en televisión y estaciones de radio, y controlaban el contenido. Pero la Internet en Rusia se ha vuelto la fuerza dominante en la industria musical. En abril, el número de suscripciones pagas de Yandex Music, una de las principales plataformas de streaming de Rusia, alcanzó los 1,7 millones, casi duplicándose en sólo un año. Junto con los usuarios que no pagan, unos 20 millones de personas utilizan el servicio cada mes. Con la ayuda de estos medios, ha florecido una vibrante cultura del rap que es independiente del gobierno.

Difundida a través de los medios sociales y las plataformas de streaming, la cultura del rap ha surgido en Rusia. (Sergey Ponomarev para The New York Times)

El rap ha empezado a capturar las mentes de los jóvenes rusos en un momento en que los menores de 24 años están pasando de ser el grupo que más apoya al gobierno de Putin a uno que es cada vez más crítico, según múltiples encuestas. En 2018 se cancelaron docenas de conciertos, y en noviembre, el rapero Husky, cuyo nombre es Dmitri Kuznetsov, fue detenido por la Policía en Krasnodar cuando intentó improvisar una actuación tras la cancelación de su concierto. En diciembre, Putin convocó una reunión del consejo que lo asesora en cultura, y ordenó a su administración que desarrollara un programa que aumentara el papel del Estado en la música pop mediante la apertura de estudios de música en todo el país. “La juventud rusa es más cosmopolita, está más en sintonía con las tendencias occidentales y mundiales, acepta más a otras etnias y tradiciones y es más consciente de los problemas sociales y políticos que existen al otro lado del charco”, dijo el rapero Oxxxymiron, también conocido como Miron Fyodorov. Aunque la mayoría de los raperos evita las declaraciones políticas directas en sus letras, abordan otros temas y miran hacia afuera, inspirándose en culturas extranjeras. Rakitin, por ejemplo, incorpora jerga estadounidense tomada de videojuegos repletos de groserías. Ivan Dryomin, más conocido por su nombre artístico de Face, ganó fama con sus canciones alborotadoras. En septiembre, lanzó “Ways are Mysterious”, un disco lleno de críticas intransigentes a la Rusia de hoy, en el que rapeó: “La libertad de expresión ha sido sentenciada de por vida aquí, esto es Rusia”. Igor I. Matvienko, influyente productor musical ruso y aliado cercano de Putin, quien ha propugnado por la prohibición del rap, dijo en una entrevista que “la industria ha cambiado por completo”, y que el cambio era irreversible. Pero dijo que hay ventajas. “Por primera vez en mi vida, me di cuenta —y esto fue una verdadera revelación para mí— de que la juventud rusa comenzaba a escuchar música rusa”, indicó Matvienko. “Si vas a los Estanques del Patriarca, escucharás canciones rusas que retumban de los autos que pasan”, dijo, refiriéndose a una de las zonas más acaudaladas del Centro de Moscú. “Tal vez no serán muy buenas ideológicamente”, añadió, “pero estarán en ruso”. © 2019 The New York Times

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