Los campamentos de verano ya no son lo que eran

Por CAROLINE ARBOURPara los acampantes de verano, los días de ocio dedicados al excursionismo, hacer pulseras de amistad y asar malvaviscos ya quedaron atrás.En vez de ello, mientras un creciente número de campamentos no tradicionales enfatizan el aprendizaje, los asistentes toman cursos sobre “ofrecer valor a los clientes”, participan en talleres introductorios sobre qué es ser transexual y se meten de lleno en los idiomas.

Algunos campamentos ofrecen programas de género fluido.
También hay sesiones de canto, donde entonan canciones dirigidas por compañeros (Morgan Santiesteban, via Associated Press).

Biznovator, una empresa con sede en Florida, estableció campamentos y programas dirigidos a crear la próxima generación de emprendedores.Su programa Kamp for Kids enseña a los acampantes a monetizar sus pasatiempos, entrevistar a ejecutivos locales y grabar comerciales en YouTube. En el Connect Camp, las lecciones de negocios están intercaladas con actividades clásicas como pistas de obstáculos y ejercicios para desarrollar confianza.Biznovator está inculcando un amor por el capitalismo en los asistentes (algunos podrían llamarlo adoctrinamiento) en un entorno donde, según sondeos, los jóvenes estadounidenses lo ven de una forma cada vez más desfavorable, reportó Brendan O’Connor en The New York Times.Estos “campamentos capitalistas” también envían un mensaje contradictorio, señala O’Connor. “Promueven un espíritu emprendedor y liderazgo, pero también están entrenando a los niños para ser buenos empleados; para innovar y alterar, pero también para ser perfectos esclavos de oficina”, escribió.Programas similares pueden cumplir otro propósito importante: hacer que la educación financiera sea divertida.“La idea es que si puedes impartirla a los niños y a los padres de familia, ahora podrías tener una generación que no estará agobiada por deudas”, comentó Alicia Brockwell, quien opera Camp Millionaire, a The Times. Su programa ayuda a familias en su barrio de Los Ángeles a hacer frente a problemas económicos.En un campamento en la reserva indígena de Hoopa Valley, en el norte de California, la misión es diferente: resucitar un idioma casi extinto. En la sesión de cinco días, los acampantes entonan canciones y juegan juegos, y hay una regla: nada de inglés.En vez de ello, el campamento se lleva a cabo en hupa, la lengua materna de los casi 4 mil miembros de la tribu de Hoopa Valley. Sólo 20 miembros lo hablan con fluidez suficiente como para enseñarlo, calculan integrantes de la tribu. Los niños más pequeños aprenden idiomas más fácilmente que los mayores, y la tribu espera que los acampantes de 7 y 8 años puedan ayudar a traer de regreso el idioma.Una asistente, Grace Kane, de 7 años, le enseña palabras y canciones en hupa a su hermana mayor.Medir aptitudes tales como educación financiera y aprendizaje de idiomas es más fácil que evaluar cómo inculcar habilidades más abstractas, tales como la autoaceptación y la confianza en uno mismo.Es por eso que algunos campamentos están adaptando sus estructuras para ser más accesibles con jóvenes de género fluido y LGBTQ, usando cabañas de género inclusivo y etiquetas de nombres que incluyen el pronombre que prefieren.“Para algunos jóvenes transgénero, estar en un campamento repleto de otros como ellos, que los entienden, puede ser una experiencia poderosa y reafirmante para su vida”, dijo Ann Gillard, voluntaria y ex directora de campamento para las Guías Scouts.© 2019 The New York Times

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